ESPAGUETIS DE CALABACÍN CON POLLO A LA PARMESANA

Incluir verduras y vegetales en las comidas suele ser empresa difícil teniendo hijos, no sé si os pasa lo mismo, pero algún motivo casi todos los infantes vienen con una animadversión hacia estos alimentos de serie.

Mi hijo mayor, el universitario, está cambiando bastante su manera de interactuar con los mismos porque comparte piso con un amigo y una amiga y los dos son veganos. Y aunque no ha renunciado a su alimentación, sin prescindir de nada, si es cierto que, al final, como cocinan mucho juntos, se ha reconciliado con las verduras y las hortalizas.

La verdura en casa se comía siempre de la manera clásica, y eso acaba aburriendo, y es otro factor a tener en cuenta, preparar recetas que incluyan estos alimentos dándole un aspecto más apetecible, así que siempre estoy buscando recetas nuevas y que mi hija las incluya en su dieta sin que la hora de la comida se convierta en una tragedia griega.

Esta receta la he preparado en varias ocasiones y les encanta, y es una manera muy divertida de incluir el calabacín en la dieta, que es una hortaliza que se suele tomar en cremas, purés y pistos, pero que tiene grandes posibilidades  en cientos de recetas. Yo soy una auténtica admiradora de esta hortaliza y la tengo plantada en mi huerto.

El calabacín se cree que se originó hace más de 8.000 años, hay dudas si en Asia Meridional o en América Central, pero si que hay evidencias de que ya era consumido por los egipcios y más tarde, por griegos y romanos, y cuando los españoles y los portugueses llegaron al Nuevo Mundo, trajeron esta fruta a Europa. Desde entonces, esta hortaliza se ha hecho muy popular, con una producción de más de 5.000 millones de toneladas al año, siendo Estados Unidos y China el mayor productor.

Incluirlo en nuestra dieta nos ayudará a bajar el nivel de colesterol en nuestro sistema, sus altos niveles de vitaminas A y C también contribuyen a la disminución del riesgo de la aterosclerosis.  Uno de los mejores beneficios para la salud del calabacín es el fortalecimiento de nuestros ojos, gracias a la luteína y la zeaxantina. Tienen un alto contenido en fibra y agua y un bajo contenido de calorías.

Ayuda a reducir los niveles de presión arterial gracias al  potasio y al magnesio. El calabacín es una potente fuente de vitaminas A y C, poderosos antioxidantes con  propiedades anti-inflamatorias.

Creo que todas estas razones y su versatilidad, ya que se aprovecha todo, la pulpa, la piel y hasta las flores, os animará a usarlo sino lo habíais hecho ya.

La receta que os presento incluye un poco de todo, hortaliza, carne, lácteos, etc… Es una receta completa que sirve de plato único, es muy saciante y tiene un sabor espectacular.

Para preparar los espaguetis cuento en mi alacena con este aparatito tan práctico, llamado espiralizador, muy económico y de esos gadets que te facilitan mucho el trabajo en la cocina. Pero si no disponéis de uno podéis cortarlos en juliana y solucionado.

INGREDIENTES

-500g de filetes de pechuga de pollo

-1 cucharadita de orégano seco

-300 ml de tomate triturado

-350g de espaguetis de calabacín

-100 g de queso mozzarella fresca

-75 g de queso parmesano rallado

-75 g de pan rallado

-1 puñado de hojas de albahaca

-Aceite de oliva

PREPARACIÓN

-Calentamos un poco de aceite en una sartén apta para el horno. Una vez la sartén esté caliente espolvoreamos sal y pimienta, ponemos el pollo y lo sazonamos por encima también. Lo freímos a fuego alto hasta que se dore por completo.


-Mientras el pollo se fríe, preparamos los espaguetis de calabacín. Quitamos los extremos del calabacín y usamos un espiralizador para hacer espaguetis. También se puede cortar el calabacín en juliana. Lo introducimos a la sartén. Espolvoreamos con orégano seco. Mezclamos todo bien. Incorporamos el tomate triturado.


-Echamos pan rallado, parmesano rallado y mozzarella en rodajas a la sartén. Metemos la sartén al horno con el grill caliente durante 4–5 minutos.


-Servimos con hojas de albahaca.

“Somos lo que comemos, pero lo que comemos nos puede ayudar a ser mucho más de lo que somos”

ALICE MAY BROCK

TALLARINES AL PESTO

La comida italiana me encanta. Conozco a muy pocas personas que no pierdan el sentido por un buen plato de pasta acompañada de lo que sea, y aunque la comida italiana es mucho más variada, el buque insignia es la pasta en todas sus versiones.

Mi amor por la pasta es tan grande que mi marido me hizo uno de los mejores regalos de todos los regalos habidos y por haber, una máquina de pasta, y además tuvo el detalle de incluir en la misma el motor para no tener que usar la manivela, que por motivos de salud no siempre me es conveniente.

Esta marca de máquinas hay que decir que es cara, no hace falta invertir tanto en una, si le vais a dar un uso muy esporádico. Si la vais a usar mucho, como en mi caso, recomiendo que invirtáis en una buena máquina, a la larga siempre compensa.

Hoy os voy a enseñar como preparo los tallarines al pesto, uno de los platos favoritos de mi hijo junto a mi famosa lasaña (cuando tengo invitados es uno de los platos más demandados). Es un plato de lo más sencillo, dicho lo cual elevar este plato de rico a maravilloso siempre depende de usar productos de calidad.

Pastas buenas en el mercado las hay variadas, pero yo adoro prepararla, y uso huevos caseros, lo que le confiere a la pasta un color y un sabor espectaculares.

El pesto se puede hacer en la batidora, es más rápido y cómodo, pero a mí, llamarme romántica, me encanta prepararlo a mano con el mortero, y de ahí proviene su nombre.

Un poco de historia:

Esta salsa recibe su nombre de la palabra genovesa Pestare que significa “machacar en un mortero” en italiano y hace referencia al tipo de preparación con mortero.

