ENSALADA DE GARBANZOS Y ATÚN

En época estival lo que menos suele apetecer es meterse en la cocina y complicarse con los menús, sobre todo cuando tienes invitados. Lo que más deseamos es compartir mesa, mantel y charla con ellos, disfrutando del buen tiempo, y no metida entre fogones.

Además con el calor (bueno, para aquellos que estén disfrutando de un maravilloso verano, un placer que aquí todavía no hemos disfrutado todavía), lo que más te pide el cuerpo son cosas fresquitas, como las ricas ensaladas que se pueden preparar en un momento, y que además de estar riquísimas, son una gran fuente de energía, sobre todo cuando son de legumbres.

La variedad de ensaladas con legumbres es infinita, pero una que a mí nunca me falla, y que a la familia invitados les encanta, es esta ensalada con garbanzos, mi favorita en cualquier estación del año. Como podéis comprobar es muy nutritiva y completa, y sirve tanto como entrante para recibir invitados como para plato único para la comida diaria.

Es una legumbre indispensable en los pucheros tradicionales, y destaca por ser una fuente destacable en hidratos de carbono de absorción lenta, que producen una asimilación gradual de la glucosa.

Esto evita el desequilibrio de los niveles de azúcar y genera una energía constante.

Es muy proteico, pero al mismo tiempo, muy pobre en grasas saturadas y rico en fibra, por lo que contribuye a regular el colesterol.

Su riqueza en fibra mejora el tránsito intestinal y contribuye a que la absorción de los hidratos de carbono sea todavía más lenta.

El garbanzo tiene muchos minerales, sobre todo fósforo, hierro y magnesio y es especialmente rico en vitaminas B1, B6 y ácido fólico.

Su aporte de carbohidratos y proteínas lo hacen muy adecuado para estados de astenia, niños, adolescentes y personas que realizan esfuerzos físicos, como los deportistas. Favorece la digestión y regula la tensión arterial.

No hay unanimidad a la hora de señalar su origen: unos lo sitúan en la cuenca mediterránea y otros en Asia occidental. En cualquier caso, se remonta a tiempos prehistóricos, ya que se han encontrado indicios de su presencia en excavaciones preneolíticas en Sicilia.

Además, se tiene constancia de que era bien conocido en el antiguo Egipto, Babilonia, Persia y la India, donde todavía es utilizado por la medicina ayurvédica para combatir enfermedades de la piel.

El garbanzo también era un alimento habitual para los griegos, romanos y cartagineses. Precisamente estos últimos fueron quienes lo introdujeron en España.

INGREDIENTES

-400 gr. garbanzos cocidos (pueden ser de bote, los hay de muy buena calidad, y os aseguráis de que quedan duros y consistentes, ya que al cocerlos tienden a deshacerse con mucha facilidad).

– 2 ajos

-Perejil

-Mostaza a la antigua (si queréis que el sabor sea menos fuerte utilizar la mostaza normal)

-Aceite de oliva virgen extra

-Vinagre de vino blanco

-Atún desmigado

-Huevos cocidos para adornar (yo los uso de codorniz porque quedan más bonitos pero podéis usar huevo de gallina sin problema)

-Aceitunas ( verdes o negras, eso al gusto)

PREPARACIÓN

-Se escurren bien los garbanzos y se lavan bajo el chorro de agua fría. Se ponen a escurrir en un colador. Luego se ponen en un recipiente, bandeja o donde querrías presentarlo.

-En el mortero majamos el ajo y el perejil, y añadimos cuatro cucharadas soperas de aceite, una de mostaza, y lo vamos emulsionando despacito, y luego añadimos dos cucharada de vinagre mientras seguimos mezclando con el tenedor o una varilla de cocina hasta que esté todo integrado. En este punto probamos la mezcla y aquí añadimos un poco más de mostaza, aceite o vinagre a vuestro gusto, según el sabor que queráis que destaque más en la ensalada.

-Luego añadimos la mezcla a los garbanzos y lo dejamos un par de horas mínimo macerando en la nevera y cojan el sabor.

-Cuando se vaya a servir añadimos el atún y mezclamos, y luego decoramos con los huevos y las aceitunas.

-Lista para servir.

“Eres lo que comes. ¿Qué te gustaría ser?” 

JULIE MURPHY.

