NOODLES CON BONITO A LA MEDITERRÁNEA

Aquí os traigo otra receta de aprovechamiento con estilo asiático mediterráneo. Me diréis, ¿es qué te acabas de inventar un estilo nuevo de cocina? Pues no, es echarle imaginación para que de un poco comamos unos muchos, sin perder sabor, y fácil de preparar (ya sabéis que son mis recetas favoritas). Si fuera una estrella Michelín le llamaría “cocina de fusión”. Como soy una aficionada le llamaré “vamos a ver que hacemos con lo que tenemos”.

Esta vez lo que me encontré al hacer un repaso visual al congelador eran un puñado de  langostinos, un puñado de mejillones que me quedaron de otra receta y  un filete de bonito. Por con esto sólo no da ni para un comensal, así que mi cabeza empezó a maquinar. ¿Tengo un paquete de noodles en la despensa? Arreglado. El truco para dar sabor, hacer un caldito rápido con las cabezas de los langostinos y los mejillones.

Así que en un momento me preparé esta receta a la que me ha dado por llamar noodles con bonito a la mediterránea. No sé si el nombre es acertado, pero a mí me gusta, y me trae recuerdos de esas comidas que hace poco disfruté en tierras mallorquinas con la que aún suspiro. Puede parecer una locura de receta, y hasta frunciréis el ceño al leerlo en plan ”esta vez se le ha ido la pinza”. Pero los probaréis y diréis “esto está riquísimo, queremos más locuras de estas”.

INGREDIENTES

-1 filete de bonito

-Langostinos

-Mejillones

-Ajo

-Perejil

-Laurel

-Vino blanco (medio vaso)

-Aceite de oliva virgen

-Sal

-Unas hebras de azafrán

-Noodles

-Salsa de soja

-Jengibre en polvo

PREPARACIÓN

-Primero preparamos un caldito rápido para darle sabor. En una sartén con un poco de aceite sofreímos las cabezas de los langostinos, apretando bien para que salga el jugo. Añadimos las colas de los langostinos, removemos un poco, cubrimos de agua, añadimos una hoja de laurel y llevamos a ebullición. Dejamos hervir unos minutos, colamos y reservamos el caldo.

-Mientras cocemos los mejillones, y también colamos el agua de cocción.

-En una cacerola ponemos aceite a calentar, que cubra el fondo. Sofreímos ajos y cuando empiecen a dorar añadimos el filete de bonito cortado en tacos no muy grandes. Cuando haya cogido color añadimos el vino y dejamos reducir.

-A continuación añadimos el caldo de la cocción hasta que cubra el bonito, llevamos a ebullición, añadimos las hebras de azafrán y rectificamos de sal. A los cinco minutos añadimos las colas de langostinos y los mejillones. A fuego medio bajo lo cocinamos todo unos cinco minutos hasta que todo haya cogido color y sabor. Espolvoreamos en los últimos segundos con perejil fresco picado. Reservamos.

-Cocemos los noodles según instrucciones del fabricante.

-Ponemos un wok a calentar con unas gotas de aceite, añadimos los noodles, una cucharadita pequeña de jengibre en polvo, una cucharada de salsa de soja y mezclamos bien.

-Para servir ponemos en un bol los noodles, y encima colocamos los langostinos, los mejillones y el bonito y regamos con un poco de la salsa marinera. Servir inmediatamente para que no se enfríe.

“No busco la proeza culinaria, quiero ofrecer los placeres esenciales” 

 FRANCK CERUTTI (CHEF ITALIANO)

VASITOS DE TARTA DE QUESO CON MERMELADA DE FRUTOS ROJOS

Todavía con la resaca post vacacional en tierras mallorquinas, me dispongo a redactar esta entrada en el blog, la primera desde la vuelta. Esta entrada no tiene fotos cuidadas o preparadas con esmero, son unas fotos que reflejan uno de esos momentos especiales e inolvidables que pasé en la isla. Y es que el motivo de nuestra visita ( en esta aventura me acompañó mi madre, a la que adoro), fue visitar a nuestra familia mallorquina, con la que me crié, y con la que comparto todos mis recuerdos de infancia hasta que decidieron cruzar el charco y a los que hacía casi 15 años que no veía al completo.