El pesto es una evolución de un método romano para mezclar hierbas y ajos. Los antiguos romanos lo tomaban con una pasta llamada Moretum, un plato hecho con queso, ajo y hierbas mediterráneas que se servía como acompañamiento. En Génova, al noroeste de Italia, los pescadores para la conservación de los alimentos y cuyos ingredientes incluían aceite, tomate, ajo y vinagre, conocida con el nombre de  «agliata». La incorporación de la característica albahaca provino del nordeste de Italia (Liguria) por la abundante existencia de esta aromática planta. Debido al enorme tráfico de barcos que entraban y salían del puerto de esta ciudad, la receta se expandió rápidamente por toda Italia y comenzaron a aparecer variantes con ingredientes regionales, como en el puerto de Trapani, en Sicilia, cuyos habitantes adaptaron la receta dando origen al que se conoce como pesto trapanés (pesto rojo), con aceite de oliva, ajo, tomates, almendras y albahaca.

Actualmente, la salsa pesto tiene una serie de ingredientes básicos, como son la albahaca, ajo, piñones, aceite de oliva y queso parmesano. Sin embargo, el pesto como tal, es una salsa majada en mortero, por lo que técnicamente podemos encontrar muchas versiones diferentes de esta preparación.

En esta ocasión yo preparé tallarines, pero podéis usar la pasta que más os guste. La base de la receta es para preparar la pasta fresca, luego podéis usarla para tallarines, espaguetis, lasaña, etc…

Una vez en un programa de un cocinero italiano recomendaba, en lugar de usar solo harina, utilizar sémola de trigo fino en proporción 50-50. La pasta no queda tan fina, sino que la sémola le aporta un toque rústico. Lo he probado y ahora la preparo así casi siempre.

También os voy a poner como preparar la pasta en la Thermomix porque queda muy bien, y es más rápido y más limpio. Yo la he hecho así varias veces cuando tengo prisa y os puedo decir que queda con una buena consistencia.

Vamos a meternos en faena.

PASTA FRESCA

INGREDIENTES

-150 gr de harina de fuerza o harina 00

-150 gr de sémola de trigo duro

-3 huevos talla M

-10 ml de aceite

-5 gr de sal

PREPARACIÓN

-Ponemos la harina y la sémola en la superficie de trabajo y creamos un hueco en el centro como si fuera un volcán, donde añadimos los tres huevos, la sal y el aceite y los batimos con un tenedor.

-Vamos incorporando la mezcla de ingredientes secos a los líquidos con la ayuda de un tenedor o una cuchara desde el exterior al interior del “volcán”. Cuando ya empecemos a tener consistencia de masa, amasamos con las manos hasta obtener una bola. Todo este proceso se puede hacer con una amasadora, así que si tenéis una os será aun más fácil.

-Una vez mezclados y amasados los ingredientes, hay que dejar reposar un mínimo de 30 minutos la masa envuelta en film para conseguir que las partículas de sémola y harina absorban la humedad de los huevos y que se forme la estructura del gluten y se relaje, de manera que consigamos una masa que se puede estirar pero que no sea elástica (es decir, que no se contraiga volviendo a su forma original)

-Para hacer espaguetis o tallarines habrá que estirar trozos de la masa con máquina de pasta con rodillo, enharinando de vez en cuando la pasta para que no se pegue.  En la opción con mayor grosor de la máquina, pasaremos la masa varias veces doblándola sobre si misma. En el resto de números de la máquina es suficiente con pasar la pasta una vez, reduciendo el grosor hasta conseguir que sea de entre 1 – 1,5 milímetros.  La masa de pasta se seca rápidamente, así que lo mejor es dejar la bola restante en un trapo húmedo mientras vamos estirando.

-Una vez estirada, pasamos la pasta por el accesorio de corte para espaguetis o tallarines de la máquina de pasta, o si lo estamos haciendo a mano, enrollamos la pasta sobre sí misma y cortamos con un cuchillo.

Según vayamos cortando, dejamos la pasta en secadores de pasta para evitar que se peguen los trozos entre sí.

Cuando tengamos toda la pasta cortada, la metemos en agua con sal hirviendo, y una vez metida bajamos el fuego. La pasta fresca, dependiendo de la forma y el gusto de cada uno, suele estar lista en dos o tres minutos.

Nota: la pasta fresca se seca muy rápido. Yo suelo prepararla al momento y cocerla a continuación, así que enharino un poco la pasta y solucionado. Si vais a tardar en prepararla, hay que ponerlas a secar, y no todos disponemos de secadores de pasta. Yo lo arreglo con unas perchas de plástico bien lavadas. Voy colgando la pasta y distribuyéndola por la cocina (os aseguro que es un buen espectáculo, os prometo fotos cuando lo haga).

La pasta al huevo solo se conserva entre 24-48 horas para evitar que surjan bacterias o salmonelosis. Si es pasta sin huevo o solo de sémola se puede secar durante 24-48 horas y se conserva varios meses.

THERMOMIX

Echamos en el vaso de la Thermomix los ingredientes  y amasamos 15 segundos en velocidad 6 primeramente y después 2 minutos a velocidad espiga. La masa no debe quedar pegajosa y si los huevos fuesen grandes puede admitir un poco más de harina. Quedará granulosa. Se saca del vaso, formamos una bola, filmamos y a la nevera 30 minutos.

Las cantidades son las mismas que a la manera tradicional.

SALSA PESTO

INGREDIENTES

-30 hojas de albahaca fresca (yo la cultivo en mi huerto)

-50 g de queso parmesano (podéis mezclar el parmesano con pecorino, está buenísimo)

-25 g de piñones

-100 ml de aceite de oliva virgen extra

-1 diente de ajo (no muy grande)

-1 pizca de sal

PREPARACIÓN

-Lavar las hojas de albahaca y secarlas bien.

-Pelar el diente de ajo, partirlo por la mitad a lo largo y quitarle el germen. Trocearlo.

-Rallar el queso parmesano.

-Meter las hojas de albahaca en un mortero

-Mezclar bien.

-Probar y rectificar la cantidad de ajo, si se desea.

-Y ya está. Reservar hasta que esté cocida la pasta.

-Sacamos la pasta recién cocida, le añadimos la salsa y rallamos parmesano por encima. Servir inmediatamente.

«La vida es una combinación de magia y pasta»

FEDERICO FELLINI

CALDO GALLEGO

No lo puedo evitar, si me dan a escoger la mejor delicatessen del restaurante más famoso y un buen plato de caldo gallego, ni me lo pienso. Soy una auténtica admiradora de los platos tradicionales de toda la vida, y si son de cuchara, aún más.