TRONCO AL PESTO CON PAVO Y QUESO GOUDA

Hoy os enseño una de esas recetas de aprovechamiento que tanto me gustan. Abres la nevera y miras las sobras que tienes, un poco de aquí y otro poco de allá, y en menos de media hora tenéis una receta rápida, donde podéis combinar otro tipo de fiambres o quesos, y que te arregla una comida o un entrante en un plis.

Las recetas de aprovechamiento es algo que ya hacían con mucho arte e inventiva nuestras madres y abuelas, que vivieron una época de mucha hambruna y penurias, y con familias muy numerosas que alimentar, y que convirtieron la comida de aprovechamiento en un modo de subsistencia. Siempre vi en mi casa como se guardaban las sobras y a final de semana se sacaba todo y se veía, con todos esos restos de comida, que se podía hacer. Solían acabar en forma de croquetas o de guisos, ya que las sobras eran totalmente diferentes a las que podemos acumular nosotros (por favor, no tiréis nada, todo sirve con un poco de imaginación, y la comida no se puede desperdiciar como lo hacemos en esta sociedad de consumo que hemos creado).

España es el séptimo país en el que más alimentos en buen estado se desperdician dentro de la Unión Europea con 7,7 millones de toneladas. Como media cada español tira a la basura semanalmente más de medio kilo de comida, lo que supone 76 kilos al año por hogar, según los datos que maneja la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). Así, los hogares españoles tiran al año 1,5 millones de toneladas de alimentos que son válidos para el consumo, que serían unos 250 € por persona y año. Tirar algo que sobra parece un gesto pequeño y sin importancia, pero pasada a cifras da que pensar ¿verdad?

Así que desde este humilde blog que aboga por la cocina de aprovechamiento como medida para paliar ese despilfarro de alimentos y como ahorro en la cesta familiar, os voy mostrando las diferentes recetas que se me van ocurriendo con las sobras de mi nevera, y dando ideas para que hagáis lo mismo. Vuestro bolsillo y el planeta os lo agradecerá.

Esta vez tenía un poco de masa de pizza sobrante, una ración de salsa pesto que sobró al preparar unos tallarines, unas lonchas de jamón de pavo asadas, y un poco de queso gouda que se había quedado algo duro (todos tenemos en la nevera esos trozos de queso o de fiambres que se van quedando al fondo y que se nos terminan poniendo duros, y de ahí a la basura). El pesto en esta receta es el que le da ese toque especial, pero si no tenéis, u os ha sobrado alguna salsa de otra preparación ,usadla, estará rico también y la finalidad de estas recetas es eso, aprovechar lo que tenemos. Vamos con la receta.

INGREDIENTES

-Masa de pizza

-Lonchas de queso gouda

-Filetes de pavo asados

-Salsa pesto

– 1 huevo para pincelar

-Semillas variadas (opcional, podéis sustituirlas por semillas de sésamo, no echarle nada, eso al gusto)

PREPARACIÓN

-Ponemos el horno a precalentar a 180º

-Estiramos la masa sobre una superficie enharinada que no quede muy gruesa.

-Con una cuchara ponemos el pesto y lo repartimos por toda la base dejando mínimo 1 cm alrededor sin salsa para que al enrollarlo no se salga por los bordes.

-Colocamos las lonchas del fiambre y por encima las lonchas de queso.

-Enrollamos formando un tronco y cerramos bien los bordes para que no se salga ni el relleno ni la salsa.

-Pintamos bien el tronco con huevo.

-Esparcimos por encima las semillas.

-Horneamos unos 15-20 minutos o hasta que observamos que toda la superficie ha cogido un tono dorado.

-Acompañamos con una ensalada y listo para comer.

“La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida.

NICOLÁS-SEBASTIEN ROCH CHAMFORT

PASTEL DE CALABACÍN, PATATA, BEICON Y PROVOLETTA

A estas alturas creo que ya todos conocéis mi debilidad por las recetas sencillas, rápidas de preparar, con ingredientes fáciles de encontrar, de temporada, y que sean económicas. Si bien a veces me vengo arriba con recetas más elaboradas o difíciles, lo que más me gusta es compartir con vosotros recetas simples pero sabrosas.

Este pastel es muy completo y servidos con una buena ensalada se convierte en un plato único, y es otra manera muy sabrosa de usar el calabacín y que lo coman los más jóvenes de la casa, que los que tenemos hijos sabemos, en la mayoría de los casos, de la dificultad que entraña incluir verduras y hortalizas en el menú sin que aparezcan los ceños fruncidos o la famosa frase “es que no tengo nada de hambre”.

