TORTOS ASTURIANOS CON PICADILLO Y HUEVOS

Hoy ha sido un día de trabajo en la huerta y el patio, así que el cuerpo nos pedía una comida rica y contundente, para recuperar fuerzas.

Y para contundente esta receta típica asturiana, que tenía muchísimas ganas de preparar pero para la que no encontraba el momento, ya que es una comida que luego necesitas desgastar. Así que una buena sesión de gimnasia rural, y arreglado.

Un poco de historia sobre su origen:

El maíz trajo una revolución social a Asturias. La fecha exacta en la que el cereal se introdujo en la región no se sabe. Hasta hace poco se creía que lo había traído Gonzalo Cancio y Méndez Casariego en 1604. Sin embargo, un testamento con fecha de 1598 documenta que un campesino le dejaba a sus herederos una fanega de maíz y otra de panizo, probando que el maíz llevaba en Asturias más tiempo de lo que se creía.

En la Asturias del siglo XVII el maíz se convirtió en el epicentro de una revolución social y económica. Crecía exponencialmente, especialmente en comparación con los cereales locales habituales, el trigo, el centeno o la escanda, y pronto se convirtió en el principal sustento del pueblo. El maíz, con su buen rendimiento, sirvió para alimentar a muchas personas en siglos de escasez. Por si fuera poco, sirvió también para alimentar al ganado y las partes no comestibles de la planta se utilizaron para cubrir los suelos de los establos y para encender la cocina de leña.

Su cultivo fue determinante para la evolución de los hórreos en paneras, con más espacio para almacenar el grano y con amplios corredores para secar las mazorcas, que en Asturias se llaman panoyas.

Con la harina de maíz metida de lleno en los hogares, fueron dos las creaciones culinarias más típicas: Las papas, una especie de natilla elaborada con harina de maíz tostada y leche o caldo, y los tortos.

Actualmente la producción de maíz en Asturias está en claro descenso, pero aún está muy presente en la gastronomía tradicional asturiana y los tortos con picadillo y huevo son uno de los muchos platos asturianos que tienen como base el maíz. También es una de las comidas más humildes que te puedas encontrar, sus principales ingredientes son harina de maíz, carne de cerdo picada y huevos, y sigue siendo muy popular en las zonas rurales, aunque hoy en día, gracias a la recuperación de las tradiciones gastronómicas y a la vuelta a los orígenes de la cocina de las guisanderas, el maíz asturiano está de plena actualidad. Cualquier restaurante o sidrería que proponga una gastronomía tradicional asturiana incorpora este plato, con variadas combinaciones para darles un toque más moderno, o al modo tradicional, que sigue siendo la combinación estrella.

La primera vez que los probé fue hace 5 años, en un restaurante típico de Gijón, donde un buen amigo nos hizo de guía por la ciudad a mi marido y a mí, que estábamos de viaje de recién casados, y nos llevó a un restaurante típico de allí (también hubo cachopo). Decir que salimos rodando creo que es totalmente innecesario.

Yo voy a preparar la receta tradicional tal como me la ha explicado una buena amiga asturiana, aunque ella no me dio cantidades (en los pueblos se preparaba a ojo, me cuenta), pero yo os incluyo cantidades para que sea más sencillo a la hora de elaborarlos, y la harina de maíz que uso es de Asturias.

INGREDIENTES (para 4 personas)

-200 g  harina de maíz

-50 g harina de trigo

-240 ml de agua tibia

-Una pizca de sal (unos 3 g. aprox.)

– 250 g de picadillo de cerdo

-4 huevos camperos (uno por persona)

-Aceite de oliva

PREPARACIÓN

-En un bol incorporamos los ingredientes para la elaboración de la masa de los tortos. Añadimos las harinas, la sal y el agua, poco a poco, a medida que la vamos integrando con un tenedor.

-Trabajamos la masa, inicialmente con un utensilio y después con las manos hasta conseguir una consistencia lisa y seca que se nos quedará ligeramente adherida a las manos.

-Formamos pequeñas bolas, del tamaño de una nuez, que colocaremos entre dos plásticos de cocina. Achatamos y estiramos con un rodillo. Se trata de una masa difícil de manipular por lo que al colocarla entre plásticos será mucho más sencillo el estirado y posterior manejo.

