NOODLES CON BONITO A LA MEDITERRÁNEA

Aquí os traigo otra receta de aprovechamiento con estilo asiático mediterráneo. Me diréis, ¿es qué te acabas de inventar un estilo nuevo de cocina? Pues no, es echarle imaginación para que de un poco comamos unos muchos, sin perder sabor, y fácil de preparar (ya sabéis que son mis recetas favoritas). Si fuera una estrella Michelín le llamaría “cocina de fusión”. Como soy una aficionada le llamaré “vamos a ver que hacemos con lo que tenemos”.

Esta vez lo que me encontré al hacer un repaso visual al congelador eran un puñado de  langostinos, un puñado de mejillones que me quedaron de otra receta y  un filete de bonito. Por con esto sólo no da ni para un comensal, así que mi cabeza empezó a maquinar. ¿Tengo un paquete de noodles en la despensa? Arreglado. El truco para dar sabor, hacer un caldito rápido con las cabezas de los langostinos y los mejillones.

Así que en un momento me preparé esta receta a la que me ha dado por llamar noodles con bonito a la mediterránea. No sé si el nombre es acertado, pero a mí me gusta, y me trae recuerdos de esas comidas que hace poco disfruté en tierras mallorquinas con la que aún suspiro. Puede parecer una locura de receta, y hasta frunciréis el ceño al leerlo en plan ”esta vez se le ha ido la pinza”. Pero los probaréis y diréis “esto está riquísimo, queremos más locuras de estas”.

INGREDIENTES

-1 filete de bonito

-Langostinos

-Mejillones

-Ajo

-Perejil

-Laurel

-Vino blanco (medio vaso)

-Aceite de oliva virgen

-Sal

-Unas hebras de azafrán

-Noodles

-Salsa de soja

-Jengibre en polvo

PREPARACIÓN

-Primero preparamos un caldito rápido para darle sabor. En una sartén con un poco de aceite sofreímos las cabezas de los langostinos, apretando bien para que salga el jugo. Añadimos las colas de los langostinos, removemos un poco, cubrimos de agua, añadimos una hoja de laurel y llevamos a ebullición. Dejamos hervir unos minutos, colamos y reservamos el caldo.

-Mientras cocemos los mejillones, y también colamos el agua de cocción.

-En una cacerola ponemos aceite a calentar, que cubra el fondo. Sofreímos ajos y cuando empiecen a dorar añadimos el filete de bonito cortado en tacos no muy grandes. Cuando haya cogido color añadimos el vino y dejamos reducir.

-A continuación añadimos el caldo de la cocción hasta que cubra el bonito, llevamos a ebullición, añadimos las hebras de azafrán y rectificamos de sal. A los cinco minutos añadimos las colas de langostinos y los mejillones. A fuego medio bajo lo cocinamos todo unos cinco minutos hasta que todo haya cogido color y sabor. Espolvoreamos en los últimos segundos con perejil fresco picado. Reservamos.

-Cocemos los noodles según instrucciones del fabricante.

-Ponemos un wok a calentar con unas gotas de aceite, añadimos los noodles, una cucharadita pequeña de jengibre en polvo, una cucharada de salsa de soja y mezclamos bien.

-Para servir ponemos en un bol los noodles, y encima colocamos los langostinos, los mejillones y el bonito y regamos con un poco de la salsa marinera. Servir inmediatamente para que no se enfríe.

“No busco la proeza culinaria, quiero ofrecer los placeres esenciales” 

 FRANCK CERUTTI (CHEF ITALIANO)

ENSALADA DE GARBANZOS Y ATÚN

En época estival lo que menos suele apetecer es meterse en la cocina y complicarse con los menús, sobre todo cuando tienes invitados. Lo que más deseamos es compartir mesa, mantel y charla con ellos, disfrutando del buen tiempo, y no metida entre fogones.

Además con el calor (bueno, para aquellos que estén disfrutando de un maravilloso verano, un placer que aquí todavía no hemos disfrutado todavía), lo que más te pide el cuerpo son cosas fresquitas, como las ricas ensaladas que se pueden preparar en un momento, y que además de estar riquísimas, son una gran fuente de energía, sobre todo cuando son de legumbres.

La variedad de ensaladas con legumbres es infinita, pero una que a mí nunca me falla, y que a la familia invitados les encanta, es esta ensalada con garbanzos, mi favorita en cualquier estación del año. Como podéis comprobar es muy nutritiva y completa, y sirve tanto como entrante para recibir invitados como para plato único para la comida diaria.

Es una legumbre indispensable en los pucheros tradicionales, y destaca por ser una fuente destacable en hidratos de carbono de absorción lenta, que producen una asimilación gradual de la glucosa.

Esto evita el desequilibrio de los niveles de azúcar y genera una energía constante.

Es muy proteico, pero al mismo tiempo, muy pobre en grasas saturadas y rico en fibra, por lo que contribuye a regular el colesterol.

Su riqueza en fibra mejora el tránsito intestinal y contribuye a que la absorción de los hidratos de carbono sea todavía más lenta.

El garbanzo tiene muchos minerales, sobre todo fósforo, hierro y magnesio y es especialmente rico en vitaminas B1, B6 y ácido fólico.

Su aporte de carbohidratos y proteínas lo hacen muy adecuado para estados de astenia, niños, adolescentes y personas que realizan esfuerzos físicos, como los deportistas. Favorece la digestión y regula la tensión arterial.

No hay unanimidad a la hora de señalar su origen: unos lo sitúan en la cuenca mediterránea y otros en Asia occidental. En cualquier caso, se remonta a tiempos prehistóricos, ya que se han encontrado indicios de su presencia en excavaciones preneolíticas en Sicilia.

