TARTA CREMOSA DE ESPÁRRAGOS Y CHAMPIÑONES

A estas alturas creo que mi afición por los espárragos verdes, los champiñones y el queso está muy clara. No puedo evitar combinar continuamente estos tres ingredientes porque me da mucho juego, me encanta su sabor y además te arreglan cualquier comida en un momento, además de ser alimentos económicos y muy saludables.

Los espárragos verdes: es una variedad que debe su color al hecho de crecer al aire libre y al abrigo de la luz solar; a diferencia de la blanca, que se recolecta cuando aún es un brote y, por lo tanto, no ha salido a la superficie.

Su cultivo se remonta al Antiguo Egipto, donde se plantaba en las tierras frescas y húmedas que componían las riberas de los ríos Tigris y Eúfrates, siendo su consumo muy habitual. También formaba parte de la alimentación de los griegos y los romanos, quienes además lo dieron a conocer al resto de los países europeos. Durante la Edad Media este vegetal cayó en el olvido, pero el Renacimiento lo rescató del ostracismo, perviviendo en nuestras despensas hasta hoy.

Son una buena fuente de vitamina C, que tiene acción antioxidante y ayuda al fortalecimiento del sistema inmune; vitamina E, esencial para la prevención de coágulos en la sangre; y provitamina A –betacaroteno– y luteína, los cuales garantizan una correcta visión y ayudan a luchar contra los radicales libres que llevan al envejecimiento prematuro. También son una gran fuente de fibra, y nos aportan potasio, fósforo y calcio.

Los champiñones: Durante siglos, nuestros antepasados se las arreglaron con los hongos que encontraban en los campos y bosques. Los romanos tenían setas en el menú, los mayas y aztecas las usaban con fines medicinales y mágicos, los egipcios las consideraban el alimento de los dioses. Es probable que el consumo humano de setas se diese ya entre los primeros cazadores-recolectores, pero no hay datos fiables que lo corroboren.

En la Edad Media, las supersticiones convirtieron a las setas en “criaturas del diablo”, que hicieron que mucha gente tuviese miedo a consumir setas. 

En Oriente, el consumo de setas es antiguo y arraigado, y mientras Asia se instituía como la promotora en el cultivo de hongos, las setas siguieron causando temor y desconfianza en Europa, lo cual terminó por demonizar su consumo.

Esto cambió a mediados del siglo XVII cuando un productor de melones, cerca de París, tropezó accidentalmente con un descubrimiento muy importante; vertió agua utilizada para lavar las setas silvestres, sobre algunas sobras de compost gastado del cultivo de melones. Un poco más tarde, muchas setas brotan en este lugar. Fue un descubrimiento que revolucionará en mucho a nuestra sociedad. Esta nueva seta ganó rápidamente el nombre de “El champiñón de París” , convirtiendo a esta ciudad en el centro de la seta del mundo.

Fortalecen el sistema inmunitario gracias a su contenido en selenio. Es una fuente única de antioxidantes.  El selenio y la vitamina D contribuyen a la reparación del ADN evitando que sufra mutaciones y también, inhiben el crecimiento de células malignas que puedan ocasionar tumores. Contienen altas dosis de fibra, potasio y sodio, estos minerales ayudan a que los niveles de presión arterial no sean elevados, previniendo enfermedades cardiovasculares.

Leyendo todas las magníficas propiedades de estos dos humildes y económicos alimentos, y lo rápido y sencillo que es preparar esta receta, estoy segura de que se convertirá en un comodín en vuestras cocinas.

INGREDIENTES

-1 lámina de hojaldre cuadrada

-Queso cremoso (yo le he puesto camembert pero el brie le va fenomenal)

-1 huevo

-Un puñado de espárragos verdes limpios

-Un puñado de champiñones laminados

-Un puñado de mezcla de especias secas (ajo en polvo, orégano, romero y tomillo)

-Sal y pimienta

-Aceite de oliva

PREPARACIÓN

-Precalentamos el horno a 190º

-Extendemos la lámina de hojaldre en una bandeja previamente engrasada con aceite.

-Plegamos los bordes para formar una corteza.

-Cubrimos con una capa fina de queso cremoso, batimos el huevo y lo vertemos por encima.

-Disponemos los espárragos (con los extremos cortados) y los champiñones por encima, y regamos con un chorrito de aceite.

-Salpimentamos al gusto, y repartimos por encima las especias y los piñones.

-Horneamos unos 20 minutos, hasta que suba y veamos que coge un todo dorado.

-Servir caliente.

“Con el espíritu sucede lo mismo que con el estómago: sólo puede confiársele aquello que pueda digerir”

 WINSTON CHURCHILL