Una de las mejores cosas que tiene este pastel es que podéis hacer muchas combinaciones distintas o cambiar unos productos por otros a gusto personal, como usar la berenjena, unos champiñones  de tamaño grande (los que se usan para rellenar), cambiar el beicon ahumado por pechuga de pavo o pollo, y el queso también al gusto. Yo en esta receta usé el Provoletta, que es un queso italiano muy sabroso y con cuerpo. Yo lo encuentro en el Lidl cuando ponen la semana de productos de Italia, y siempre aprovecho para preparar recetas con este queso, que ya viene loncheado, y para este tipo de pasteles viene muy bien porque se derrite pero mantiene la forma. También lo uso para preparar los  San Jacobos caseros. Ya os prepararé otro día unos “San Jacobos” donde sustituyo el fiambre por lonchas de calabacín y el Provoletta en el medio. Con el rebozado casero y una guarnición de arroz blanco frito es una delicia, y esto sí que lo devoran los peques de la casa, os lo aseguro.

Una recomendación ,usar quesos que mantengan una buena consistencia en el pastel una vez horneado, porque si usáis uno que se derrita rápido, como la mozarella, se desparramará por todo el pastel y no es lo queremos. Y por favor, no me uséis las lonchas de queso que vienen en paquetes, tipo tranchetes. Puede que no lo sepáis, pero eso no es queso (sé que acabo de romper algunos corazones, pero tenía que decirse y se dijo). Son productos procesados a base de grasas, proteínas del suero de la leche, sólidos, aromas, colorantes, aditivos y altos niveles de sodio. O sea, que es un producto ultraprocesado que nos venden con la coletilla de queso. Podéis seguir usándolas, pero ahora ya sabiendo lo que estáis comiendo (de nada).

Yo use Provoletta pero también va muy bien el Massdam, el Emmental, o alguno de nuestros buenos quesos semi curados, o curados para los más valientes. Id probando, porque sé que cuando preparéis este pastel lo vais a incluir en vuestro repertorio.

La pasta brisa que he usado es de compra, pero se puede hacer en casa. En otra ocasión la prepararemos.

INGREDIENTES

-1 lámina de pasta brisa

-1 calabacín

-1 patata bastante grande

-Beicon ahumado loncheado

– Queso en lonchas

-Tomillo fresco o seco

-Orégano fresco o seco

-Aceite de oliva virgen

-Sal en escamas (sino tenéis sal común)

-1 huevo para pincelar

PREPARACIÓN

-En un molde desmontable (yo usé mi incombustible molde de quiche), forramos el fondo con papel de hornear y engrasamos los bordes con aceite de oliva o un poco de mantequilla, para evitar que la masa se pegue. Si la masa es de menor diámetro que el molde estirarla un poco con un rodillo de cocina. Tiene que cubrir todos los bordes del molde. Pinchamos el fondo para que la masa no suba y la pincelamos un poco con aceite de oliva.

-Cortamos en láminas las patatas y los calabacines, más o menos de medio centímetro. Las lonchas de beicon las dividimos en tres y las lonchas de queso las cortamos en cuatro, en forma de cuatro triángulos.

-Vamos alternando una lámina de calabacín, una de patata, una de beicon si tiene un buen grosor y si son finas colocamos dos, y una loncha de queso.

-Salamos con las escamas de sal por encima de la patata y el calabacín, echamos un chorrito de aceite por encima, y separamos los bordes de la masa y cubrimos el alrededor de haciendo un bordecito , que además de bonito queda crujiente y está buenísimo.

-Pincelamos el pastel con huevo batido y espolvoreamos por encima las hojas de tomillo y orégano.

-Horneamos durante unos 25 minutos, o hasta que comprobéis que la masa está dorada y la patata cocinada, en el horno precalentado a 180º.

-Desmoldamos y servimos inmediatamente.

“Una comida bien equilibrada es como un poema al desarrollo de la vida.”
ANTHONY BURGESS

TARTA CREMOSA DE ESPÁRRAGOS Y CHAMPIÑONES

A estas alturas creo que mi afición por los espárragos verdes, los champiñones y el queso está muy clara. No puedo evitar combinar continuamente estos tres ingredientes porque me da mucho juego, me encanta su sabor y además te arreglan cualquier comida en un momento, además de ser alimentos económicos y muy saludables.