-Freímos los tortos en abundante aceite para freír.

-Calentamos una buena cantidad de aceite, de forma que los tortos puedan quedar flotando en él. Cuando el aceite esté bien caliente incorporamos 1 o 2 tortos. Freímos sólo por uno de los lados durante 2 o 3 minutos.

-Los cocinaremos por ambos lados hasta que estén dorados y los reservamos en una fuente con papel de cocina para eliminar el exceso de grasa. Dejamos reposar unos segundos para poder manipularlos. Reservamos.

-Freímos los huevos. Un punto importante de la receta está en los huevos. Añadimos en una sartén una cucharada de aceite de oliva y freímos los huevos sin que terminen de cuajarse. No deben quedar muy hechos (la yema debe quedar líquida) para que se puedan mojar los tortos.

-Sofreímos el picadillo en la misma sartén de los huevos.

-Montamos el plato uniendo todos los ingredientes, los tortos recién hechos, los huevos fritos  y el picadillo.

NOTA: se puede añadir a esta receta tradicional Queso de Cabrales desmenuzado por encima.

“Una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrarnos en la comida” 

LUCIANO PAVAROTTI

PATATAS A LA IMPORTANCIA Y COSTILLA ASADA

El otro día tenía una pieza de costilla para asar, petición de mi hija,  que le encanta. Normalmente la acompaño con guarnición de patatas y verduras asadas. Pero buscando una receta que no tiene nada que ver con esta comida, me apareció una foto de las patatas a la importancia.

Nunca las había preparado, pero desde la foto me estaban diciendo: “no sé a que esperas para sacar una cazuela”

Así que, ni corta ni perezosa, me puse a buscar recetas varias buscando la que más me convenciera, y al final, mirando entre mis libros de cocina, recordé de que tenía un libro de comida española tradicional donde venía una receta que me pareció la adecuada.

Como siempre me gusta indagar sobre el origen de los platos que preparo, me dispuse a hacerlo con este manjar. Creo que nunca había encontrado tan dispares teorías, aunque todos tenían un nexo en común, que fue un plato de origen humilde y que es tradicional en León y Palencia.

En su origen no llevaba azafrán, una especia cara y difícil de conseguir, e inexistente en las casas más humildes, y llevaba pimentón. Ahora se le añade el azafrán porque le da un toque exquisito a este plato, y es lo que uso en la receta. Si preferís hacer las originales sustituir el azafrán por pimentón y arreglado.

El nombre del plato, se cuenta, fue creado por nuestra ilustre escritora Emilia Pardo Bazán, autora de  libros como “La cocina española antigua” de 1913 y “La cocina española moderna” de 1914, donde ilustró a los lectores con recetas que conocía. El nombre sugiere un plato gourmet, ‘con eso de la importancia’, en realidad es una receta muy sencilla, de origen humilde y que resulta muy barata. Así que lo de “la importancia” debió surgir en forma sarcástica.

El asado de costilla no tiene la más mínima dificultad, seguro que todos en casa la preparáis en muchas ocasiones. Yo aquí os indico como la preparo yo, pero la protagonista de la receta es la PATATA A LA IMPORTANCIA.

Os puedo asegurar que no quedó nada en el plato, yo ni probé la costilla porque no podía dejar de comer este delicioso manjar. Que algo con ingredientes tan simples pueda estar tan delicioso nos da testimonio de la inventiva de nuestros antepasados para dotar de sabor a los platos en tiempos de escasez y pobreza, agudizando el ingenio a los fogones, y hace que admire más este tipo de platos sencillos y tradicionales.

Vamos a por la receta.

INGREDIENTES

Asado de costilla

-1 costilla de cerdo grande

– 2 ajos

-Perejil

-Romero y tomillo fresco

-Vino blanco

-Aceite de oliva

-Sal y pimienta

Patatas a la importancia

-1 patata  por persona

-1 cebolla

-2 dientes de ajo

-Perejil fresco

-2 huevos

-Harina

-Sal

-Pimienta

 -Vino blanco (un chorrito)

-Hebras de azafrán

-Caldo de pollo casero

PREPARACIÓN

-La costilla la adobo el día anterior, pero si no os es posible, hacerlo mínimo unas horas antes para que coja el sabor.