Además, se tiene constancia de que era bien conocido en el antiguo Egipto, Babilonia, Persia y la India, donde todavía es utilizado por la medicina ayurvédica para combatir enfermedades de la piel.

El garbanzo también era un alimento habitual para los griegos, romanos y cartagineses. Precisamente estos últimos fueron quienes lo introdujeron en España.

INGREDIENTES

-400 gr. garbanzos cocidos (pueden ser de bote, los hay de muy buena calidad, y os aseguráis de que quedan duros y consistentes, ya que al cocerlos tienden a deshacerse con mucha facilidad).

– 2 ajos

-Perejil

-Mostaza a la antigua (si queréis que el sabor sea menos fuerte utilizar la mostaza normal)

-Aceite de oliva virgen extra

-Vinagre de vino blanco

-Atún desmigado

-Huevos cocidos para adornar (yo los uso de codorniz porque quedan más bonitos pero podéis usar huevo de gallina sin problema)

-Aceitunas ( verdes o negras, eso al gusto)

PREPARACIÓN

-Se escurren bien los garbanzos y se lavan bajo el chorro de agua fría. Se ponen a escurrir en un colador. Luego se ponen en un recipiente, bandeja o donde querrías presentarlo.

-En el mortero majamos el ajo y el perejil, y añadimos cuatro cucharadas soperas de aceite, una de mostaza, y lo vamos emulsionando despacito, y luego añadimos dos cucharada de vinagre mientras seguimos mezclando con el tenedor o una varilla de cocina hasta que esté todo integrado. En este punto probamos la mezcla y aquí añadimos un poco más de mostaza, aceite o vinagre a vuestro gusto, según el sabor que queráis que destaque más en la ensalada.

-Luego añadimos la mezcla a los garbanzos y lo dejamos un par de horas mínimo macerando en la nevera y cojan el sabor.

-Cuando se vaya a servir añadimos el atún y mezclamos, y luego decoramos con los huevos y las aceitunas.

-Lista para servir.

“Eres lo que comes. ¿Qué te gustaría ser?” 

JULIE MURPHY.

TRONCO AL PESTO CON PAVO Y QUESO GOUDA

Hoy os enseño una de esas recetas de aprovechamiento que tanto me gustan. Abres la nevera y miras las sobras que tienes, un poco de aquí y otro poco de allá, y en menos de media hora tenéis una receta rápida, donde podéis combinar otro tipo de fiambres o quesos, y que te arregla una comida o un entrante en un plis.

Las recetas de aprovechamiento es algo que ya hacían con mucho arte e inventiva nuestras madres y abuelas, que vivieron una época de mucha hambruna y penurias, y con familias muy numerosas que alimentar, y que convirtieron la comida de aprovechamiento en un modo de subsistencia. Siempre vi en mi casa como se guardaban las sobras y a final de semana se sacaba todo y se veía, con todos esos restos de comida, que se podía hacer. Solían acabar en forma de croquetas o de guisos, ya que las sobras eran totalmente diferentes a las que podemos acumular nosotros (por favor, no tiréis nada, todo sirve con un poco de imaginación, y la comida no se puede desperdiciar como lo hacemos en esta sociedad de consumo que hemos creado).

España es el séptimo país en el que más alimentos en buen estado se desperdician dentro de la Unión Europea con 7,7 millones de toneladas. Como media cada español tira a la basura semanalmente más de medio kilo de comida, lo que supone 76 kilos al año por hogar, según los datos que maneja la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). Así, los hogares españoles tiran al año 1,5 millones de toneladas de alimentos que son válidos para el consumo, que serían unos 250 € por persona y año. Tirar algo que sobra parece un gesto pequeño y sin importancia, pero pasada a cifras da que pensar ¿verdad?

Así que desde este humilde blog que aboga por la cocina de aprovechamiento como medida para paliar ese despilfarro de alimentos y como ahorro en la cesta familiar, os voy mostrando las diferentes recetas que se me van ocurriendo con las sobras de mi nevera, y dando ideas para que hagáis lo mismo. Vuestro bolsillo y el planeta os lo agradecerá.

Esta vez tenía un poco de masa de pizza sobrante, una ración de salsa pesto que sobró al preparar unos tallarines, unas lonchas de jamón de pavo asadas, y un poco de queso gouda que se había quedado algo duro (todos tenemos en la nevera esos trozos de queso o de fiambres que se van quedando al fondo y que se nos terminan poniendo duros, y de ahí a la basura). El pesto en esta receta es el que le da ese toque especial, pero si no tenéis, u os ha sobrado alguna salsa de otra preparación ,usadla, estará rico también y la finalidad de estas recetas es eso, aprovechar lo que tenemos. Vamos con la receta.

INGREDIENTES

-Masa de pizza

-Lonchas de queso gouda

-Filetes de pavo asados

-Salsa pesto

– 1 huevo para pincelar

-Semillas variadas (opcional, podéis sustituirlas por semillas de sésamo, no echarle nada, eso al gusto)

PREPARACIÓN

-Ponemos el horno a precalentar a 180º

-Estiramos la masa sobre una superficie enharinada que no quede muy gruesa.

-Con una cuchara ponemos el pesto y lo repartimos por toda la base dejando mínimo 1 cm alrededor sin salsa para que al enrollarlo no se salga por los bordes.

-Colocamos las lonchas del fiambre y por encima las lonchas de queso.

-Enrollamos formando un tronco y cerramos bien los bordes para que no se salga ni el relleno ni la salsa.

-Pintamos bien el tronco con huevo.

-Esparcimos por encima las semillas.

-Horneamos unos 15-20 minutos o hasta que observamos que toda la superficie ha cogido un tono dorado.

-Acompañamos con una ensalada y listo para comer.

“La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida.