En mi casa los platos tradicionales no faltan en la mesa, y son a los que más recurro en mi día a día, porque son baratos, sencillos, y una gran fuente de energía. Estos platos fueron creados por nuestros antepasados para alimentarse en las largas jornadas de trabajo, en épocas donde no abundaba el alimento, platos de la gente humilde, aprovechando lo que la tierra les ofrecía.

Seguir preparando estos platos no solo es un acierto gastronómico, sino un homenaje a todos aquellos que nos precedieron, que subsistieron gracias a estas comidas de aprovechamiento, y a los que les debemos lo que somos ahora.

Para mí, en particular, este plato ocupa un lugar muy importante en mi vida, en mis recuerdos de infancia, en momentos con mi abuelo.

Yo era muy pequeña, tenía unos 4 o 5 años, y vivíamos en un edificio familiar. Mis abuelos vivían en el primer piso, y a mi abuelo le encantaba desayunar un buen plato de cuchara, sobre todo caldo gallego, que nunca faltaba en su casa. Y a mí me encantaba bajar a desayunar con él. Me ponía un platito de caldo, nos sentábamos en la mesa camilla de la salita, encendía la estufita cuando hacía frio para que metiera los pies por debajo del mantel que la cubría, y allí me quedaba admirando a ese hombre que era mi abuelo, con ese porte, su pelo negro siempre bien peinado hacia atrás, tan elegante, y me sentía muy feliz.

Estos momentos son los que mantienen vivos el recuerdo de las personas que ya no están contigo. Siempre que como un plato de caldo regreso al barrio, a esa mesa, a mi abuelo, y lo siento muy cercano.

Formas de hacer el caldo hay multitud, pero esta es la receta que se ha hecho en mi casa siempre, así me lo enseñó mi madre, y así os lo enseño yo. Una de las peculiaridades de estos platos es que no son recetas al uso, con ingredientes medidos con exactitud. Son platos que se cocinan desde la intuición, la práctica y el corazón. Necesitan tiempo y mucho cariño, y os saldrá espectacular.

Lo que sí es totalmente necesario es el unto (grasa del cerdo  que se sala y se enrolla sobre sí misma y se suele ahumar), que es lo que le va a aportar al caldo ese sabor tan especial, y una buena materia prima. En mi caso uso berzas de mi huerto y patatas que mis vecinos (y amigos) cultivan, siempre que puedo elijo productos de cercanía y colaborar con la economía de la zona me parece muy importante, y además las patatas chozanas gozan de un gran prestigio.

INGREDIENTES

-Manojo de berzas

-Habas pintas

-Patatas

-Un trozo de unto pequeño, como la punta del dedo pulgar

-Aceite de oliva

-Una cucharada de pimentón

-Sal gorda

-Un hueso de jamón, de cerdo, de tocino, lo que prefiráis, para darle sabor

PREPARACIÓN

-El día anterior ponemos a remojo las habas pintas. Añadir el hueso si está salado, si es fresco no hace falta.

-Ponemos las habas con el hueso en una cacerola honda y cubrimos con abundante  agua, y dejamos a cocer hasta que empiecen a ablandarse, pero sin hacerse del todo, que luego se deshace al cocerse con el resto de los ingredientes, más o menos suele tardar una hora.

-A continuación añadimos las berzas picadas, las patatas  en trozos medianos, salamos, y dejamos cocer otra hora a fuego lento.

-A continuación añadimos el trozo de unto (consejo, ponerlo siempre en una esquina de la olla porque coge un color transparente y luego encontrarlo puede ser una odisea).

-Cuando lleve un rato cociendo y coja el color transparente lo ponemos en un mortero, lo machacamos, añadimos un chorrito de aceite de oliva, una cucharada de pimentón, lo mezclamos todo y lo colamos sobre el caldo. Rectificamos de sal si hiciera falta.

-Dejamos cocer todo junto a fuego lento hasta que comprobemos que está en su punto de cocción, más o menos hora y media o dos horas.

-Por último, esto ya es al gusto, yo machaco con el tenedor las patatas para darle al caldo una consistencia más espesa.

-Un truco: para agilizar la preparación y el ahorro de energía también, las alubias y el hueso se pueden poner en una olla rápida llenándola de agua hasta la mitad, unos 10 minutos. Luego pasamos todo a la pota donde prepararemos el caldo, para añadir las berzas y las patatas y seguir con la receta tradicional. Ahorras casi una hora de cocción.

Y ya sabéis que como todo plato de puchero, mejor de un día para otro. El reposo acentúa el sabor.

“Cocinar exige atención, paciencia y sobre todo respeto por los dones de la tierra. Es una forma de adoración, una forma de dar gracias.”
JUDITH B. JONES

MERLUZA Y PATATAS AL VAPOR CON SALSA «MEUNIÈRE»

Me han preguntado en diversas ocasiones si en mi casa solo comemos dulces o platos, digamos, bastante sustanciosos. Si, comemos platos sanos y sencillos también.

El caso es que esos platos no son lo que se dicen muy propensos a ser fotografiados, porque suelen ser platos más sencillos, y por decirlo de alguna manera, más insulsos.

Pero como tengo seguidores fieles que me piden alguna receta de esas que no hacen que la grasa corporal aumente solo con mirarlos, hoy os ofrezco una receta que en casa nos encanta, porque es sana, sencilla, y realmente tiene mucho sabor, porque si usas las hierbas aromáticas de manera correcta, hasta el plato más simple se convierte en un plato delicioso. Yo lo acompaño con una “salsa Meunière”, que es una salsa de mantequilla y limón, que añade alguna caloría a mayores, pero con solo un par de cucharadas por encima del pescado, le da sabor intenso y no tenemos que preocuparnos en demasía por las calorías añadidas. Todo en su justa medida no supone un problema, y si un gran placer al paladar.

Esta es una receta que preparé un día de esos con prisas para la cena en la Thermomix, ya que también tengo seguidores asiduos a la Thermomix y me piden recetas que se puedan preparar en la misma. Se puede preparar en vaporera, y si no tenéis un truco es coger una cacerola honda donde podáis colocar encima un colador grande, siempre teniendo cuidado de que el colador no toque el agua del fondo. El problema de este sistema es que la cantidad a preparar ya no sería la misma, a no ser que tengáis una cacerola y un colador de grandes dimensiones.