-En el mortero machacamos los ajos y perejil. En un bol añadimos aceite de oliva, la majada, un vasito de vino blanco, y las hojas del romero y el tomillo.

-Salpimentamos en una fuente honda que pueda ir al horno la pieza de costilla, y la cubrimos con la mezcla. Lo que yo hago es varias veces durante el día es sacarla de la nevera, e ir volteando la carne para que vaya cogiendo el adobo por todas partes. Y al día siguiente la saco por la mañana un par de horas antes de meterla en el horno.

-Se precalienta el horno a 190º y se asa lentamente dando vueltas cada cierto tiempo para que se haga por igual. El tiempo es aleatorio, todo depende del grado de asado que os guste, o la carne más tierna o más pasada, eso ya a vuestra elección.

Mientras preparamos las patatas:

-Comenzamos lavando las patatas y cortándolas en rodajas de un grosor de 1 cm más o menos.

-Salpimentamos las patatas y las pasamos por harina y por los huevos batidos.Tenemos que quitar bien el exceso de harina para que no se queden pegotes.

-Ahora tenemos que freír las patatas a fuego medio en abundante aceite de oliva un minuto por cada lado.

-Las pasamos a un papel absorbente para quitar el exceso de aceite.

-Pochamos a fuego suave la cebolla con un majado de los ajos y un poco de perejil. Lo dejamos muy lento durante unos 15 minutos hasta que quede blandita.

-Incorporamos una cucharadita de harina y rehogamos para quitarle el sabor a crudo. Agregamos el vino blanco y las patatas. Dejamos que se evapore el alcohol.

-Cubrimos con el caldo de pollo casero y ponemos unas hebras de azafrán. Dejamos cocinar a fuego lento durante 20 minutos. Yo lo tuve 30 minutos porque necesitó más tiempo. Comprobareis que las patatas están listas cuando las pinchemos y estén blanditas las rodajas de patatas.

-Servimos con perejil picado por encima.

“Lo más encogido y apretado que se puede imaginar en el mundo, no acierta a dar idea del grado de reducción que consigue el estómago de un labrador gallego.”

EMILIA PARDO BAZÁN

MADELEINES DE LIMÓN…Y ROSALÍA DE CASTRO

Esta entrada del blog tiene olor a recién horneado y a literatura.

La reunión quincenal del club de lectura al que tengo el gusto de pertenecer, esta semana estaba dedicada a Rosalía de Castro, una de nuestras insignes escritoras, y la ocasión merecía acompañar  ese momento con algo delicioso, y para deliciosas, las “Madeleines de limón”, una de mis favoritas (y que encantaron a todos los presentes).

De Rosalía de Castro poco se puede decir que no se haya dicho ya. Solamente, en la parte que a mí me toca, dejar constancia de la admiración por este gran personaje de nuestra literatura, no solo por su arte con la pluma, totalmente indiscutible, sino por una biografía de una mujer maravillosa, intensa, luchadora, valiente, ejemplo para las mujeres de su época y que debería ser ejemplo para las mujeres actuales.

De las Madeleines solo se puede decir que son pequeños bocados de felicidad, con ese contraste dulce y ácido, como la vida misma, y como la obra de Rosalía.

Es uno de los postres más famosos de Francia, pero las teorías de su creación son variadas y de la más diversa índole.

Yo me quedo con esta, porque me parece muy acorde con la situación:

“Una chica llamada Madeleine ofreció a los peregrinos una magdalena que ella cocinaba en una concha de vieira”, y en homenaje a nuestra escritora gallega por antonomasia,y a uno de los relatos leídos, El Peregrino, ya que sitúan el origen de su forma a una concha de vieira, símbolo del camino de Santiago, y no podía elegir mejor historia.

Hay otras, pero las dejo para futuras ocasiones, porque recetas de Madeleines hay muchas, y veréis alguna más por aquí.

Esta es la receta clásica, y aquí os la dejo.

INGREDIENTES

-3 huevos

-120 g harina

-1 cucharadita de levadura química

-120 g azúcar

-120 g mantequilla

-5 cucharadas de zumo de limón

-Molde para madeleines en forma de concha

PREPARACIÓN

-Calentamos el horno a 240ºC.