NICOLÁS-SEBASTIEN ROCH CHAMFORT

POLLO CON CÍTRICOS Y ACEITUNAS

En mi casa la carne que más se consume es el pollo. Una carne deliciosa, económica, que da muchísimo juego en la cocina, y además es una carne con muchas propiedades.

Es una carne blanca, baja en grasas, y con altos niveles de proteínas además de un alto contenido en nutrientes y vitaminas, es rico en fósforo, un mineral esencial que nutre a los dientes y huesos, así como a los riñones y el hígado, tiene una alta cantidad de retinol, alfa y beta-caroteno, licopeno y, todos los derivados de la vitamina A, que son esenciales para permitirnos poder tener una salud visual adecuadas, es fácil de digerir y es bien tolerado por quienes sufren trastornos digestivos ya que su tejido conectivo es más fácil de desintegrar.

Y como a mí me encanta probar recetas de otros países, a falta de medios para ir a probarlos en persona (mi lista de países a los que quiero viajar tanto por su cultura como por su gastronomía es muy larga), esta vez vamos a viajar a Grecia, la cuna de la democracia, de la filosofía, y con una gastronomía deliciosa.

Los ingredientes principales en la gastronomía griega son muy variados, utiliza principalmente ingredientes locales propios de la dieta mediterránea, como vegetales, aceite de oliva, aliños de limón, quesos, pescado y carnes frescos, cereales, miel, y la aceituna, que es uno de sus productos estrella. Las aceitunas Kalamata, producidas en el sur del Peloponeso y en Creta, son toda una delicatesen, y protagonista de uno de sus platos más famosos, la ensalada griega.

Sabéis que suelo preparar recetas sencillas, económicas y para toda la familia, es mi trío de prioridades cuando me meto en la cocina, porque quiero que todos puedan cocinar mis platos y también hay que mirar por la economía familiar, como digo muchas veces.

Esta receta es todo lo anterior,  y os prometo que se pusieron “las botas” y que el pan voló con la salsa  que acompaña el plato, porque aunque es un plato simple, la combinación de los cítricos con las especias es deliciosa. Yo combiné limón y lima, pero se puede hacer sólo con limón o sólo con lima, a gusto del consumidor.

INGREDIENTES

-½ cucharadita de canela en polvo

-1/2 cucharadita de cúrcuma en polvo

-1 pollo entero o troceado (yo lo uso troceado porque es más cómodo de servir y uso la carcasa para hacer el caldo)

-Aceite de oliva virgen

-Cebolla (como siempre, yo uso la congelada, no apta para consumo en crudo pero perfecta si vas a cocinarla)

-1 trozo de unos 5 cm de jengibre fresco rallada

-2 ½ de caldo de pollo (yo lo preparé con unas verduras y la carcasa del pollo).

-1 limón y 1 lima en gajos con piel

-75 g de aceitunas negras deshuesadas

-1 cucharada de miel

-4 cucharadas de cilantro fresco picado

-Sal y pimienta molida

-Ramitas de cilantro para adornar

PREPARACIÓN

-Precalentamos el horno a 190º

-Mezclamos en un bol la canela, la cúrcuma, la sal y la pimienta y frotamos la piel del pollo muy bien.

-Calentamos aceite en una sartén (unas 2 cucharadas) y freímos el pollo por todos los lados hasta que se dore. Lo colocamos en una fuente apta para el horno con tapa.

-Añadimos a la sartén la cebolla y la freímos unos minutos y a continuación añadimos el jengibre rallado y el caldo, y calentamos hasta que esté a punto de hervir. Regamos el pollo con esta mezcla, tapamos y horneamos durante media hora.

-Sacamos el pollo del horno, agregamos los gajos de limón y lima, las aceitunas y la miel. Horneamos otros 45 minutos más sin tapar, hasta que el pollo esté tierno.

-Agregamos el cilantro, rectificamos de sal, removemos un poco, y adornamos con unas hojas de cilantro.

-Podemos añadir unas patatas cuando añadimos los cítricos para acompañar. En nuestro caso lo acompañamos con una ensalada verde aliñada con sal, aceite, limón y unas aceitunas negras.

 “Toda la historia humana atestigua que, desde el bocado de Eva, la dicha del hombre depende de la comida”

LORD BYRON

MERLUZA CON SALSA MARINERA

Hoy os traigo una de mis recetas favoritas para preparar el pescado. En casa les encanta porque esta salsa marinera está  de “toma pan y moja” y como mis costilletos no son muy amantes de los frutos del mar, es una manera de disimular el pescado y que los platos queden limpios.

Cierto es que suelo poner pocas recetas de pescado, aunque confieso que es uno de mis alimentos favoritos junto a las verduras (algo que no es compartido por mis hijos), y me gusta de todas las maneras posibles, guisado, frito, cocido, al vapor, etc… Ellos lo prefieren al horno con una patatita, o rebozado; vamos, como se prepara comúnmente y que no necesita de instrucciones. Y es por ello que las recetas de pescado son más escasas por estos lares, eso y porque son mas de carne y de pasta, para que nos vamos a engañar.

Esta receta es muy sencilla, la preparación es rápida, y si tenéis invitados, es un plato ideal como segundo, sin tener que invertir mucho tiempo. Esta es la versión económica, en días de fiesta suelo cocinarlo con rape, e incluyo almejas, mejillones, langostinos, etc… pero para un día de semana, y teniendo en cuenta el precio de estos productos frescos, y como hay que mirar por la economía doméstica, sin renunciar a platos ricos, lo preparo con unos medallones de merluza y uso marisco congelado, que se puede adquirir a precios muy buenos y de una calidad bastante aceptable.

Es un plato para servir caliente, cosa que en el norte hasta agradecemos porque el frío, este año, no nos quiere abandonar.