Yo la salsa la preparo al estilo tradicional mientras se cocina el pescado y las patatas en la Thermomix para no tener que calentar la salsa y para que el proceso sea más rápido. Pero os voy a poner la receta de la salsa en la Thermomix por si queréis prepararla en la misma ya que luego la podéis calentar.

INGREDIENTES

-4 filetes de merluza

-Patatas laminadas finas (una patata por persona)

-Romero y albahaca fresca

-Medio limón

-Aceite de oliva virgen

-Sal y pimienta

Salsa de limón:

-50 gr de mantequilla

-½ limón

-½ vaso de caldo de pescado (sino tenéis podéis sustituirlo por vino blanco para darle sabor)

-1 cucharada de harina

-Pimienta blanca

-Perejil

-Sal

PREPARACIÓN:

-Ponemos en el vaso 500 ml de agua.

-Colocamos en el recipiente Varoma las patatas, sazonamos con sal y pimienta, colocamos dos o tres ramas de romero y regamos con un chorro de aceite.

– En la bandeja Varoma ponemos la mariposa y encima papel de hornear un poco mojado, la mariposa para que el aire circule por la bandeja y el papel para que no caiga nada encima de las patatas.

-Salpimentamos los filetes, los colocamos en la bandeja, regamos con un chorro de aceite, el zumo de medio limón, y colocamos unas hojas de albahaca y  el medio limón exprimido cortado en gajos.

-Cocinamos 30 minutos/varoma/vel.1

Preparamos mientras la salsa.

-Comenzamos calentando la mantequilla en un cazo a fuego medio y cuando se derrita, agregamos la harina y removemos constantemente hasta que se mezcle perfectamente formando una especie de pasta.


-Cuando tengamos la harina sin grumos, vertemos el caldo de pescado (o vino blanco), el jugo de medio limón, una pizca de sal y otra de pimienta blanca.


-Continuamos removiendo y cuando comience a espesar la salsa, incorporamos el perejil picado. Seguimos cocinando hasta que la salsa quede con la textura deseada, retiramos del fuego y servimos a la mesa en una salsera.

-Preparación en Thermomix (aquí preparamos la salsa antes que el pescado y las patatas)

-Añadimos la mantequilla y programamos 1 min/varoma/vel.1

-Añadimos el limón, el caldo de pescado, el perejil y programamos 1 min/varoma/vel.1

“Nuestra comida debería ser nuestra medicina y nuestra medicina debería ser nuestra comida”

 HIPÓCRATES

TARTA CREMOSA DE ESPÁRRAGOS Y CHAMPIÑONES

A estas alturas creo que mi afición por los espárragos verdes, los champiñones y el queso está muy clara. No puedo evitar combinar continuamente estos tres ingredientes porque me da mucho juego, me encanta su sabor y además te arreglan cualquier comida en un momento, además de ser alimentos económicos y muy saludables.

Los espárragos verdes: es una variedad que debe su color al hecho de crecer al aire libre y al abrigo de la luz solar; a diferencia de la blanca, que se recolecta cuando aún es un brote y, por lo tanto, no ha salido a la superficie.

Su cultivo se remonta al Antiguo Egipto, donde se plantaba en las tierras frescas y húmedas que componían las riberas de los ríos Tigris y Eúfrates, siendo su consumo muy habitual. También formaba parte de la alimentación de los griegos y los romanos, quienes además lo dieron a conocer al resto de los países europeos. Durante la Edad Media este vegetal cayó en el olvido, pero el Renacimiento lo rescató del ostracismo, perviviendo en nuestras despensas hasta hoy.

Son una buena fuente de vitamina C, que tiene acción antioxidante y ayuda al fortalecimiento del sistema inmune; vitamina E, esencial para la prevención de coágulos en la sangre; y provitamina A –betacaroteno– y luteína, los cuales garantizan una correcta visión y ayudan a luchar contra los radicales libres que llevan al envejecimiento prematuro. También son una gran fuente de fibra, y nos aportan potasio, fósforo y calcio.

Los champiñones: Durante siglos, nuestros antepasados se las arreglaron con los hongos que encontraban en los campos y bosques. Los romanos tenían setas en el menú, los mayas y aztecas las usaban con fines medicinales y mágicos, los egipcios las consideraban el alimento de los dioses. Es probable que el consumo humano de setas se diese ya entre los primeros cazadores-recolectores, pero no hay datos fiables que lo corroboren.

En la Edad Media, las supersticiones convirtieron a las setas en “criaturas del diablo”, que hicieron que mucha gente tuviese miedo a consumir setas. 

En Oriente, el consumo de setas es antiguo y arraigado, y mientras Asia se instituía como la promotora en el cultivo de hongos, las setas siguieron causando temor y desconfianza en Europa, lo cual terminó por demonizar su consumo.

Esto cambió a mediados del siglo XVII cuando un productor de melones, cerca de París, tropezó accidentalmente con un descubrimiento muy importante; vertió agua utilizada para lavar las setas silvestres, sobre algunas sobras de compost gastado del cultivo de melones. Un poco más tarde, muchas setas brotan en este lugar. Fue un descubrimiento que revolucionará en mucho a nuestra sociedad. Esta nueva seta ganó rápidamente el nombre de “El champiñón de París” , convirtiendo a esta ciudad en el centro de la seta del mundo.

Fortalecen el sistema inmunitario gracias a su contenido en selenio. Es una fuente única de antioxidantes.  El selenio y la vitamina D contribuyen a la reparación del ADN evitando que sufra mutaciones y también, inhiben el crecimiento de células malignas que puedan ocasionar tumores. Contienen altas dosis de fibra, potasio y sodio, estos minerales ayudan a que los niveles de presión arterial no sean elevados, previniendo enfermedades cardiovasculares.

Leyendo todas las magníficas propiedades de estos dos humildes y económicos alimentos, y lo rápido y sencillo que es preparar esta receta, estoy segura de que se convertirá en un comodín en vuestras cocinas.