Por ello estos días han sido más que vacaciones, han sido días de reencuentros, recuerdos, abrazos, nostalgia, risas (muchas, muchas risas), y también alguna que otra lágrima al recordar a mi tío, que ya no se encuentra entre nosotros, pero cuya estela nos acompañó todos los días. Por momentos regresé a mi infancia, a los juegos con mis primos, a los paseos con mi madre y mi tía (memorable el día que nos vistieron a todos del mismo color), a los domingos donde nos ponían de gala para ir a tomar el mosto con mi tío, y tantos y tantos recuerdos, que por un momento parecía que el tiempo se había detenido y que no había pasado más de una década sin vernos.

Y disfrutar de ese mediterráneo que me tiene enamorada. Es poner los pies sobre esas aguas, sentir su tacto, y sentirme relajada, feliz y un bienestar me recorre el cuerpo. Sí, soy mujer del norte con espíritu mediterráneo, lo confieso. Lo mío es el mar, el sol y el calor.

Así que aquí estoy, delante del ordenador, ofreciéndoos un poquito de mi viaje, a través de esta receta que tenía pendiente de enseñaros, y que preparé un día para agradecer a mi familia (poco agradecimiento para la acogida que recibimos), aunque cierto es que disfrutaron mucho muchísimo. Así que las fotos son sencillas, pero que reflejan el momento, y eso vale más que cualquier pose.

Todos los que me seguís ya sabéis lo que me gustan los postres en vasito, aunque a veces por la cantidad de comensales o el tipo de postre hacer versión vasito es más complicado, pero esta receta, de lo sencilla que es, a la par que riquísima, es una de las favoritas de mis invitados (mi hermano y mi cuñada suspiran por ellos), así que estoy segura de que va a ser ese comodín maravilloso que prepararéis cuando tengáis invitados y no tengáis tiempo, o ganas, de preparar. Lo más laborioso de esta receta es preparar la mermelada casera, pero podéis sustituirla por la de compra, aunque yo os recomiendo, ya que la receta es tan sencilla, le dediquéis un rato a prepararla, ya que el postre pasa de ser algo corriente a algo delicioso, y merece la pena. En esta ocasión no disponía de todo un arsenal de gadets como tengo en mi cocina, pero me encantó prepararlos al estilo tradicional, en la cocina de mi tía. La cocina de fuegos, la batidora de mano de toda la vida, machacar las galletas en un mortero que me pareció precioso y sobre todo, con todo el cariño del mundo.

Así que aquí va mi receta de “vasitos de cheesecake de frutos rojos”, donde la combinación de frutos rojos podéis elegir a gusto. En esta ocasión lo que conseguí fueron fresas y frambuesas, pero está deliciosa cuando combino fresas, frambuesas y moras ( mi favorita).

Con las galletas lo mismo. Yo uso galletas Lotus porque el contraste con la crema es maravilloso, pero podéis usar las galletas que más os guste.

INGREDIENTES

-400 g de frutos rojos variados

-150 g de azúcar

-Unas gotas de limón

-Un poco ralladura de limón muy finita.

-250 g de galletas Lotus

-100 g de mantequilla

-Vainilla líquida

-500 g de queso mascarpone

-1 litro de nata fría

-Azúcar ( entre 200 y 300 g según el dulzor que nos guste, siempre probar la crema por si queréis añadir más. Ya que el mascarpone según la marca está más dulce o menos)

PREPARACIÓN

-Lo primero es hacer la mermelada para que vaya enfriando. No es una mermelada para envasar, tiene que quedar más suave, menos espesa, y tampoco necesita de tanto azúcar porque no se tiene que conservar, y que se usa en el postre, y sirve para equilibrar el dulce de la crema de queso.

-En una tartera ponemos la fruta picada en trozos, añadimos el azúcar, las gotas de limón y un par de cucharadas soperas de agua. Llevamos a ebullición, siempre a fuego medio-bajo. Vamos removiendo y machacando a la vez la fruta. Yo la dejo más o menos media, hasta que la consistencia empiece a parecer mermelada,  pero que aun tenga jugosidad. La pasamos por la batidora y la dejamos enfriar.

-Machacamos las galletas o las pasamos por la picadora, pero con cuidado que no se hagan polvo, tienen que quedar con cuerpo para que la mezcla quede crujiente al morderla.