INGREDIENTES

-8 medallones de merluza

-Marisco congelado (gambas, mejillones,almejas, a elegir)

-Guisantes

-1 vaso de vino blanco

-Harina

-Pimentón

-Ajo y perejil fresco

-Aceite de oliva

-Sal

PREPARACIÓN

-Ponemos el marisco congelado en un recipiente con medio litro de agua hirviendo. Le damos un golpe de hervido de un par de minutos y reservamos esa agua para cocinar la salsa (no la usaremos toda).

– Salamos un poco los medallones de merluza y los pasamos por harina. Ponemos en una sartén o tartera amplia aceite a calentar, y pasaremos los medallones un minuto por cada lado más o menos, hasta que comprobemos que están dorados. Los sacamos a un plato con papel de cocina para que suelten todo el aceite y reservamos.

-En el aceite de dorar el pescado sofreímos ajo y perejil bien picados, añadimos  una cucharada sopera de harina y otra de pimentón, mezclamos bien con cuidado que no se pegue (siempre fuego medio), y añadimos el vino. Dejamos reducir unos segundos, añadimos el pescado, los guisantes (si son congelados los coceremos unos 5 minutos antes de añadirlos al guiso), y cubrimos con el caldo que habremos colado previamente.

-A fuego bajo dejamos que se guise todo junto unos 10 minutos hasta que comprobemos que pescado y marisco están en su punto y la salsa queda espesa, y si espesa demasiado vamos añadiendo agua de la cocción, pero de poco en poco para no pasarnos y que nos quede una salsa líquida. Rectificamos de sal.

-Servimos caliente  y con bastante pan (os hará falta).

“Mentir y comer pescado, requieren mucho cuidado”

REFRANERO POPULAR

ALBÓNDIGAS EN SALSA

Llega el verano, las vacaciones escolares, y con ellas la vuelta a casa del universitario. Así que toca preparar todos esos platos que son sus favoritos y que allí no prepara, y no por pereza, según sus palabras, sino porque no son “las de mamá”, una sutil forma de disfrazar la pereza.

De todos ellos, mis albóndigas en salsa es su favorito, y a lo largo de los meses de verano veréis por aquí muchos platos que son peticiones expresas de mi primogénito. Ya sé que vosotras, madres, estaréis pensando: “en mi casa pasa lo mismo”. Es lo que tiene tener retoños, que piden por esa boquita, y como nos tienen tomada la medida, saben que no nos podemos resistir a esa expresión de “hijos poniendo ojuelos”.

En todas las casas creo que existe esa receta de albóndigas especial de la familia, y esta es la mía. Sencilla, sin complicaciones, con unos pocos ingredientes (por eso es muy importante que los productos sean de calidad), y muy jugosas, una de las cosas más importantes de este plato porque es muy fácil que se queden secas.

En mi casa utilizamos la carne picada de cerdo, porque  no les gusta la de ternera, les resulta más fuerte y más seca, pero podéis usar la carne que os apetezca, cerdo, ternera, pollo,etc…

Yo utilizo tomate de nuestro huerto. En tiempo de cosecha lo embotamos al natural para tener reserva para el resto del año.

Vamos con la receta.

INGREDIENTES

-1 kg. de carne picada de cerdo.
– Pan rallado con ajo y perejil (yo lo hago casero).
– 2 huevos medianos.
– 1 chorrito de leche.
– Sal.
– 3 zanahorias picadas.
– 3 pimientos picados.
– Cebolla (yo uso la congelada porque ya sabéis mi fobia a dicho alimento).
– Tomate natural triturado.
– Un vasito de vino blanco o rosado.

PREPARACIÓN

-Ponemos la carne picada en un bol y salpimentamos.

-Añadimos el huevo, la leche y el pan rallado y mezclamos bien. Si vemos que quedan secas añadimos otro chorrito de leche, hasta que veamos que la consistencia es jugosa.
-Hacemos las bolas (yo me he agenciado este cacharro que véis en la foto y es muy cómodo y además quedan todas las albóndigas del mismo tamaño), y las paso por un poco de harina.

– Las freímos en una sartén con aceite de oliva a tandas, y según se van friendo las reservamos en una tartera tapadas para que no enfríen.

-En la sartén donde freímos las albóndigas vamos a hacer la salsa. Lo primero es quitar aceite y dejar solo que quede un dedo de altura más menos. Sofreímos a fuego lento la cebolla, los pimientos y las zanahorias. A los 5 minutos añadimos el tomate. Vamos cocinando todo a fuego lento unos cinco minutos y añadimos el vino y un vaso de agua.

-Dejamos que se cocine a fuego lento hasta que quede una salsa algo espesa, añadiendo agua si vemos que espesa demasiado, hasta que la salsa esté en su punto. Rectificamos de sal.

-Pasamos por el colador la salsa en la tartera donde dejamos las albóndigas, reservando la zanahoria, cebolla y pimiento para añadir más tarde, ya que a mis hijos no les gusta encontrar los “tropezones” y lo paso todo por la batidora para añadirlo a la salsa y se coman las hortalizas sin que haya quejas.

-Ponemos la tartera al fuego (siempre fuego medio-bajo) y dejamos que se cocinen a fuego lento, comprobando que la salsa no reduzca demasiado (si es así añadir otro poco de agua). Pasamos por la batidora  la mezcla de vegetales que habíamos reservado y se lo añadimos a la salsa. Dejamos a fuego bajo que se cocine todo junto unos 10 minutos, hasta que comprobemos que las albóndigas están en su punto y la salsa tiene el espesor deseado.

-Puedes acompañar este plato con una ensalada verde, unas patatas fritas en cubos, arroz blanco, o mi opción favorita, que es con unas verduras hervidas para que sea un plato más completo. Aquí al gusto del consumidor.