INGREDIENTES

-1 lámina de hojaldre cuadrada

-Queso cremoso (yo le he puesto camembert pero el brie le va fenomenal)

-1 huevo

-Un puñado de espárragos verdes limpios

-Un puñado de champiñones laminados

-Un puñado de mezcla de especias secas (ajo en polvo, orégano, romero y tomillo)

-Sal y pimienta

-Aceite de oliva

PREPARACIÓN

-Precalentamos el horno a 190º

-Extendemos la lámina de hojaldre en una bandeja previamente engrasada con aceite.

-Plegamos los bordes para formar una corteza.

-Cubrimos con una capa fina de queso cremoso, batimos el huevo y lo vertemos por encima.

-Disponemos los espárragos (con los extremos cortados) y los champiñones por encima, y regamos con un chorrito de aceite.

-Salpimentamos al gusto, y repartimos por encima las especias y los piñones.

-Horneamos unos 20 minutos, hasta que suba y veamos que coge un todo dorado.

-Servir caliente.

“Con el espíritu sucede lo mismo que con el estómago: sólo puede confiársele aquello que pueda digerir”

 WINSTON CHURCHILL

TORTOS ASTURIANOS CON PICADILLO Y HUEVOS

Hoy ha sido un día de trabajo en la huerta y el patio, así que el cuerpo nos pedía una comida rica y contundente, para recuperar fuerzas.

Y para contundente esta receta típica asturiana, que tenía muchísimas ganas de preparar pero para la que no encontraba el momento, ya que es una comida que luego necesitas desgastar. Así que una buena sesión de gimnasia rural, y arreglado.

Un poco de historia sobre su origen:

El maíz trajo una revolución social a Asturias. La fecha exacta en la que el cereal se introdujo en la región no se sabe. Hasta hace poco se creía que lo había traído Gonzalo Cancio y Méndez Casariego en 1604. Sin embargo, un testamento con fecha de 1598 documenta que un campesino le dejaba a sus herederos una fanega de maíz y otra de panizo, probando que el maíz llevaba en Asturias más tiempo de lo que se creía.

En la Asturias del siglo XVII el maíz se convirtió en el epicentro de una revolución social y económica. Crecía exponencialmente, especialmente en comparación con los cereales locales habituales, el trigo, el centeno o la escanda, y pronto se convirtió en el principal sustento del pueblo. El maíz, con su buen rendimiento, sirvió para alimentar a muchas personas en siglos de escasez. Por si fuera poco, sirvió también para alimentar al ganado y las partes no comestibles de la planta se utilizaron para cubrir los suelos de los establos y para encender la cocina de leña.

Su cultivo fue determinante para la evolución de los hórreos en paneras, con más espacio para almacenar el grano y con amplios corredores para secar las mazorcas, que en Asturias se llaman panoyas.

Con la harina de maíz metida de lleno en los hogares, fueron dos las creaciones culinarias más típicas: Las papas, una especie de natilla elaborada con harina de maíz tostada y leche o caldo, y los tortos.

Actualmente la producción de maíz en Asturias está en claro descenso, pero aún está muy presente en la gastronomía tradicional asturiana y los tortos con picadillo y huevo son uno de los muchos platos asturianos que tienen como base el maíz. También es una de las comidas más humildes que te puedas encontrar, sus principales ingredientes son harina de maíz, carne de cerdo picada y huevos, y sigue siendo muy popular en las zonas rurales, aunque hoy en día, gracias a la recuperación de las tradiciones gastronómicas y a la vuelta a los orígenes de la cocina de las guisanderas, el maíz asturiano está de plena actualidad. Cualquier restaurante o sidrería que proponga una gastronomía tradicional asturiana incorpora este plato, con variadas combinaciones para darles un toque más moderno, o al modo tradicional, que sigue siendo la combinación estrella.

La primera vez que los probé fue hace 5 años, en un restaurante típico de Gijón, donde un buen amigo nos hizo de guía por la ciudad a mi marido y a mí, que estábamos de viaje de recién casados, y nos llevó a un restaurante típico de allí (también hubo cachopo). Decir que salimos rodando creo que es totalmente innecesario.

Yo voy a preparar la receta tradicional tal como me la ha explicado una buena amiga asturiana, aunque ella no me dio cantidades (en los pueblos se preparaba a ojo, me cuenta), pero yo os incluyo cantidades para que sea más sencillo a la hora de elaborarlos, y la harina de maíz que uso es de Asturias.

INGREDIENTES (para 4 personas)

-200 g  harina de maíz

-50 g harina de trigo

-240 ml de agua tibia

-Una pizca de sal (unos 3 g. aprox.)

– 250 g de picadillo de cerdo

-4 huevos camperos (uno por persona)

-Aceite de oliva

PREPARACIÓN

-En un bol incorporamos los ingredientes para la elaboración de la masa de los tortos. Añadimos las harinas, la sal y el agua, poco a poco, a medida que la vamos integrando con un tenedor.

-Trabajamos la masa, inicialmente con un utensilio y después con las manos hasta conseguir una consistencia lisa y seca que se nos quedará ligeramente adherida a las manos.

-Formamos pequeñas bolas, del tamaño de una nuez, que colocaremos entre dos plásticos de cocina. Achatamos y estiramos con un rodillo. Se trata de una masa difícil de manipular por lo que al colocarla entre plásticos será mucho más sencillo el estirado y posterior manejo.

-Freímos los tortos en abundante aceite para freír.

-Calentamos una buena cantidad de aceite, de forma que los tortos puedan quedar flotando en él. Cuando el aceite esté bien caliente incorporamos 1 o 2 tortos. Freímos sólo por uno de los lados durante 2 o 3 minutos.

-Los cocinaremos por ambos lados hasta que estén dorados y los reservamos en una fuente con papel de cocina para eliminar el exceso de grasa. Dejamos reposar unos segundos para poder manipularlos. Reservamos.

-Freímos los huevos. Un punto importante de la receta está en los huevos. Añadimos en una sartén una cucharada de aceite de oliva y freímos los huevos sin que terminen de cuajarse. No deben quedar muy hechos (la yema debe quedar líquida) para que se puedan mojar los tortos.

-Sofreímos el picadillo en la misma sartén de los huevos.

-Montamos el plato uniendo todos los ingredientes, los tortos recién hechos, los huevos fritos  y el picadillo.

NOTA: se puede añadir a esta receta tradicional Queso de Cabrales desmenuzado por encima.