-Derretimos la mantequilla, le añadimos unas gotas de esencia de vainilla y ralladura de limón, y vamos mezclando con las galletas. Mi recomendación es ir poco a poco, para que no quede la mezcla ni muy seca ni muy grasa, ir buscando el equilibrio.

-Rellenamos los vasitos, poniendo una capa de un dedo más o menos.

-En un bol siempre con el accesorio  con el accesorio batidor, ponemos el mascarpone, el azúcar, una cucharada de esencia de vainilla, y batimos a velocidad media hasta que se mezcle todo bien. Añadimos unas cucharadas de la mermelada (aquí añadir más o menos cantidad según como queráis de intensa la crema), y batimos unos segundos hasta mezclar. Al final añadimos la nata y comenzamos a batir, hasta que la consistencia quede muy cremosa y algo consistente pero que no llegue a montar. Este es el truco para que la crema quede sedosa a la hora de comerla. La pasamos a una manga pastelera si tenéis, es más fácil a la hora de rellenar los vasitos. Sino tenéis, como fue mi caso, con un par de cucharas también podéis hacerlo.

-Ponemos la crema en los vasitos, cubrimos con una capa de la mermelada y a refrigerar unas horas como mínimo en la nevera, tapados. Lo mejor es de un día para otro, y eso sí, sacarlos antes de empezar a comer para darle tiempo a que la crema atempere un poco para que consiga cremosidad.

-Listos para disfrutarlos.

“El mejor banquete del mundo no merece ser degustado a menos que se tenga a alguien para compartirlo” 

GROUCHO MARX

ENSALADA DE GARBANZOS Y ATÚN

En época estival lo que menos suele apetecer es meterse en la cocina y complicarse con los menús, sobre todo cuando tienes invitados. Lo que más deseamos es compartir mesa, mantel y charla con ellos, disfrutando del buen tiempo, y no metida entre fogones.

Además con el calor (bueno, para aquellos que estén disfrutando de un maravilloso verano, un placer que aquí todavía no hemos disfrutado todavía), lo que más te pide el cuerpo son cosas fresquitas, como las ricas ensaladas que se pueden preparar en un momento, y que además de estar riquísimas, son una gran fuente de energía, sobre todo cuando son de legumbres.

La variedad de ensaladas con legumbres es infinita, pero una que a mí nunca me falla, y que a la familia invitados les encanta, es esta ensalada con garbanzos, mi favorita en cualquier estación del año. Como podéis comprobar es muy nutritiva y completa, y sirve tanto como entrante para recibir invitados como para plato único para la comida diaria.

Es una legumbre indispensable en los pucheros tradicionales, y destaca por ser una fuente destacable en hidratos de carbono de absorción lenta, que producen una asimilación gradual de la glucosa.

Esto evita el desequilibrio de los niveles de azúcar y genera una energía constante.

Es muy proteico, pero al mismo tiempo, muy pobre en grasas saturadas y rico en fibra, por lo que contribuye a regular el colesterol.

Su riqueza en fibra mejora el tránsito intestinal y contribuye a que la absorción de los hidratos de carbono sea todavía más lenta.

El garbanzo tiene muchos minerales, sobre todo fósforo, hierro y magnesio y es especialmente rico en vitaminas B1, B6 y ácido fólico.

Su aporte de carbohidratos y proteínas lo hacen muy adecuado para estados de astenia, niños, adolescentes y personas que realizan esfuerzos físicos, como los deportistas. Favorece la digestión y regula la tensión arterial.

No hay unanimidad a la hora de señalar su origen: unos lo sitúan en la cuenca mediterránea y otros en Asia occidental. En cualquier caso, se remonta a tiempos prehistóricos, ya que se han encontrado indicios de su presencia en excavaciones preneolíticas en Sicilia.

Además, se tiene constancia de que era bien conocido en el antiguo Egipto, Babilonia, Persia y la India, donde todavía es utilizado por la medicina ayurvédica para combatir enfermedades de la piel.

El garbanzo también era un alimento habitual para los griegos, romanos y cartagineses. Precisamente estos últimos fueron quienes lo introdujeron en España.

INGREDIENTES

-400 gr. garbanzos cocidos (pueden ser de bote, los hay de muy buena calidad, y os aseguráis de que quedan duros y consistentes, ya que al cocerlos tienden a deshacerse con mucha facilidad).