Advertencia: este plato puede provocar un ansia viva de untar pan en la salsa, recomiendo tener una buena cantidad del mismo encima de la mesa, o al contrario, esconderlo lo más lejos posible para evitar la tentación.

“Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien.”

 VIRGINIA WOOLF

PASTEL DE CALABACÍN, PATATA, BEICON Y PROVOLETTA

A estas alturas creo que ya todos conocéis mi debilidad por las recetas sencillas, rápidas de preparar, con ingredientes fáciles de encontrar, de temporada, y que sean económicas. Si bien a veces me vengo arriba con recetas más elaboradas o difíciles, lo que más me gusta es compartir con vosotros recetas simples pero sabrosas.

Este pastel es muy completo y servidos con una buena ensalada se convierte en un plato único, y es otra manera muy sabrosa de usar el calabacín y que lo coman los más jóvenes de la casa, que los que tenemos hijos sabemos, en la mayoría de los casos, de la dificultad que entraña incluir verduras y hortalizas en el menú sin que aparezcan los ceños fruncidos o la famosa frase “es que no tengo nada de hambre”.

Una de las mejores cosas que tiene este pastel es que podéis hacer muchas combinaciones distintas o cambiar unos productos por otros a gusto personal, como usar la berenjena, unos champiñones  de tamaño grande (los que se usan para rellenar), cambiar el beicon ahumado por pechuga de pavo o pollo, y el queso también al gusto. Yo en esta receta usé el Provoletta, que es un queso italiano muy sabroso y con cuerpo. Yo lo encuentro en el Lidl cuando ponen la semana de productos de Italia, y siempre aprovecho para preparar recetas con este queso, que ya viene loncheado, y para este tipo de pasteles viene muy bien porque se derrite pero mantiene la forma. También lo uso para preparar los  San Jacobos caseros. Ya os prepararé otro día unos “San Jacobos” donde sustituyo el fiambre por lonchas de calabacín y el Provoletta en el medio. Con el rebozado casero y una guarnición de arroz blanco frito es una delicia, y esto sí que lo devoran los peques de la casa, os lo aseguro.

Una recomendación ,usar quesos que mantengan una buena consistencia en el pastel una vez horneado, porque si usáis uno que se derrita rápido, como la mozarella, se desparramará por todo el pastel y no es lo queremos. Y por favor, no me uséis las lonchas de queso que vienen en paquetes, tipo tranchetes. Puede que no lo sepáis, pero eso no es queso (sé que acabo de romper algunos corazones, pero tenía que decirse y se dijo). Son productos procesados a base de grasas, proteínas del suero de la leche, sólidos, aromas, colorantes, aditivos y altos niveles de sodio. O sea, que es un producto ultraprocesado que nos venden con la coletilla de queso. Podéis seguir usándolas, pero ahora ya sabiendo lo que estáis comiendo (de nada).

Yo use Provoletta pero también va muy bien el Massdam, el Emmental, o alguno de nuestros buenos quesos semi curados, o curados para los más valientes. Id probando, porque sé que cuando preparéis este pastel lo vais a incluir en vuestro repertorio.

La pasta brisa que he usado es de compra, pero se puede hacer en casa. En otra ocasión la prepararemos.

INGREDIENTES

-1 lámina de pasta brisa

-1 calabacín

-1 patata bastante grande

-Beicon ahumado loncheado

– Queso en lonchas

-Tomillo fresco o seco

-Orégano fresco o seco

-Aceite de oliva virgen

-Sal en escamas (sino tenéis sal común)

-1 huevo para pincelar

PREPARACIÓN

-En un molde desmontable (yo usé mi incombustible molde de quiche), forramos el fondo con papel de hornear y engrasamos los bordes con aceite de oliva o un poco de mantequilla, para evitar que la masa se pegue. Si la masa es de menor diámetro que el molde estirarla un poco con un rodillo de cocina. Tiene que cubrir todos los bordes del molde. Pinchamos el fondo para que la masa no suba y la pincelamos un poco con aceite de oliva.

-Cortamos en láminas las patatas y los calabacines, más o menos de medio centímetro. Las lonchas de beicon las dividimos en tres y las lonchas de queso las cortamos en cuatro, en forma de cuatro triángulos.

-Vamos alternando una lámina de calabacín, una de patata, una de beicon si tiene un buen grosor y si son finas colocamos dos, y una loncha de queso.

-Salamos con las escamas de sal por encima de la patata y el calabacín, echamos un chorrito de aceite por encima, y separamos los bordes de la masa y cubrimos el alrededor de haciendo un bordecito , que además de bonito queda crujiente y está buenísimo.

-Pincelamos el pastel con huevo batido y espolvoreamos por encima las hojas de tomillo y orégano.

-Horneamos durante unos 25 minutos, o hasta que comprobéis que la masa está dorada y la patata cocinada, en el horno precalentado a 180º.

-Desmoldamos y servimos inmediatamente.

“Una comida bien equilibrada es como un poema al desarrollo de la vida.”
ANTHONY BURGESS

PASTEL DE MASA FILO, CARNE PICADA Y GORGONZOLA

Compré en mi carnicería de confianza una carne de cerdo buenísima, me la pican al momento y la traigo bien fresquita para casa. Mi primera intención era preparar una lasaña, pero al abrir el frigorífico para guardarla me encontré de frente con un paquete de masa filo que iba a caducar, y un poco de queso gorgonzola guardado en la nevera también. Así que se me encendió la bombilla de “vamos a ver que hacemos con lo que tenemos” y se me ocurrió usar la carne picada para preparar este pastel. Todo un éxito.

La combinación de la carne con el queso azul, el crujiente de la pasta filo, es una delicia. Además es un plato sin ninguna dificultad, que se prepara en poco tiempo, y como es contundente y llena bastante, es ideal cuando tienes invitados porque te arregla un menú en un momento.