“Una de las mejores cosas de la vida es que debemos interrumpir regularmente cualquier labor y concentrarnos en la comida” 

LUCIANO PAVAROTTI

PLATITOS DE HOJALDRE CON CREMA DE SALMÓN Y SETAS

Hay días que me encanta abrir la nevera y la alacena, mirar que tengo por ahí e inventarme recetas, y este plato es una de ellas.

Una lámina de hojaldre, dos lomos de salmón, un bote de setas variadas, alguna cosa más, un poco de imaginación y en un momento tengo preparado un “Tierra y Río”.

Me encanta el salmón, es mi pescado favorito, y me gusta de todas las maneras, así que lo compro fresco pero siempre congelo algunos lomos para esos días que me entra el antojo de salmón, ya que en el pueblo no tenemos tienda, y por tanto, lo de tener caprichos momentáneos se torna empresa complicada.

En mi alacena también hay siempre botes con setas variadas, listas para preparar en cualquier momento, ya que me encanta añadir setas a mis recetas.

Tengo que confesar que mientras la iba preparando le decía  mi marido:  “No sé lo que va a salir de aquí” a lo que él me contestó: “algo bueno, como siempre”.

Y si, estaba buenísimo y he decidido que será un buen plato de entrante cuando tenga invitados a comer. Además con esas setas pequeñitas queda un plato muy bonito, o a mi me lo parece.

INGREDIENTES (para dos hojaldres)

-1 lámina de hojaldre

-2 lomos de salmón

-1 bote de setas variadas (con setas frescas también tiene que estar muy bueno)

-1 vaso de nata líquida

-100 g de queso de finas hierbas

-Mantequilla

-Sal y pimienta

PREPARACIÓN

-Primero preparamos los “platos” de hojaldre. Yo los preparé con dos moldes cuadrados que tengo de dos tamaños diferentes, uno más grande y otro más pequeño. Aquí os pongo las fotos porque es más sencilla la explicación con fotos que poneros todo el texto. Pero podéis hacer unas plantillas o simplemente, a mano alzada.

-En la placa de horno ponemos los cuadrados de hojaldre completo, con agua tibia bordeamos el cuadrado, colocamos el borde de las otras dos, y ya tenemos la base del platillo. Pintamos solo el borde con huevo, y pinchamos la masa en el centro y metemos algo de peso (garbanzos o bolas de hornear), para que crezca el borde pero no el centro. Así hacemos “el platillo de hojaldre”.

-Lo horneamos a 200 º en el horno previamente precalentado durante unos 15 minutos, luego quitamos el peso del centro y horneamos otros 10 minutos o hasta que se vea dorado. Los dejamos enfriar en una rejilla. También ponemos los cuadradillos sobrantes de hacer el borde de hojaldre pintado en huevo, que podemos aprovechar para comer la crema sobrante.

Mientras preparamos el relleno:

-Lo primero es quitar la piel del salmón, no la tiréis que la usaremos para decoración (está buenísima pasado por la sartén bien crujiente), y cortamos el salmón en trozos muy pequeños, reservando unas láminas delgadas de salmón, de medio centímetro más o menos, que también tostaremos para adornar el plato.

-Cortamos las setas en trozos pequeños (yo reservé unas setas muy pequeñas para adornar el plato).

-En una sartén ponemos un poco de mantequilla y añadimos el salmón, que vamos cocinando a fuego lento mientras aplastamos con el tenedor para deshacerlo. Añadimos las setas y mezclamos unos minutos, añadimos la nata, llevamos a ebullición removiendo para que no se pegue, y añadimos el queso a las finas hierbas. Seguimos con el hervor a fuego medio bajo hasta que esté todo integrado y la salsa espese. Salpimentamos al gusto.

-En una sartén con un poco de aceite tostamos la piel de salmón, las láminas de salmón y le damos una vuelta rápida en la sartén a las pequeñas setas para que nos se rompan al adornar el plato.

– Colocamos en una bandeja los platillos de hojaldre, ponemos una buena cantidad de relleno calentito, adornamos con unas láminas de salmón ,la piel crujiente y colocamos las setas.

“La cocina de autor es poner tu personalidad en lo que haces, y ese sentimiento la convierte en algo distinto”

 FERRAN ADRIÀ 

QUICHE DE ESPÁRRAGOS, CHAMPIÑONES, BEICON Y QUESO

Esta receta es una versión tuneada de la receta original del libro “VEG” de Jamie Oliver. Tengo que declararme fan absoluta de este cocinero. Me gustan sus recetas y me encanta ver sus programas, le pone una alegría a sus recetas, y yo disfruto viéndole cocinar. Soy una consumidora de programas de cocina y puedo decir que veo a pocos cocineros disfrutar de esa manera de todos su platos, lo vive con una intensidad que dan ganas de comer todo lo que prepara, aunque los ingredientes no te gusten. Creo que ese es su fuerte en este mundo tan ecléctico que es la cocina.

Aunque tengo claro que, además de cocinero, es todo un personaje que no deja indiferente. A diferencia de muchos cocineros y cocineras que campan por las televisiones con sus programas gastronómicos sin causar ninguna emoción, te gustan o no sus recetas y punto, Jamie hace de cada aparición un espectáculo, y eso crea por igual admiradores y detractores. Lo único que no comparto con él es su obsesión por añadir chiles a todas las recetas, cosa que yo descarto porque en casa no tomamos picante.

Yo soy una admiradora, lo confieso, y me veo todos sus programas y tengo todos sus libros.

Esta receta, como suelo hacer con todas, las llevo a mi terreno, usando la receta como base pero quitando y añadiendo cosas, según para quien vaya a cocinar y adecuarlo a los gustos de aquellos que van a disfrutar del plato.

El primer día que lo preparé tenía comida familiar, y lo cierto es que hice la quiche pensando que no iba a triunfar en demasía, y resultó que fue todo un éxito. Ahora en las visitas de mi padre, hermano y cuñado, no puede faltar en la mesa, y no quedan ni las migas (y si quedan ya se encargan de llevarse su porción a casa en un tupper).