– 2 ajos

-Perejil

-Mostaza a la antigua (si queréis que el sabor sea menos fuerte utilizar la mostaza normal)

-Aceite de oliva virgen extra

-Vinagre de vino blanco

-Atún desmigado

-Huevos cocidos para adornar (yo los uso de codorniz porque quedan más bonitos pero podéis usar huevo de gallina sin problema)

-Aceitunas ( verdes o negras, eso al gusto)

PREPARACIÓN

-Se escurren bien los garbanzos y se lavan bajo el chorro de agua fría. Se ponen a escurrir en un colador. Luego se ponen en un recipiente, bandeja o donde querrías presentarlo.

-En el mortero majamos el ajo y el perejil, y añadimos cuatro cucharadas soperas de aceite, una de mostaza, y lo vamos emulsionando despacito, y luego añadimos dos cucharada de vinagre mientras seguimos mezclando con el tenedor o una varilla de cocina hasta que esté todo integrado. En este punto probamos la mezcla y aquí añadimos un poco más de mostaza, aceite o vinagre a vuestro gusto, según el sabor que queráis que destaque más en la ensalada.

-Luego añadimos la mezcla a los garbanzos y lo dejamos un par de horas mínimo macerando en la nevera y cojan el sabor.

-Cuando se vaya a servir añadimos el atún y mezclamos, y luego decoramos con los huevos y las aceitunas.

-Lista para servir.

“Eres lo que comes. ¿Qué te gustaría ser?” 

JULIE MURPHY.

CUPCAKES RED VELVET COMPARTIENDO LECTURAS

Hoy, como cada quincena, el club de lectura de la bibilioteca, “LECTURAS COMPARTIDAS”, volvemos a reunirnos para disfrutar de otra tarde acompañados de libros, lecturas, lectores y dulces.

Y como lo prometido es deuda, la entrada de hoy va dedicada a todos mis compañeros y compañeras del club, por ser gente maravillosa, y para hacer los debidos honores al regalo que decidieron me merecía por obsequiarles, con todo mi cariño, en las reuniones con mis dulces.

Tengo que confesar que esta vez me costó mucho decidirme por el dulce que iba a preparar, ya que los presentes recibidos son tan maravillosos que quería que estuvieran acorde con ellos. Así que me he decantado por unos minicupcakes Red Velvet, porque están deliciosos, y porque me parecen preciosos.

El club de lectura apareció en mi vida de manera casual gracias a una amiga e integrante del club que me habló del mismo, y decidí apuntarme, ya que me parecía una buena idea poder compartir mi amor por los libros con otros amantes de los libros, pero tengo que confesar que he encontrado mucho más que eso. Me he encontrado con gente fantástica, respetuosa con las opiniones de los demás, personas que aportan, que suman, que consiguen que las reuniones se hagan cortas y quieras más. Y sobre todo he encontrado amigos, porque al final “lo que los libros ha unido que no lo separe el hombre”, parafraseando una conocida frase.

Gracias a ellos he aunado  mis pasiones, los libros, la fotografía y la cocina, no podría pedir más.

Y tengo que dar las gracias también a “La Romántica”, por el detallazo de la bolsa de regalo que me parece una preciosidad. Debería haber más personas enamoradas de su trabajo de esta manera, eso se transmite, y es algo maravilloso.

Vamos con la receta. Esta vez no os voy a decir que es sencilla, porque tiene su aquel, pero, ¿qué es la vida sin ponernos retos? Un aburrimiento.

INGREDIENTES

Para el bizcocho: 

 -160 g de harina de repostería

-60 g de maicena

-1/2 cucharadita de bicarbonato

-2 cucharadas de cacao puro en polvo

-1/4 de cucharadita de sal

-120 g de leche a temperatura ambiente

-1 cucharadita de zumo de limón

-2 huevos separados yemas y claras

–60 g de mantequilla a temperatura ambiente

-200 g de azúcar

-100 g de aceite de girasol

-2 cucharaditas de vainilla líquida

-2 cucharaditas de colorante alimentario rojo

-1/4 de cucharadita de vinagre

Para la crema: 

-150 g de queso cremoso

-60 g de mantequilla a temperatura ambiente

-250 g de azúcar glas

-Media cucharadita de vainilla líquida

PREPARACIÓN

-Precalentamos el horno a 180º y preparamos los papelitos para mini cupcakes en el molde. 