Los espárragos verdes: es una variedad que debe su color al hecho de crecer al aire libre y al abrigo de la luz solar; a diferencia de la blanca, que se recolecta cuando aún es un brote y, por lo tanto, no ha salido a la superficie.

Su cultivo se remonta al Antiguo Egipto, donde se plantaba en las tierras frescas y húmedas que componían las riberas de los ríos Tigris y Eúfrates, siendo su consumo muy habitual. También formaba parte de la alimentación de los griegos y los romanos, quienes además lo dieron a conocer al resto de los países europeos. Durante la Edad Media este vegetal cayó en el olvido, pero el Renacimiento lo rescató del ostracismo, perviviendo en nuestras despensas hasta hoy.

Son una buena fuente de vitamina C, que tiene acción antioxidante y ayuda al fortalecimiento del sistema inmune; vitamina E, esencial para la prevención de coágulos en la sangre; y provitamina A –betacaroteno– y luteína, los cuales garantizan una correcta visión y ayudan a luchar contra los radicales libres que llevan al envejecimiento prematuro. También son una gran fuente de fibra, y nos aportan potasio, fósforo y calcio.

Los champiñones: Durante siglos, nuestros antepasados se las arreglaron con los hongos que encontraban en los campos y bosques. Los romanos tenían setas en el menú, los mayas y aztecas las usaban con fines medicinales y mágicos, los egipcios las consideraban el alimento de los dioses. Es probable que el consumo humano de setas se diese ya entre los primeros cazadores-recolectores, pero no hay datos fiables que lo corroboren.

En la Edad Media, las supersticiones convirtieron a las setas en “criaturas del diablo”, que hicieron que mucha gente tuviese miedo a consumir setas. 

En Oriente, el consumo de setas es antiguo y arraigado, y mientras Asia se instituía como la promotora en el cultivo de hongos, las setas siguieron causando temor y desconfianza en Europa, lo cual terminó por demonizar su consumo.

Esto cambió a mediados del siglo XVII cuando un productor de melones, cerca de París, tropezó accidentalmente con un descubrimiento muy importante; vertió agua utilizada para lavar las setas silvestres, sobre algunas sobras de compost gastado del cultivo de melones. Un poco más tarde, muchas setas brotan en este lugar. Fue un descubrimiento que revolucionará en mucho a nuestra sociedad. Esta nueva seta ganó rápidamente el nombre de “El champiñón de París” , convirtiendo a esta ciudad en el centro de la seta del mundo.

Fortalecen el sistema inmunitario gracias a su contenido en selenio. Es una fuente única de antioxidantes.  El selenio y la vitamina D contribuyen a la reparación del ADN evitando que sufra mutaciones y también, inhiben el crecimiento de células malignas que puedan ocasionar tumores. Contienen altas dosis de fibra, potasio y sodio, estos minerales ayudan a que los niveles de presión arterial no sean elevados, previniendo enfermedades cardiovasculares.

Leyendo todas las magníficas propiedades de estos dos humildes y económicos alimentos, y lo rápido y sencillo que es preparar esta receta, estoy segura de que se convertirá en un comodín en vuestras cocinas.

INGREDIENTES

-1 lámina de hojaldre cuadrada

-Queso cremoso (yo le he puesto camembert pero el brie le va fenomenal)

-1 huevo

-Un puñado de espárragos verdes limpios

-Un puñado de champiñones laminados

-Un puñado de mezcla de especias secas (ajo en polvo, orégano, romero y tomillo)

-Sal y pimienta

-Aceite de oliva

PREPARACIÓN

-Precalentamos el horno a 190º

-Extendemos la lámina de hojaldre en una bandeja previamente engrasada con aceite.

-Plegamos los bordes para formar una corteza.

-Cubrimos con una capa fina de queso cremoso, batimos el huevo y lo vertemos por encima.

-Disponemos los espárragos (con los extremos cortados) y los champiñones por encima, y regamos con un chorrito de aceite.

-Salpimentamos al gusto, y repartimos por encima las especias y los piñones.

-Horneamos unos 20 minutos, hasta que suba y veamos que coge un todo dorado.

-Servir caliente.