Es muy sencilla de hacer, lo único trabajoso es estirar la masa porque es muy delicada, hay que estirarla en frío, y el proceso lleva un rato y hacer un poco de brazo. Y como los ingredientes básicos son de esos que siempre solemos tener en nuestras cocinas, te pueden sacar de un apuro si algún día tenéis que improvisar una comida o cena.

INGREDIENTES:

-125 g de harina

-125 g de harina integral

-125 g de mantequilla fría

-7 huevos grandes

-Medio kilo de espárragos

-Un puñado de champiñones

-Unas lonchas de beicon (opcional)

-150 g  de ricotta

-150 g de cheddar curado

– Un vaso de nata líquida (opcional, le da una consistencia más jugosa, pero se puede prescindir de ella)

-Aceite de oliva o mantequilla para engrasar el molde

-Sal marina

-Tomillo fresco

-Molde desmontable de 28 cm

PREPARACIÓN

-Ponemos en un bol las harinas con una buena pizca de sal marina, troceamos la mantequilla y la incorporamos. Hacemos un pozo en el medio y cascamos un huevo y añadimos una cucharada de agua fría. Mezclamos y amasamos hasta formar una bola. La colocamos entre dos láminas de papel vegetal y aplanamos hasta que tenemos 1,5 cm de grosor más o menos. Dejamos enfriar media hora en la nevera.

-Precalentamos el horno a 180º

– Sacamos la masa de la nevera, la estiramos entre las hojas de papel con el diámetro del molde desmontable que vayamos a usar, engrasamos el molde, y lo forramos con la masa, dejando que sobresalga por los bordes porque evitamos que se contraiga.

-Horneamos la masa unos 20 minutos o hasta que empiece a dorarse. A continuación podemos quitar los bordes o dejarlos, ese toque rústico queda muy resultón.

-Mientras preparamos el relleno. Cortamos las puntas de los espárragos, que es lo que vamos a utilizar (el resto se puede usar para hacer una crema, y si no se usan inmediatamente, congelarlos para otro día). Laminamos los champiñones y troceamos el beicon.

-Batimos los 6 huevos restantes, añadimos el ricotta y el cheddar rallado. Añadimos las puntas de espárragos, los champiñones, el beicon, la nata, y salpimentamos. Añadimos las hojas de tomillo.

-Vertemos dentro de la quiche y horneamos otros 40 minutos o hasta que la veamos dorada.

-Desmoldamos y servimos.

NOTAS:

-Podéis añadir la mezcla de quesos que tengáis por la nevera o que más os guste. Yo he probado con queso de cabra, con queso gorgonzola y ricotta, con quesos curados,etc… y están deliciosas de todas las maneras.

-Podéis quitar el bacon y añadir más verduras, eso siempre al gusto. Las quiches admiten infinidad de combinaciones.

-Yo uso champiñones portobello porque me encanta el sabor que le da a la quiche, pero podéis usar los que más os guste.

-El molde que yo uso el desmontable, de 28 cm, es el clásico con los bordes ondulados que le dan a la quiche una apariencia muy bonita una vez desmoldada, pero podéis usar cualquier molde. Lo más importante es el diámetro, a menos diámetro la masa puede quedar más gruesa y necesitar algo más de tiempo de cocción.

“El silencio es el sonido de una buena comida” 

JAMIE OLIVER

PATATAS A LA IMPORTANCIA Y COSTILLA ASADA

El otro día tenía una pieza de costilla para asar, petición de mi hija,  que le encanta. Normalmente la acompaño con guarnición de patatas y verduras asadas. Pero buscando una receta que no tiene nada que ver con esta comida, me apareció una foto de las patatas a la importancia.

Nunca las había preparado, pero desde la foto me estaban diciendo: “no sé a que esperas para sacar una cazuela”

Así que, ni corta ni perezosa, me puse a buscar recetas varias buscando la que más me convenciera, y al final, mirando entre mis libros de cocina, recordé de que tenía un libro de comida española tradicional donde venía una receta que me pareció la adecuada.

Como siempre me gusta indagar sobre el origen de los platos que preparo, me dispuse a hacerlo con este manjar. Creo que nunca había encontrado tan dispares teorías, aunque todos tenían un nexo en común, que fue un plato de origen humilde y que es tradicional en León y Palencia.

En su origen no llevaba azafrán, una especia cara y difícil de conseguir, e inexistente en las casas más humildes, y llevaba pimentón. Ahora se le añade el azafrán porque le da un toque exquisito a este plato, y es lo que uso en la receta. Si preferís hacer las originales sustituir el azafrán por pimentón y arreglado.

El nombre del plato, se cuenta, fue creado por nuestra ilustre escritora Emilia Pardo Bazán, autora de  libros como “La cocina española antigua” de 1913 y “La cocina española moderna” de 1914, donde ilustró a los lectores con recetas que conocía. El nombre sugiere un plato gourmet, ‘con eso de la importancia’, en realidad es una receta muy sencilla, de origen humilde y que resulta muy barata. Así que lo de “la importancia” debió surgir en forma sarcástica.

El asado de costilla no tiene la más mínima dificultad, seguro que todos en casa la preparáis en muchas ocasiones. Yo aquí os indico como la preparo yo, pero la protagonista de la receta es la PATATA A LA IMPORTANCIA.

Os puedo asegurar que no quedó nada en el plato, yo ni probé la costilla porque no podía dejar de comer este delicioso manjar. Que algo con ingredientes tan simples pueda estar tan delicioso nos da testimonio de la inventiva de nuestros antepasados para dotar de sabor a los platos en tiempos de escasez y pobreza, agudizando el ingenio a los fogones, y hace que admire más este tipo de platos sencillos y tradicionales.

Vamos a por la receta.

INGREDIENTES

Asado de costilla

-1 costilla de cerdo grande

– 2 ajos

-Perejil

-Romero y tomillo fresco

-Vino blanco

-Aceite de oliva

-Sal y pimienta

Patatas a la importancia

-1 patata  por persona

-1 cebolla

-2 dientes de ajo

-Perejil fresco

-2 huevos

-Harina

-Sal

-Pimienta

 -Vino blanco (un chorrito)

-Hebras de azafrán

-Caldo de pollo casero

PREPARACIÓN

-La costilla la adobo el día anterior, pero si no os es posible, hacerlo mínimo unas horas antes para que coja el sabor.