-Ponemos la leche en un vaso y añadimos el zumo de limón. Dejamos reposar 5 minutos para que se corte.

-En un bol, batimos el azúcar con el aceite hasta que estén integrados. Sin dejar de batir añadimos las dos yemas de huevo y el extracto de vainilla. 

-En otro bol, tamizamos la harina con el cacao y la maicena, y mezclamos con la sal y el bicarbonato y reservamos.

-Montamos las dos claras a punto de nieve y reservamos.

-Ponemos en el bol la mantequilla con el azúcar y batimos a velocidad baja, y cuando esté cremoso añadimos el aceite, las dos yemas, el colorante y el vinagre. Seguimos batiendo bajando con la espátula de vez en cuando para que se integre todo bien.

-Añadimos 120 g de la mezcla de la harina y con el accesorio pala vamos mezclando, añadimos la mezcla de la leche y el limón, mezclamos unos segundos y vertemos el resto de la harina.

-Cuando esté todo integrado con una espátula de silicona vamos integrando con movimientos suaves y envolventes la clara de huevo al punto de nieve para que no se bajen.

-Repartimos la mezcla en los papelitos de cupcakes, sin llenarlos más de 2/3 y horneamos durante 15 minutos más o menos, como siempre os digo, comprobar con un palillo porque cada horno es un mundo.


-Los sacamos del horno y los dejamos enfriar 5 minutos en el molde y luego por completo sobre una rejilla. 

-Vamos con la crema mientras enfrían. En la batidora con el accesorio batidor ponemos la mantequilla con el azúcar y batimos hasta que esté cremosa, añadimos el queso y batimos hasta que esté todo integrado y cremoso. Lo ponemos en una manga pastelera con una boquilla rizada de boca ancha y la metemos en la nevera para que coja algo de consistencia mientras enfrían los cupcakes.

-Una vez fríos adornamos el cupcake con la crema y espolvoreamos con el bizcocho desmigado de uno de los cupcakes, y siempre mantenerlos refrigerados (si se van a llevar meterlos en el congelador para que aguanten firmes, se descongelan muy rápido), y los adornamos como más nos guste.

-Yo fundí chocolate blanco en dos boles, en uno le puse colorante rojo y dibujé unas flores sobre papel de hornear para poder luego despegarlas y que no se rompan, y les puse una gota de chocolate blanco en el centro. Al otro bol le puse colorante verde y tengo unos moldes de silicona con la forma de hojas y lo estiré bien. Acordaros de dejarlo enfriar bien en la nevera para que se puedan desmoldar cuando esté duro el chocolate.

-Si no os queréis complicar la existencia podéis ponerle lo que más os guste.

“Las recetas no funcionan al menos que utilices tu corazón.”
DYLAN JONES

TRONCO AL PESTO CON PAVO Y QUESO GOUDA

Hoy os enseño una de esas recetas de aprovechamiento que tanto me gustan. Abres la nevera y miras las sobras que tienes, un poco de aquí y otro poco de allá, y en menos de media hora tenéis una receta rápida, donde podéis combinar otro tipo de fiambres o quesos, y que te arregla una comida o un entrante en un plis.

Las recetas de aprovechamiento es algo que ya hacían con mucho arte e inventiva nuestras madres y abuelas, que vivieron una época de mucha hambruna y penurias, y con familias muy numerosas que alimentar, y que convirtieron la comida de aprovechamiento en un modo de subsistencia. Siempre vi en mi casa como se guardaban las sobras y a final de semana se sacaba todo y se veía, con todos esos restos de comida, que se podía hacer. Solían acabar en forma de croquetas o de guisos, ya que las sobras eran totalmente diferentes a las que podemos acumular nosotros (por favor, no tiréis nada, todo sirve con un poco de imaginación, y la comida no se puede desperdiciar como lo hacemos en esta sociedad de consumo que hemos creado).

España es el séptimo país en el que más alimentos en buen estado se desperdician dentro de la Unión Europea con 7,7 millones de toneladas. Como media cada español tira a la basura semanalmente más de medio kilo de comida, lo que supone 76 kilos al año por hogar, según los datos que maneja la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN). Así, los hogares españoles tiran al año 1,5 millones de toneladas de alimentos que son válidos para el consumo, que serían unos 250 € por persona y año. Tirar algo que sobra parece un gesto pequeño y sin importancia, pero pasada a cifras da que pensar ¿verdad?