El queso gorgonzola es un queso que suelo utilizar en muchas recetas porque me encanta el sabor que les proporciona, yo siempre uso el gorgonzola dulce, que tiene menos tiempo de maduración y es más cremoso y de sabor más suave, hay gorgonzola picante, cuyo tiempo de maduración aumenta y el sabor es más fuerte. Aquí, como siempre, a gustos.

 Es  un queso italiano de vetas azules y verdes originario de la región de Milán en Lombardía. Su origen es incierto pero data de finales de los años 800. Parece que en la antigüedad el queso se llamaba “stracchino” (queso blando), cuya palabra proviene de “stracco” que significa “cansado”.

La historia habla de que pueblo de Gorgonzola constituyó una etapa importante para los rebaños de vacas durante el pastoreo, desde donde pastaban en invierno hasta la montaña, donde la hierba permanecía fresca todo el año.

Durante el trayecto, después de haber caminado durante muchos días, las vacas cansadas tenían que descansar, por lo que este pueblo tuvo adoptar los medios para evitar perder la leche y transformarla en queso, luego se mantenía en las cuevas naturales del valle de Valassina, cuyas condiciones eran perfectas para el desarrollo del moho azul, lo que dio origen al término Stracchino di Gorgonzola, que luego se simplificó a Gorgonzola.

Desde 1953 el queso gorgonzola recibió la Denominación de Origen Controlada (AOC), completado en 1996 por una denominación de origen protegida.

INGREDIENTES

-5 láminas de pasta filo

-500 g de carne picada de cerdo

-Cebolla bien picadita (ya sabéis que yo uso la congelada, ideal para guisos y para aquellos que como yo no se lleven bien con esta hortaliza)

-400 g de tomate natural triturado

-1 zanahoria

-1 pimiento

-1 vasito de vino blanco

-Sal y pimienta

-Orégano

-Queso gorgonzola (al gusto)

-Aceite de oliva o mantequilla para untar las láminas de pasta filo

-Semillas de sésamo

-1 molde desmontable de 22 cm

PREPARACIÓN

-En una cacerola cubrimos el fondo con aceite de oliva y cuando esté caliente añadimos el pimiento, la zanahoria y la cebolla cortada bien fino todo, y doramos. Siempre a fuego medio para que no se queme la cebolla.

-Cuando esté dorada la cebolla ponemos la carne picada, y rehogamos, hasta que la carne se selle.

-Una vez sellada bien la carne, añadimos el vaso de vino blanco, y dejamos que se evapore el alcohol. A continuación añadimos el tomate triturado, y a fuego medio guisamos la carne hasta que comprobemos que está en su punto.

-Reservamos.

-Precalentamos el horno arriba y abajo a 180º

-Pincelamos bien el molde con aceite de oliva o mantequilla, eso al gusto.

-Mantenemos la masa filo sobre un trapo de cocina limpio y mientras vamos usando una lámina el resto la mantenemos tapada con otro trapo de cocina limpio y húmedo, porque se resecan muy rápido al contacto con el aire.

-Cogemos una lámina, tapamos el resto. Pincelamos cada lámina con la mantequilla fundida o el aceite de oliva y la colocamos sobre el molde dejando que sobresalga por los bordes para luego poder cerrar el pastel por encima. Hacemos estos con todas las láminas, cruzándolas por todo el molde para que nos quede borde de masa por todo el diámetro y que quede bien cubierto el pastel.

-Añadimos la carne y por encima colocamos el queso (aquí podéis ser más o menos generosos según el nivel de queso que queráis en el pastel).

-Vamos doblando y cubriendo todo el pastel con la masa filo hasta tener todo cubierto, pincelamos por encima con la mantequilla derretida o el aceite, y espolvoreamos por encima semillas de sésamo.

-Metemos el pastel en la rejilla, a una altura media, y dejamos que se dore la pasta filo. Más o menos unos 15 minutos según el horno, hay que estar en este punto muy pendiente porque la pasta filo se hace muy rápido y se quema más rápido todavía.

-Desmoldamos con cuidado en caliente y servimos inmediatamente.

-Es un pastel que se mantiene en la nevera varios días, pero hay que cubrirlo bien para que no coja humedad. Para calentarlo hay que meterlo en el horno a temperatura baja, para que se caliente la carne por dentro pero no se queme la pasta por fuera. No lo calentéis en el microondas (una de las maneras de calentar más socorridas), la pasta filo se ablandaría y perdería el toque crunchi, y eso es parte del encanto de este plato.

“Este es mi principal consejo a la gente: Aprende a cocinar, prueba nuevas recetas, aprende de tus errores, no tengas miedo y sobre todo diviértete.”
JULIA CHILD

MENESTRA CON TERNERA

En mi casa somos muy dados a los platos únicos, lo de primero, segundo y postre suele quedar para reuniones familiares o con amigos. Además mi marido trabaja todo el día, se tiene que llevar la fiambrera, ya que come en el trabajo, y tengo que preparar a diario platos que alimenten , sencillos de calentar y que sean contundentes para aguantar las largas jornadas laborales.

Las menestras para mí son platos ideales, ya que incluyen carne, verduras, hortalizas, es decir, muy completos, saciantes, y sobre todo, sabrosos. Os voy a confesar una cosa, los compañeros de mi marido salivan cada vez que llegan al comedor y mete el tupper en el microondas, y asoman el morro para cotillear los platos que le preparo.

Importantísimo, la materia prima. No son platos muy elaborados, por lo menos mi receta, así que las verduras, las hortalizas y la carne tiene que ser de primera calidad. Yo tengo mi huerto plantado, pero aquí en el norte me quedan muchas menestras que preparar hasta que pueda hacerlo con los productos que recolecte.