“Con el espíritu sucede lo mismo que con el estómago: sólo puede confiársele aquello que pueda digerir”

 WINSTON CHURCHILL

PLATITOS DE HOJALDRE CON CREMA DE SALMÓN Y SETAS

Hay días que me encanta abrir la nevera y la alacena, mirar que tengo por ahí e inventarme recetas, y este plato es una de ellas.

Una lámina de hojaldre, dos lomos de salmón, un bote de setas variadas, alguna cosa más, un poco de imaginación y en un momento tengo preparado un “Tierra y Río”.

Me encanta el salmón, es mi pescado favorito, y me gusta de todas las maneras, así que lo compro fresco pero siempre congelo algunos lomos para esos días que me entra el antojo de salmón, ya que en el pueblo no tenemos tienda, y por tanto, lo de tener caprichos momentáneos se torna empresa complicada.

En mi alacena también hay siempre botes con setas variadas, listas para preparar en cualquier momento, ya que me encanta añadir setas a mis recetas.

Tengo que confesar que mientras la iba preparando le decía  mi marido:  “No sé lo que va a salir de aquí” a lo que él me contestó: “algo bueno, como siempre”.

Y si, estaba buenísimo y he decidido que será un buen plato de entrante cuando tenga invitados a comer. Además con esas setas pequeñitas queda un plato muy bonito, o a mi me lo parece.

INGREDIENTES (para dos hojaldres)

-1 lámina de hojaldre

-2 lomos de salmón

-1 bote de setas variadas (con setas frescas también tiene que estar muy bueno)

-1 vaso de nata líquida

-100 g de queso de finas hierbas

-Mantequilla

-Sal y pimienta

PREPARACIÓN

-Primero preparamos los “platos” de hojaldre. Yo los preparé con dos moldes cuadrados que tengo de dos tamaños diferentes, uno más grande y otro más pequeño. Aquí os pongo las fotos porque es más sencilla la explicación con fotos que poneros todo el texto. Pero podéis hacer unas plantillas o simplemente, a mano alzada.

-En la placa de horno ponemos los cuadrados de hojaldre completo, con agua tibia bordeamos el cuadrado, colocamos el borde de las otras dos, y ya tenemos la base del platillo. Pintamos solo el borde con huevo, y pinchamos la masa en el centro y metemos algo de peso (garbanzos o bolas de hornear), para que crezca el borde pero no el centro. Así hacemos “el platillo de hojaldre”.

-Lo horneamos a 200 º en el horno previamente precalentado durante unos 15 minutos, luego quitamos el peso del centro y horneamos otros 10 minutos o hasta que se vea dorado. Los dejamos enfriar en una rejilla. También ponemos los cuadradillos sobrantes de hacer el borde de hojaldre pintado en huevo, que podemos aprovechar para comer la crema sobrante.

Mientras preparamos el relleno:

-Lo primero es quitar la piel del salmón, no la tiréis que la usaremos para decoración (está buenísima pasado por la sartén bien crujiente), y cortamos el salmón en trozos muy pequeños, reservando unas láminas delgadas de salmón, de medio centímetro más o menos, que también tostaremos para adornar el plato.

-Cortamos las setas en trozos pequeños (yo reservé unas setas muy pequeñas para adornar el plato).

-En una sartén ponemos un poco de mantequilla y añadimos el salmón, que vamos cocinando a fuego lento mientras aplastamos con el tenedor para deshacerlo. Añadimos las setas y mezclamos unos minutos, añadimos la nata, llevamos a ebullición removiendo para que no se pegue, y añadimos el queso a las finas hierbas. Seguimos con el hervor a fuego medio bajo hasta que esté todo integrado y la salsa espese. Salpimentamos al gusto.

-En una sartén con un poco de aceite tostamos la piel de salmón, las láminas de salmón y le damos una vuelta rápida en la sartén a las pequeñas setas para que nos se rompan al adornar el plato.

– Colocamos en una bandeja los platillos de hojaldre, ponemos una buena cantidad de relleno calentito, adornamos con unas láminas de salmón ,la piel crujiente y colocamos las setas.