Así que desde este humilde blog que aboga por la cocina de aprovechamiento como medida para paliar ese despilfarro de alimentos y como ahorro en la cesta familiar, os voy mostrando las diferentes recetas que se me van ocurriendo con las sobras de mi nevera, y dando ideas para que hagáis lo mismo. Vuestro bolsillo y el planeta os lo agradecerá.

Esta vez tenía un poco de masa de pizza sobrante, una ración de salsa pesto que sobró al preparar unos tallarines, unas lonchas de jamón de pavo asadas, y un poco de queso gouda que se había quedado algo duro (todos tenemos en la nevera esos trozos de queso o de fiambres que se van quedando al fondo y que se nos terminan poniendo duros, y de ahí a la basura). El pesto en esta receta es el que le da ese toque especial, pero si no tenéis, u os ha sobrado alguna salsa de otra preparación ,usadla, estará rico también y la finalidad de estas recetas es eso, aprovechar lo que tenemos. Vamos con la receta.

INGREDIENTES

-Masa de pizza

-Lonchas de queso gouda

-Filetes de pavo asados

-Salsa pesto

– 1 huevo para pincelar

-Semillas variadas (opcional, podéis sustituirlas por semillas de sésamo, no echarle nada, eso al gusto)

PREPARACIÓN

-Ponemos el horno a precalentar a 180º

-Estiramos la masa sobre una superficie enharinada que no quede muy gruesa.

-Con una cuchara ponemos el pesto y lo repartimos por toda la base dejando mínimo 1 cm alrededor sin salsa para que al enrollarlo no se salga por los bordes.

-Colocamos las lonchas del fiambre y por encima las lonchas de queso.

-Enrollamos formando un tronco y cerramos bien los bordes para que no se salga ni el relleno ni la salsa.

-Pintamos bien el tronco con huevo.

-Esparcimos por encima las semillas.

-Horneamos unos 15-20 minutos o hasta que observamos que toda la superficie ha cogido un tono dorado.

-Acompañamos con una ensalada y listo para comer.

“La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida.

NICOLÁS-SEBASTIEN ROCH CHAMFORT

POLLO CON CÍTRICOS Y ACEITUNAS

En mi casa la carne que más se consume es el pollo. Una carne deliciosa, económica, que da muchísimo juego en la cocina, y además es una carne con muchas propiedades.

Es una carne blanca, baja en grasas, y con altos niveles de proteínas además de un alto contenido en nutrientes y vitaminas, es rico en fósforo, un mineral esencial que nutre a los dientes y huesos, así como a los riñones y el hígado, tiene una alta cantidad de retinol, alfa y beta-caroteno, licopeno y, todos los derivados de la vitamina A, que son esenciales para permitirnos poder tener una salud visual adecuadas, es fácil de digerir y es bien tolerado por quienes sufren trastornos digestivos ya que su tejido conectivo es más fácil de desintegrar.

Y como a mí me encanta probar recetas de otros países, a falta de medios para ir a probarlos en persona (mi lista de países a los que quiero viajar tanto por su cultura como por su gastronomía es muy larga), esta vez vamos a viajar a Grecia, la cuna de la democracia, de la filosofía, y con una gastronomía deliciosa.

Los ingredientes principales en la gastronomía griega son muy variados, utiliza principalmente ingredientes locales propios de la dieta mediterránea, como vegetales, aceite de oliva, aliños de limón, quesos, pescado y carnes frescos, cereales, miel, y la aceituna, que es uno de sus productos estrella. Las aceitunas Kalamata, producidas en el sur del Peloponeso y en Creta, son toda una delicatesen, y protagonista de uno de sus platos más famosos, la ensalada griega.

Sabéis que suelo preparar recetas sencillas, económicas y para toda la familia, es mi trío de prioridades cuando me meto en la cocina, porque quiero que todos puedan cocinar mis platos y también hay que mirar por la economía familiar, como digo muchas veces.

Esta receta es todo lo anterior,  y os prometo que se pusieron “las botas” y que el pan voló con la salsa  que acompaña el plato, porque aunque es un plato simple, la combinación de los cítricos con las especias es deliciosa. Yo combiné limón y lima, pero se puede hacer sólo con limón o sólo con lima, a gusto del consumidor.