Hay un pueblo cerca del mío, Santa María del Páramo, que organiza su mercado todos los domingos, y allí voy a comprar toda la verdura, fruta, etc… que necesito para la semana. Se ha convertido en una costumbre de domingo si no tengo otros compromisos, levantarnos mi marido y yo, desayunar tranquilamente, y luego ir al mercado, a comprar en las tiendas de la zona, ya que me parece muy importante comprar en el comercio de cercanía, las tiendas de barrio, ya que me encanta interactuar con la gente y en estas tiendas cuando entras, es como regresar a los tiempos aquellos donde eran lo más parecido a un club social, donde la compra era importante, pero la charla más. Y además ayudas a sostener la economía local que es imprescindible, sobre todo en los pueblos.

La carne la compro siempre en la misma carnicería, porque me encanta la calidad de todos sus productos, ubicada en ese mismo pueblo. No solo por la calidad de la carne, indiscutible, sino por el trato de los dependientes, super amables y que te preparan todo como se lo pidas.

Además de incentivar el comercio local, incentivas el trabajo de una nueva generación de jóvenes valientes, que en esta época tan dura que estamos viviendo, y todos los problemas que el campo y la ganadería está sufriendo, se arman de valor y comienzan la aventura de convertirse en ganaderos. Mi más sincero aplauso por su valor. Además tengo que confesar que los conozco personalmente, y puedo dar fe de su capacidad de trabajo y el cariño con lo que lo llevan a cabo, “Ganadería Lordén Alonso”. Jóvenes, emprendedores, valientes, y grandes personas. Y la carne, excelente.

Recetas de menestras hay cientos,  puedes cambiar la carne de ternera por cerdo y quedará igual de sabrosa. Las verduras podéis irlas intercambiando por las de temporada o las que más os gusten.

INGREDIENTES

-500 g. carne de ternera para guisar

-Verduras y hortalizas variadas (zanahorias, puerro, pimiento, guisantes, coliflor, champiñones, espárragos, alcachofas y judías verdes)

-Unos 200 g de tomate natural triturado

-1 vaso y medio de vino rosado

-2 vasos de agua templada

-Aceite de oliva virgen

-Sal y pimienta

-Hierbas aromáticas ( romero, tomillo, estragón…)

PREPARACIÓN

-Ponemos una cazuela a calentar con aceite de oliva, que cubra bien todo el fondo. Cuando esté caliente añadimos el puerro picado y doramos un poco, a continuación añadimos la carne cortada en trozos y rehogamos hasta que coja un color doradito.

-Añadimos las zanahorias y las alcachofas, el resto de las verduras las reservamos para más tarde porque se desharán por exceso de tiempo si las ponemos ahora. Doramos.

-Vamos a desglasar (que es disolver con la ayuda de un líquido los jugos contenidos en un recipiente donde hemos dorado para obtener jugos y salsas). En este caso el líquido será vino rosado, pero podéis usar un tinto si queréis, que va muy bien con la ternera. A mi me gusta el rosado porque le da un sabor más suave, no tan potente.

-Añadimos el vino, todo esto a fuego medio, y dejamos que reduzca mientras removemos el fondo para levantar los jugos. Si la ternera es de calidad, como es esta, el desglasado nos dará la consistencia perfecta para la salsa sin necesidad de añadir harinas o espesantes.

-Cuando haya reducido el vino añadimos el tomate, removemos durante unos cinco minutos para que se integre todo, añadimos las hierbas aromáticas, salpimentamos y cubrimos con el agua templada. Guisamos durante una hora más o menos.

-A continuación añadimos las verduras y las hortalizas que nos faltaba y seguimos guisando hasta que la ternera esté en su punto. Si vemos que no tiene suficiente líquido vamos añadiendo un poco de agua. Si la salsa queda líquida, la podéis espesar con un poco de maizena disuelta en un poco de agua y dejamos que espese a fuego lento.

-Servimos en un plato con la carne, cubrimos con la verdura y regamos con la salsa.

NOTA INFORMATIVA:

-Antes preparaba este plato a fuego medio al estilo tradicional, como explico en la receta, pero los tiempos son muy largos si queremos que la carne quede en su punto. Ésta  vez, debido a la subida de la luz y que en mi casa, e imagino que en las vuestras también, lo de cocinar a partir de las 10 de la noche se nos complica un poco, usé una olla que adquirí el otro día y que es una maravilla, la MasterPro Smart olla a baja presión.

Os dejo el enlace por si queréis comprobar sus especificaciones. El enlace es del Carrefour, y no porque me den nada por hacer publicidad, sino porque es aquí es donde la he adquirido con una buena oferta y esta marca aquí no la he encontrado en ningún otro sitio.

https://www.carrefour.es/olla-baja-presion-acero-inoxidable-masterpro-smart-6l/VC4A-13198873/p

-Es un híbrido entre cazuela tradicional y olla rápida.  Acorta el tiempo de cocinado, pero sin llegar a cocer la carne como suele hacer la olla rápida, y aporta al guiso la textura perfecta. Y otra cosa que me encantó es que la tapa hace el vacío mediante un sistema de agarre, pero la apartas del fuego e inmediatamente puede abrir la tapa para darle vueltas al guiso o comprobar si está en su punto. Y la tapa es transparente, puedes controlar todo el tiempo el líquido del recipiente para controlar si necesitas más. Una compra que ha sido todo un acierto.

“Los mejores platos son los más simples.”
AUGUSTE ESCOFFIER (cocinero  y restaurador)

FILETES EN SALSA “DE LA ABUELA”

Hoy mi entrada es muy especial, ya que esta es la única receta que nos ha quedado de mi abuela. Cierto es, aunque parezca extraño, ya que parece algo muy común que el amor por la cocina y los primeros acercamientos a los fogones suelen ser de la mano de las abuelas, por lo que suelo leer en casi todos los blogs de cocina. pero mis abuelas eran bastante peculiares en eso del cocinar y no es que les entusiasmara en demasía y sus comidas eran sota, caballo y rey. Así que eso de las tradiciones culinarias y las recetas de familia, en la mía, no se estila.