-Derretimos la mantequilla en el microondas.

-Mezclamos en un bol la harina, la levadura, el azúcar y añadimos las yemas.

-Batimos las claras a punto de nieve y las añadimos a la preparación anterior.

-Añadimos la mantequilla derretida y mezclamos todo.

-Añadimos el zumo de limón.

-Mezclamos bien.

-Llenamos los moldes de Madeleine con esta masa.

-Horneamos 4 minutos a 240ºC y después bajamos la temperatura a los 180ºC y dejamos cocer 4 minutos más.

-Desmoldamos y decoramos con azúcar glas. 

Hoy me permito la licencia de acabar la publicación con un extracto del libro “DU COTÉ DE CHEZ SWANN” de MARCEL PROUST que define perfectamente como nos sentimos cuando probamos esta delicia por primera vez:

“Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro triste día tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en la que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme esa alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos.”

ARROZ CON LECHE ASTURIANO

El postre de hoy es uno de los postres tradicionales por antonomasia. Sigue siendo uno de los imprescindibles en la mayoría de nuestros hogares, y por mucho que pase el tiempo y la repostería haya avanzado y nos ofrezca tanta variedad, algunos se resisten al paso del tiempo y al olvido.

Aunque es, sobre todo, un postre típico asturiano, se prepara a lo largo y ancho de toda nuestra geografía.

En mi casa, desde que tengo recuerdos, el flan, el arroz con leche y la tarta de galletas presidían  la mesa y recuerdo que mis primos y yo éramos capaces de dejar limpias las bandejas  aunque la comida hubiera sido copiosa, y cada vez que lo preparo y el aroma comienza a llenar la cocina regreso a mi infancia, a las reuniones en casa de mis abuelos, y eso me hace feliz. Y a todos nos gustan esos momentos, ¿o no?

¿Desde cuándo se hace arroz con leche? Pues es difícil establecer un origen temporal concreto, pero habría que tener en cuenta que en España no hubo arroz antes de que los musulmanes lo trajeran a al-Ándalus y desarrollaran su cultivo, en torno al siglo X. Sabemos que en torno a 1477, por ejemplo, cuando el catalán Ruperto de Nola escribió su ‘Libro de guisados’ en Nápoles en el S.XVI ya había platos dulces hechos con leche, azúcar, especias y harina de arroz.

La receta más antigua conocida hasta ahora viene en el recetario ‘Libro del Arte de Cozina’, publicado en 1607 por Domingo Hernández de Maceras, cocinero del Colegio Mayor de Oviedo de la Universidad de Salamanca. En el apartado dedicado a los platos de vigilia la primera fórmula corresponde a «de como se hace de hazer arroz con leche» , que es prácticamente igual a la que se usa hoy en día salvo en que usa parte de agua en la cocción del arroz.

Es importante destacar que en el siglo XVII, la iglesia prohibía el consumo de lácteos y huevos en días de vigilia por lo que normalmente para estas recetas se usaban leches vegetales como leche de almendras en vez de leche de vaca, cabra u oveja. De estas bebidas vegetales surgen variantes del arroz con leche muy populares en India o Filipinas, como el “arros con leche”, que mezcla leche de coco y de vaca. 

Esta receta que os ofrezco aquí es una receta con mucha historia. Un gran amigo mío, Alejandro, tuvo a bien ofrecerme la receta heredada de su abuela, así que está preparada con mucho esmero y mucho cariño.

Decir que está delicioso es quedarme corta, es sabroso, cremoso, y además lleva encima el “requemado” típico del arroz con leche asturiano.

Tengo la inmensa suerte de contar con grandes amigos, y otro de ellos, también asturiano, me regaló un quemador típico de allí (gracias, Juan).

Así que aquí os dejo la receta sin cambiar una sola coma.

INGREDIENTES

-2 litros de leche entera

-200 gramos de arroz redondo

-200 gr de azúcar

-Dos ramas de canela

-Un chorro de anís

-Una nuez grande de mantequilla

-La piel de un limón (sin lo blanco)

-Una pizca de sal

PREPARACIÓN

-Lo mezclas todo en frio

-Revuelves bien

-Y lo pruebas, tiene que saber ya exactamente a arroz con leche

-Y a cocer, minimo una hora aunque puede llevar dos

-Revolver cada poco para que no se pegue

-Al servirlo se requema al momento para que no pierda textura y sabor

-Yo preparé dos, un arroz requemado y otro con canela, porque en mi casa hay para todos los gustos

“En casa sirvo el tipo de comida cuya historia conozco”.

