VASITOS DE TARTA DE QUESO CON MERMELADA DE FRUTOS ROJOS

Todavía con la resaca post vacacional en tierras mallorquinas, me dispongo a redactar esta entrada en el blog, la primera desde la vuelta. Esta entrada no tiene fotos cuidadas o preparadas con esmero, son unas fotos que reflejan uno de esos momentos especiales e inolvidables que pasé en la isla. Y es que el motivo de nuestra visita ( en esta aventura me acompañó mi madre, a la que adoro), fue visitar a nuestra familia mallorquina, con la que me crié, y con la que comparto todos mis recuerdos de infancia hasta que decidieron cruzar el charco y a los que hacía casi 15 años que no veía al completo.

Por ello estos días han sido más que vacaciones, han sido días de reencuentros, recuerdos, abrazos, nostalgia, risas (muchas, muchas risas), y también alguna que otra lágrima al recordar a mi tío, que ya no se encuentra entre nosotros, pero cuya estela nos acompañó todos los días. Por momentos regresé a mi infancia, a los juegos con mis primos, a los paseos con mi madre y mi tía (memorable el día que nos vistieron a todos del mismo color), a los domingos donde nos ponían de gala para ir a tomar el mosto con mi tío, y tantos y tantos recuerdos, que por un momento parecía que el tiempo se había detenido y que no había pasado más de una década sin vernos.

Y disfrutar de ese mediterráneo que me tiene enamorada. Es poner los pies sobre esas aguas, sentir su tacto, y sentirme relajada, feliz y un bienestar me recorre el cuerpo. Sí, soy mujer del norte con espíritu mediterráneo, lo confieso. Lo mío es el mar, el sol y el calor.

Así que aquí estoy, delante del ordenador, ofreciéndoos un poquito de mi viaje, a través de esta receta que tenía pendiente de enseñaros, y que preparé un día para agradecer a mi familia (poco agradecimiento para la acogida que recibimos), aunque cierto es que disfrutaron mucho muchísimo. Así que las fotos son sencillas, pero que reflejan el momento, y eso vale más que cualquier pose.

Todos los que me seguís ya sabéis lo que me gustan los postres en vasito, aunque a veces por la cantidad de comensales o el tipo de postre hacer versión vasito es más complicado, pero esta receta, de lo sencilla que es, a la par que riquísima, es una de las favoritas de mis invitados (mi hermano y mi cuñada suspiran por ellos), así que estoy segura de que va a ser ese comodín maravilloso que prepararéis cuando tengáis invitados y no tengáis tiempo, o ganas, de preparar. Lo más laborioso de esta receta es preparar la mermelada casera, pero podéis sustituirla por la de compra, aunque yo os recomiendo, ya que la receta es tan sencilla, le dediquéis un rato a prepararla, ya que el postre pasa de ser algo corriente a algo delicioso, y merece la pena. En esta ocasión no disponía de todo un arsenal de gadets como tengo en mi cocina, pero me encantó prepararlos al estilo tradicional, en la cocina de mi tía. La cocina de fuegos, la batidora de mano de toda la vida, machacar las galletas en un mortero que me pareció precioso y sobre todo, con todo el cariño del mundo.

Así que aquí va mi receta de “vasitos de cheesecake de frutos rojos”, donde la combinación de frutos rojos podéis elegir a gusto. En esta ocasión lo que conseguí fueron fresas y frambuesas, pero está deliciosa cuando combino fresas, frambuesas y moras ( mi favorita).

Con las galletas lo mismo. Yo uso galletas Lotus porque el contraste con la crema es maravilloso, pero podéis usar las galletas que más os guste.

INGREDIENTES

-400 g de frutos rojos variados

-150 g de azúcar

-Unas gotas de limón

-Un poco ralladura de limón muy finita.

-250 g de galletas Lotus

-100 g de mantequilla

-Vainilla líquida

-500 g de queso mascarpone

-1 litro de nata fría

-Azúcar ( entre 200 y 300 g según el dulzor que nos guste, siempre probar la crema por si queréis añadir más. Ya que el mascarpone según la marca está más dulce o menos)

PREPARACIÓN

-Lo primero es hacer la mermelada para que vaya enfriando. No es una mermelada para envasar, tiene que quedar más suave, menos espesa, y tampoco necesita de tanto azúcar porque no se tiene que conservar, y que se usa en el postre, y sirve para equilibrar el dulce de la crema de queso.

-En una tartera ponemos la fruta picada en trozos, añadimos el azúcar, las gotas de limón y un par de cucharadas soperas de agua. Llevamos a ebullición, siempre a fuego medio-bajo. Vamos removiendo y machacando a la vez la fruta. Yo la dejo más o menos media, hasta que la consistencia empiece a parecer mermelada,  pero que aun tenga jugosidad. La pasamos por la batidora y la dejamos enfriar.

-Machacamos las galletas o las pasamos por la picadora, pero con cuidado que no se hagan polvo, tienen que quedar con cuerpo para que la mezcla quede crujiente al morderla.

-Derretimos la mantequilla, le añadimos unas gotas de esencia de vainilla y ralladura de limón, y vamos mezclando con las galletas. Mi recomendación es ir poco a poco, para que no quede la mezcla ni muy seca ni muy grasa, ir buscando el equilibrio.

-Rellenamos los vasitos, poniendo una capa de un dedo más o menos.

-En un bol siempre con el accesorio  con el accesorio batidor, ponemos el mascarpone, el azúcar, una cucharada de esencia de vainilla, y batimos a velocidad media hasta que se mezcle todo bien. Añadimos unas cucharadas de la mermelada (aquí añadir más o menos cantidad según como queráis de intensa la crema), y batimos unos segundos hasta mezclar. Al final añadimos la nata y comenzamos a batir, hasta que la consistencia quede muy cremosa y algo consistente pero que no llegue a montar. Este es el truco para que la crema quede sedosa a la hora de comerla. La pasamos a una manga pastelera si tenéis, es más fácil a la hora de rellenar los vasitos. Sino tenéis, como fue mi caso, con un par de cucharas también podéis hacerlo.

-Ponemos la crema en los vasitos, cubrimos con una capa de la mermelada y a refrigerar unas horas como mínimo en la nevera, tapados. Lo mejor es de un día para otro, y eso sí, sacarlos antes de empezar a comer para darle tiempo a que la crema atempere un poco para que consiga cremosidad.

-Listos para disfrutarlos.

“El mejor banquete del mundo no merece ser degustado a menos que se tenga a alguien para compartirlo” 

GROUCHO MARX

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