Y por eso esta es especial, porque era el plato que mi abuela preparaba en todas las reuniones familiares (junto al pollo asado que nunca nos contó como lo hacía, que nadie ha sido capaz de prepararlo igual, y cuyo secreto se fue con ella). Cada vez que lo preparo rememoro mi infancia, los primos sentados en una mesa aparte “de los mayores”, untando con un buen trozo de pan la salsa que quedaba en la tartera (con la consiguiente reprimenda de nuestros padres), y la felicidad plena, de esa de la que no somos conscientes hasta que te haces mayor y rememoras esos momentos. Es la magia de la comida, que te transporta a otras épocas en cuanto los olores empiezan a inundar la cocina.

Es una receta muy sencilla de preparar, muy rápida, pero riquísima. Es más, os aseguro que es uno de los platos favoritos cuando tengo invitados, nunca falla, y me lo suelen pedir siempre.

Si tenéis que preparar comida para muchos invitados, y no os gusta pasar mucho tiempo cocinando, este es vuestro plato. Lo acompañáis con una ensalada de pimientos y ventresca, y ya tenéis una comida perfecta en poco tiempo y quedaréis ante vuestros invitados como reyes. Otro día os enseñaré a preparar mis vasitos de tarta de queso para rematar la comida, que también son muy sencillos y rápidos de preparar pero que es uno de mis postres estrellas y tienen club de fans. En un par de horas tenéis un menú completo para agasajar a vuestros comensales.

De la receta original que hacía mi abuela solo he añadido a mayores el tomillo y el romero, mi abuela solo usaba el laurel, pero es que el uso de las hierbas  aromáticas eleva cualquier plato sencillo a una delicatesen, y como las cultivo en mi patio siempre las tengo a mano.

Lo mejor cuando se usen estas hierbas pero no van a ser parte del plato, es preparar un bouquet para poderlo quitar sin problema y que no se queden por ahí hojas bailando.

Las cantidades que os pongo son orientativas, porque mi abuela preparaba la receta a ojo, yo la preparo a ojo, y he intentado poner cantidades para que os sea más sencillo calcular. Cuando la preparéis, como se que la vais a repetir en muchas ocasiones, iréis controlando la cantidad hasta dar con el punto de espesor perfecto para la salsa, ya lo comprobaréis.

El lomo lo compro en una pieza porque así la fileteo yo con el grosor que me gusta, pero podéis pedirle al carnicero que os los filetee para que sea más rápido, entre medio y un centímetro de grosor para que queden jugosos por dentro y no se pasen mucho, ya que tienen que prepararse con la salsa.

INGREDIENTES

-12 filetes de lomo de cerdo

-4 dientes de ajo

-Un bouquet de romero y tomillo

-Unas hojas de laurel

-200 ml de vino blanco o rosado

-200 ml de agua

-Sal

-Pimienta negra

-Aceite de oliva virgen

-Maizena (sólo si es necesario si hace falta espesar la salsa)

PREPARACIÓN

-Ponemos una sartén grande y honda a calentar con el aceite de oliva, más o menos dos dedos de aceite para que cubran los filetes y nos sirva de base para preparar la salsa. Tenemos también preparada al lado una tartera con tapa para ir poniendo los filetes y que se mantengan calientes, y luego terminar de cocinar en la misma.

-Salpimentamos los filetes y los vamos friendo a fuego medio para que no se pasen. Sólo hay que freírlos un par de minutos por cada lado, para que no se queden como suela de zapatos.

-Vamos friendo a tandas y los pasamos a la tartera, y los matenemos tapados para que mantengan la temperatura.

-Cuando estén todos fritos, en ese mismo aceite incorporamos los ajos partidos a la mitad, los doramos, y añadimos el vino, y en cuanto se evapore el alcohol, añadimos el bouquet de hierbas y las hojas de laurel. Añadimos el agua. Dejamos cocinar todo junto unos 15 minutos, que veamos que la salsa empieza a reducir y espesar un poco.

-A continuación ponemos un colador en la tartera donde están los filetes, colamos la salsa, y ponemos la tartera al fuego (seguimos manteniendo el fuego medio), y dejamos que los filetes guisen en la salsa, unos 15 o 20 minutos, y si es necesario añadimos agua hasta que cubran los filetes.

-Es importante ir pinchando los filetes para comprobar que no se pasen, ya que el tiempo depende también de la frescura de la carne, y a veces se pueden pasar y otras necesitar un poco más de tiempo. Eso lo vais viendo sobre la marcha.

-Si comprobáis que los filetes están en su punto pero la salsa queda un poco líquida, lo único que tenéis que hacer es poner un poco de  agua caliente en un cuenco, añadir una cucharada de maicena, diluir bien y añadir a la salsa. Veréis que en menos de un minuto la salsa espesará y quedará la consistencia perfecta.

-Listo para servir, aunque podéis prepararlo el día anterior para no andar tan apurados, que están buenísimos igual. Eso si, a fuego bajo para que los filetes calienten bien por dentro poco a poco sin que la salsa espese demasiado o se pegue.

-Ya véis, un segundo plato (yo lo preparo muchas veces por la semana acompañado de un arroz hervido como plato único), que preparáis en media hora sin esfuerzo apenas.

-Recomendación: tener bastante pan, esa salsa crea adicción.

“No se puede cocinar bien si no se pone en ello el corazón, dado que por encima de todo se trata de que reinen en torno a la mesa sentimientos de amistad y de fraternidad”

 FERNAND POINT (COCINERO)