MICHAEL POLLAN (ESCRITOR)

TORRIJAS DE PAN DE BRIOCHE

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Llega la Semana Santa y con ella todo una selección de recetas típicas de estas celebraciones.

Pero si hay una por excelencia y que se prepara en prácticamente todos los hogares, son las torrijas, que si bien se hacen durante todo el año como manera de aprovechamiento para el pan que se queda duro, en estas fiestas llenan los escaparates de las pastelerías, es el postre principal en los restaurantes, y se ha puesto tan de moda que los restaurantes más prestigiosos crean en esta época recetas de lo más variopintas con la torrija como protagonista estrella.

Su procedencia es muy antigua. Se dice que la torrija fue un invento de los romanos, y que el gastrónomo Marcus Gavius Apicius, ya incluyó en su célebre recetario De re coquinaria un plato denominado pultes tractogalate (gachas guisadas con harina y leche) cuya elaboración lo sitúa como tatarabuelo de la torrija).

La primera vez que un término parecido a “torrija” aparece por escrito fue en un texto del poeta y autor teatral salmantino Juan de la Encina en su villancico número IV, aunque las torrijas, más parecidas a tal y como las conocemos ahora, tienen su origen en el siglo XV y nacen como una costumbre muy alejada de la celebración de la Semana Santa.

Estos dulces elaborados a base de pan duro, huevos, azúcar, leche o vino comenzaron a preparase para aliviar a las parturientas al dar a luz y favorecer su recuperación postparto allá por el siglo XVII. En un principio las torrijas se preparaban con rebanadas de pan de pequeño tamaño, y se servían acompañadas de una copita de vino.

No se sabe a ciencia cierta como las torrijas se han instaurado como postre típico en estas fechas, pero lo cierto es que al ser un alimento saciante y calórico que aportaba energía, comenzaron a incluirse en la Cuaresma para compensar los períodos de abstinencia de algunos alimentos. Más adelante, a comienzos del siglo XX, las torrijas perdieron un poco su vinculación religiosa y se hicieron habituales en las tabernas madrileñas, acompañadas por un vaso de vino.

 

Recetas de torrijas hay cientos, pero la base siempre es la misma, pan, leche, huevos, azúcar y canela. A partir de ahí gusto, tradición e imaginación se unen para que cada uno haga su versión de su torrija favorita en casa.

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Yo suelo preparar pan de brioche para las torrijas, porque el pan duro siempre lo aprovecho para preparar sopas de ajo o preparar el pan rallado, y desde un día que preparé un brioche para hacerlas, se convirtieron en las favoritas de mi familia. Pero hacer un brioche lleva mucho tiempo. Esta receta de brioche la encontré en un blog que sigo, el de Loleta, y es un brioche más sencillo y que lleva menos tiempo de fermentado, así que probé a hacerlo y la verdad es que queda muy resultón.

Os incluyo la receta en todas las versiones, a mano, con amasadora y con thermomix, para que elijáis el método que más os guste.

Con esta receta quedan muy jugosas y os puedo asegurar que no duraron diez minutos en la bandeja una vez que hice las fotos y las puse sobre la mesa con un chocolate calentito.

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Nota: esta fotografía la he presentado al reto de La Lechera de marzo en Instagram, donde podéis seguir mi blog, por eso en la receta incluyo la leche condensada La Lechera, pero podéis usarla de cualquier marca.

BRIOCHE

-90 g leche

-30 g levadura fresca de panadería

-4 huevos

-520 g harina de fuerza

-85 g azúcar

-7 g sal

-100 g mantequilla a temperatura ambiente

Preparación

-Engrasar bien un molde rectangular de unos 30-32 cm de largo. Reservar.

-Templar la leche. Disolver la levadura desmenuzada en la leche con ayuda de las manos y mezclar bien.