-En el mortero machacamos los ajos y perejil. En un bol añadimos aceite de oliva, la majada, un vasito de vino blanco, y las hojas del romero y el tomillo.

-Salpimentamos en una fuente honda que pueda ir al horno la pieza de costilla, y la cubrimos con la mezcla. Lo que yo hago es varias veces durante el día es sacarla de la nevera, e ir volteando la carne para que vaya cogiendo el adobo por todas partes. Y al día siguiente la saco por la mañana un par de horas antes de meterla en el horno.

-Se precalienta el horno a 190º y se asa lentamente dando vueltas cada cierto tiempo para que se haga por igual. El tiempo es aleatorio, todo depende del grado de asado que os guste, o la carne más tierna o más pasada, eso ya a vuestra elección.

Mientras preparamos las patatas:

-Comenzamos lavando las patatas y cortándolas en rodajas de un grosor de 1 cm más o menos.

-Salpimentamos las patatas y las pasamos por harina y por los huevos batidos.Tenemos que quitar bien el exceso de harina para que no se queden pegotes.

-Ahora tenemos que freír las patatas a fuego medio en abundante aceite de oliva un minuto por cada lado.

-Las pasamos a un papel absorbente para quitar el exceso de aceite.

-Pochamos a fuego suave la cebolla con un majado de los ajos y un poco de perejil. Lo dejamos muy lento durante unos 15 minutos hasta que quede blandita.

-Incorporamos una cucharadita de harina y rehogamos para quitarle el sabor a crudo. Agregamos el vino blanco y las patatas. Dejamos que se evapore el alcohol.

-Cubrimos con el caldo de pollo casero y ponemos unas hebras de azafrán. Dejamos cocinar a fuego lento durante 20 minutos. Yo lo tuve 30 minutos porque necesitó más tiempo. Comprobareis que las patatas están listas cuando las pinchemos y estén blanditas las rodajas de patatas.

-Servimos con perejil picado por encima.

“Lo más encogido y apretado que se puede imaginar en el mundo, no acierta a dar idea del grado de reducción que consigue el estómago de un labrador gallego.”

EMILIA PARDO BAZÁN

SOPAS DE AJO

Si hay un plato de aprovechamiento más conocido, barato, sencillo y reconfortante, son las sopas de ajo.

Recetas la hay múltiples y muy variadas, y también cambian según la región donde se preparen, pero la base siempre es la misma: pan duro,ajos, aceite, pimentón y agua. Si se le añade un buen caldo ganaremos en sabor, y luego según la zona se le añade jamón, huevo, o las dos cosas.

El origen de las sopas de ajo se remontan siglos atrás, aunque no se tiene muy claro donde y cuando exactamente.

Unos las sitúan en tierras zamoranas, donde se desayunaban durante la semana santa después de las procesiones nocturnas para recuperar energías y entrar en calor. Esas fuentes dicen que tenían un origen humilde, muy vinculado a esa etapa de ayuno y abstinencia ya que no se podía comer carne, y a la vez una manera muy ingeniosa de aprovechar el pan duro. Además era un almuerzo que protegía y calmaba los estómagos, y que gracias a las propiedades del ajo reforzaban las defensas ante la temida gripe y proporcionaba energía para la dura labor del campo.

Hay otra teoría que sitúa el origen en tierras turolenses, en concreto, en Alcañiz:

“En 1232, mientras el rey de Aragón, Jaime I el Conquistador, preparaba la conquista de Valencia desde tierras turolenses, concretamente desde Alcañiz, cayó enfermo de una rara enfermedad para la que sus médicos no encontraban solución. Probaron todo tipo de brebajes, pócimas y ungüentos, pero nada hacía mejorar al Conquistador. Hasta que una anciana turolense dijo tener la solución: solo necesitaba cabezas de ajo. El problema era que no quedaban en la zona, y la única posibilidad de obtenerlos era adentrarse en la huerta valenciana, en aquel momento bajo dominio musulmán”.

Si queréis saber la historia completa os dejo el enlace para que la podáis leer, resulta como menos curiosa.

https://historiasdelahistoria.com/2020/12/30/sabias-que-el-origen-de-las-sopas-de-ajo-esta-en-la-valentia-de-los-turolenses

Como dije anteriormente recetas hay muchas y variadas. Yo os voy a poner la receta más típica de las sopas de ajo de mi tierra, El Bierzo. Espero que os guste.

Las cantidades para las sopas de ajo no son precisas, os doy unas cantidades aleatorias, según os gusten mas espesas y más sueltas, aquí se juega con la cantidad de pan y de caldo, que se añadirá según el gusto personal.

INGREDIENTES

-4 dientes de ajo

– 2 huevos (si os gusta con más huevo añadirlo)

-3 rebanadas grandes de pan duro

-1 litros y medio de caldo de carne, pollo, o si no tenéis, agua

-Sal

-2 cucharadas de pimentón dulce (podéis poner la mitad de picante si os gusta)

-Aceite de oliva virgen

-Unos tacos de jamón serrano (opcional)

PREPARACIÓN

-El pan lo cortamos en trozos finos, el ajo lo fileteamos.

-En una cazuela grande cubrimos el fondo con aceite de oliva, lo suficiente para poder saltear los ajos y el pan.

-Cuando esté el aceite caliente se saltean los ajos, y cuando estén dorados añadimos los tacos de jamón si decidimos añadírselos a la receta. A continuación el pan. Doramos un poco, añadimos el pimentón y apartamos la cazuela del fuego para que nos se queme y damos vueltas para que se integre al pan.

-Regresamos la cazuela al fuego y a añadimos el caldo (un consejo, añadir el caldo hasta cubrir el pan e ir comprobando el espesor, si os gustan más sueltas, ir añadiendo el resto del caldo, hasta conseguir la textura que os guste). Cocemos a fuego bajo durante unos 15 minutos, siempre pendientes de añadir o no más caldo.

-Salamos al gusto.

-Rompemos los huevos sobre la sopa y dejamos cuajar durante 2-3 minutos.

-Las sopas se sirven tradicionalmente en cuenco de barro y se come con cuchara de madera.

“Siete virtudes
tienen las sopas,
quitan el hambre,
sed dan poca.
Hacen dormir
y digerir
Nunca enfadan
y siempre agradan.
Y crían la cara colorada”

REFRANERO