“La cocina de autor es poner tu personalidad en lo que haces, y ese sentimiento la convierte en algo distinto”

 FERRAN ADRIÀ 

QUICHE DE ESPÁRRAGOS, CHAMPIÑONES, BEICON Y QUESO

Esta receta es una versión tuneada de la receta original del libro “VEG” de Jamie Oliver. Tengo que declararme fan absoluta de este cocinero. Me gustan sus recetas y me encanta ver sus programas, le pone una alegría a sus recetas, y yo disfruto viéndole cocinar. Soy una consumidora de programas de cocina y puedo decir que veo a pocos cocineros disfrutar de esa manera de todos su platos, lo vive con una intensidad que dan ganas de comer todo lo que prepara, aunque los ingredientes no te gusten. Creo que ese es su fuerte en este mundo tan ecléctico que es la cocina.

Aunque tengo claro que, además de cocinero, es todo un personaje que no deja indiferente. A diferencia de muchos cocineros y cocineras que campan por las televisiones con sus programas gastronómicos sin causar ninguna emoción, te gustan o no sus recetas y punto, Jamie hace de cada aparición un espectáculo, y eso crea por igual admiradores y detractores. Lo único que no comparto con él es su obsesión por añadir chiles a todas las recetas, cosa que yo descarto porque en casa no tomamos picante.

Yo soy una admiradora, lo confieso, y me veo todos sus programas y tengo todos sus libros.

Esta receta, como suelo hacer con todas, las llevo a mi terreno, usando la receta como base pero quitando y añadiendo cosas, según para quien vaya a cocinar y adecuarlo a los gustos de aquellos que van a disfrutar del plato.

El primer día que lo preparé tenía comida familiar, y lo cierto es que hice la quiche pensando que no iba a triunfar en demasía, y resultó que fue todo un éxito. Ahora en las visitas de mi padre, hermano y cuñado, no puede faltar en la mesa, y no quedan ni las migas (y si quedan ya se encargan de llevarse su porción a casa en un tupper).

Es muy sencilla de hacer, lo único trabajoso es estirar la masa porque es muy delicada, hay que estirarla en frío, y el proceso lleva un rato y hacer un poco de brazo. Y como los ingredientes básicos son de esos que siempre solemos tener en nuestras cocinas, te pueden sacar de un apuro si algún día tenéis que improvisar una comida o cena.

INGREDIENTES:

-125 g de harina

-125 g de harina integral

-125 g de mantequilla fría

-7 huevos grandes

-Medio kilo de espárragos

-Un puñado de champiñones

-Unas lonchas de beicon (opcional)

-150 g  de ricotta

-150 g de cheddar curado

– Un vaso de nata líquida (opcional, le da una consistencia más jugosa, pero se puede prescindir de ella)

-Aceite de oliva o mantequilla para engrasar el molde

-Sal marina

-Tomillo fresco

-Molde desmontable de 28 cm

PREPARACIÓN

-Ponemos en un bol las harinas con una buena pizca de sal marina, troceamos la mantequilla y la incorporamos. Hacemos un pozo en el medio y cascamos un huevo y añadimos una cucharada de agua fría. Mezclamos y amasamos hasta formar una bola. La colocamos entre dos láminas de papel vegetal y aplanamos hasta que tenemos 1,5 cm de grosor más o menos. Dejamos enfriar media hora en la nevera.

-Precalentamos el horno a 180º

– Sacamos la masa de la nevera, la estiramos entre las hojas de papel con el diámetro del molde desmontable que vayamos a usar, engrasamos el molde, y lo forramos con la masa, dejando que sobresalga por los bordes porque evitamos que se contraiga.

-Horneamos la masa unos 20 minutos o hasta que empiece a dorarse. A continuación podemos quitar los bordes o dejarlos, ese toque rústico queda muy resultón.

-Mientras preparamos el relleno. Cortamos las puntas de los espárragos, que es lo que vamos a utilizar (el resto se puede usar para hacer una crema, y si no se usan inmediatamente, congelarlos para otro día). Laminamos los champiñones y troceamos el beicon.

-Batimos los 6 huevos restantes, añadimos el ricotta y el cheddar rallado. Añadimos las puntas de espárragos, los champiñones, el beicon, la nata, y salpimentamos. Añadimos las hojas de tomillo.

-Vertemos dentro de la quiche y horneamos otros 40 minutos o hasta que la veamos dorada.

-Desmoldamos y servimos.

NOTAS:

-Podéis añadir la mezcla de quesos que tengáis por la nevera o que más os guste. Yo he probado con queso de cabra, con queso gorgonzola y ricotta, con quesos curados,etc… y están deliciosas de todas las maneras.