-En un bol de batidora eléctrica o en la thermomix, añadir la mezcla, los huevos, la harina, el azúcar y la sal y batir a velocidad media-baja con el accesorio de gancho hasta que la mezcla esté uniforme. También podéis mezclar a mano en un bol grande. Amasar con el gancho durante 5 minutos. Parar 2 minutos y volver a amasar 5 minutos.

Si se hace en thermomix, programar 30 segundos a velocidad 6. Luego, programar 3 minutos en función vaso cerrado y velocidad espiga.

Para hacerlo a mano, amasar hasta que la masa no se pegue, Unos 15 minutos haciendo paradas cada 5 minutos para reposar la masa durante un minuto.

-Si lo haces en batidora eléctrica, con la batidora en marcha, comenzar a añadir la mantequilla a temperatura ambiente a la masa y continuar batiendo hasta que toda la mantequilla esté integrada, Sacar el gancho y tapar con un trapo el bol. Dejar reposar una hora en un lugar templado (lo mejor dentro del horno apagado). Pasado este tiempo, volver a colocar el gancho y amasar un par de minutos a velocidad media-baja para desinflar la masa.

-Si lo haces en thermomix, programar 2 minutos en vaso cerrado y velocidad Espiga, y añadir la mantequilla por el bocal. Dejar reposar la masa en el vaso durante 1 hora. Una vez pasado este tiempo, bajar la masa con la espátula y amasar 1 minuto, vaso cerrado, velocidad Espiga.

-Para hacerlo a mano, volcar la masa sobre la encimera y comenzar a añadir la mantequilla amasando cada vez antes de añadir más mantequilla. Es fácil pero un proceso más elaborado. Formar una bola y dejarlo reposar una hora en un bol engrasado y tapado con un trapo.

-Pasada una hora, sacar la masa del bol o de la thermomix, y extender con las manos formando un rectángulo. Ahora doblar la masa con 3 pliegues: la parte de arriba hacia el centro y la de abajo igual, de modo que nos quede un rectángulo de tres capas.

-Poner la masa dentro del molde rectangular y dejar reposar una hora o una hora y media hasta que haya doblado el volumen. Se habrá inflado y tendrá una joroba preciosa. Hay que dejarlo reposar en un lugar sin corrientes y si es templado mejor. Yo lo puse dentro del horno apagado y cerrado que es donde siempre dejo reposar mis masas y me funciona muy bien.

-Pasado este tiempo. Encender el horno a 200 grados.

-Con ayuda de un pincel de cocina, pintar la superficie del pan, que estará muy inflado, con huevo batido pero con mucho cuidado para que la masa no se baje. Hornear unos 30 minutos. Pasados los primeros 15 minutos, si el pan se tuesta demasiado, poner un papel aluminio por encima y continuar horneando.

-Dejar enfriar en el molde, desmoldar  y dejar enfriar.

 

TORRIJAS (16 unidades)

-1 lata de leche condensada La Lechera de 370 g

-2 medidas de la lata de agua caliente

-Ralladura de 1 limón y 1 naranja

-100 ml. de nata de 35% materia grasa

-2 huevos M

-2 cucharadas soperas de canela en polvo

-Aceite de oliva virgen extra para freir

Preparación

-En un bol grande poner la lata de leche condesada, las dos medidas de la lata de agua caliente, y mezclar bien. A continuación añadir la nata, mezclar.

-Batir los dos huevos, añadirlos a la mezcla anterior y batir todo junto.

-Añadir la ralladura del limón y la naranja y la canela, mezclar todo bien, tapar el bol y dejar infusionar todo junto hasta que la mezcla templada.

-A continuación hacemos 8 rebanadas de 2 cm. y las partimos a la mitad, ya que salen rebanadas muy grandes.

-Las sumergimos en la mezcla hasta que estén bien empapadas, y las ponemos sobre una rejilla para que escurra bien el líquido.

Las freímos en abundante aceite de oliva caliente, las vamos sacando con cuidado sobre papel absorbente para que escurran el aceite, y cuando estén escurridas se pasan por una mezcla de azúcar y canela por las dos caras.

-Podéis darle un toque más moderno fundiendo chocolate negro y chocolate blanco y bañando una parte con ellos, dejarlos enfriar y acompañarlo con fresas y frambuesas.

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“No existe modernidad sin una buena tradición”