-Podéis quitar el bacon y añadir más verduras, eso siempre al gusto. Las quiches admiten infinidad de combinaciones.

-Yo uso champiñones portobello porque me encanta el sabor que le da a la quiche, pero podéis usar los que más os guste.

-El molde que yo uso el desmontable, de 28 cm, es el clásico con los bordes ondulados que le dan a la quiche una apariencia muy bonita una vez desmoldada, pero podéis usar cualquier molde. Lo más importante es el diámetro, a menos diámetro la masa puede quedar más gruesa y necesitar algo más de tiempo de cocción.

“El silencio es el sonido de una buena comida” 

JAMIE OLIVER

FLOR DE PAN CON QUESO CAMEMBERT

Hoy ha sido un día de trabajo duro, ya que estamos preparando el huerto, arreglando los cercos de madera, y todas esas cosas previas que hay que hacer para preparar la tierra para plantar.

Así que había que preparar una comida consistente para recuperar fuerzas, y que a la vez no fuera muy laboriosa que tampoco había mucho tiempo para ese menester.

Decidido.

 Un plato que, a los amantes del pan recién horneado y el queso, como somos en esta casa, les va a encantar. No tiene mucha dificultad, lo único importante es organizarse con el tiempo porque lleva dos ciclos de reposo. Es lo único difícil de esta receta.

Yo me organicé bien. Como aquí somos madrugadores, y ahora más (poned cuatro gatos en vuestra vida y veréis que no necesitáis despertador, ya que desayunan con las gallinas), un desayuno contundente, luego preparar la masa, y dejarla fermentar dos horas. Ese tiempo da para mucho. Luego solo hay que preparar las bolas de pan y otra hora de fermentado.

Eso sí, como ya os he dicho en otras ocasiones los tiempos de fermentado siempre son orientativos, porque la humedad y la temperatura ambiente de cada casa es diferente.

Preparar el queso y todo para el horno. Así de fácil.

INGREDIENTES

-400 g de harina, más extra para espolvorear

-4 g  de levadura seca de  panadero

-2  ruedas de 250 g de queso Camembert redondo

-½ manojo de romero fresco

-250 ml. de agua templada

– 2 dientes de ajo

-Orégano

-Aceite de oliva

-Sal marina

PREPARACIÓN

-Poner la harina, la levadura y 1 cucharadita de sal marina en el bol del amasador con el accesorio de gancho. Poco a poco vierta el agua tibia y amasar hasta obtener una bola de masa. Dejar tapado con un paño y dejar reposar en un lugar cálido durante 2 horas o hasta que haya duplicado el tamaño.

-Forrar la bandeja del horno con papel de hornear. Colocar en el centro la tapa de la caja del queso Camembert, la del diámetro más grande. Si es de madera puede ir directamente, si es de cartón, como en mi caso, lo forre por con papel de aluminio para asegurarme de que el cartón no me quedara pegado a las bolas de pan en el fermentado.

-Dividir la masa en porciones de unos 40 gramos. Uno por uno, enrollar cada pieza en una bola y colocarlas en la bandeja, construyéndose a partir de la caja del Camembert, yo lo hice en forma de flor, por eso de que estamos en primavera, pero podéis colocarlas como más os guste, allá vuestra imaginación. Dejar fermentar otra hora y media más o menos.

-Precalentar el horno a 180 ° C .

-Cortar la corteza de la parte superior de cada Camembert dejando un borde de 1 cm (reservando las cajas para hornear, que también forré con papel de aluminio).

-Añadir unas puntas de las ramitas de romero por el queso, picar muy finamente el ajo, añadirlo por encima, espolvorear con un poco de orégano, echar un chorrito de aceite de oliva por encima y poner unas escamas de sal marina.

-Ponemos el queso en su tapa, y la encajamos encima de la tapa que habíamos colocado en el centro de la flor de pan.

-Colocamos la bandeja en el horno a media altura, y el segundo queso en el estante de abajo y hornearmos durante 30 a 35 minutos, o hasta que los Camembert estén pegajosos y el pan se haya levantado y dorado.

-Servir inmediatamente, y mantener el segundo queso en el horno para que no se enfríe. En cuanto termines el primero (más rápido de lo que creéis), sacáis el segundo.

“La edad es algo que no importa, a menos que usted sea un queso”

LUIS BUÑUEL