INGREDIENTES

-½ cucharadita de canela en polvo

-1/2 cucharadita de cúrcuma en polvo

-1 pollo entero o troceado (yo lo uso troceado porque es más cómodo de servir y uso la carcasa para hacer el caldo)

-Aceite de oliva virgen

-Cebolla (como siempre, yo uso la congelada, no apta para consumo en crudo pero perfecta si vas a cocinarla)

-1 trozo de unos 5 cm de jengibre fresco rallada

-2 ½ de caldo de pollo (yo lo preparé con unas verduras y la carcasa del pollo).

-1 limón y 1 lima en gajos con piel

-75 g de aceitunas negras deshuesadas

-1 cucharada de miel

-4 cucharadas de cilantro fresco picado

-Sal y pimienta molida

-Ramitas de cilantro para adornar

PREPARACIÓN

-Precalentamos el horno a 190º

-Mezclamos en un bol la canela, la cúrcuma, la sal y la pimienta y frotamos la piel del pollo muy bien.

-Calentamos aceite en una sartén (unas 2 cucharadas) y freímos el pollo por todos los lados hasta que se dore. Lo colocamos en una fuente apta para el horno con tapa.

-Añadimos a la sartén la cebolla y la freímos unos minutos y a continuación añadimos el jengibre rallado y el caldo, y calentamos hasta que esté a punto de hervir. Regamos el pollo con esta mezcla, tapamos y horneamos durante media hora.

-Sacamos el pollo del horno, agregamos los gajos de limón y lima, las aceitunas y la miel. Horneamos otros 45 minutos más sin tapar, hasta que el pollo esté tierno.

-Agregamos el cilantro, rectificamos de sal, removemos un poco, y adornamos con unas hojas de cilantro.

-Podemos añadir unas patatas cuando añadimos los cítricos para acompañar. En nuestro caso lo acompañamos con una ensalada verde aliñada con sal, aceite, limón y unas aceitunas negras.

 “Toda la historia humana atestigua que, desde el bocado de Eva, la dicha del hombre depende de la comida”

LORD BYRON

TARTA SELVA NEGRA

Este fin de semana celebramos el cumpleaños de mi marido y para agasajarlo le preparé esta deliciosa tarta. Y digo deliciosa porque fue el comentario general de todos aquellos que la probaron.

La fotografía, como en otras ocasiones, no está tan cuidada como en otras recetas, pero estaba metida en faena preparando los diversos platos que iban a anteceder al postre y no tenía mucho tiempo de preparar el set de fotografía, aunque realmente la tarta queda tan bonita que no necesita de mucha parafernalia para lucir como se merece.

La tarta Selva Negra debe su nombre a la región alemana con el mismo nombre, y su origen se ubica en el siglo XVI cuando el chocolate ya se había asentado en Europa, y en la zona llamada Foresta Negra en alemán Der Schwarzwald situada en el estado de Baden-Württemberg. El nombre evoca la oscuridad y el misterio de una región conocida por sus cerezas algo agrias de las cuales se obtiene el Kirsch o Kirschwasser, un destilado doble, transparente, de la calidad Morello. La combinación de la cereza, el kirsch, la crema de leche y el chocolate hace de esta torta un emblema de la región.

Esta es mi versión de la Selva Negra (por algún motivo siempre acabo versionando los postres a nuestros gustos y nunca sigo las recetas al pie de la letra), y tengo que decir que ha sido un éxito rotundo y que prefieren mi versión a la original. Cambio el kirtsch por almíbar de cereza, ya que no nos gustan los postres con licor, y las cerezas que uso no son las ácidas, sino cerezas del Bierzo, la tierra que me vió nacer, y donde la cereza es uno de los manjares más exquisitos y con Marca de Garantía (y una de mis debilidades).

Realmente es una tarta muy sencilla, y el secreto (ahora ya no tan secreto) de que quede tan jugosa son dos cosas, preparar una mermelada de cerezas casera (nada que ver con la de compra), y aprovechar los huesos de cereza para preparar un almíbar de cereza super rápido y que le da el toque jugoso a los bizcochos (como habéis oído, los huesos de las cerezas).

Vamos con la receta, que, si bien no reviste de dificultad alguna, si es laboriosa, y es importante hacer todos los pasos para que quede así de deliciosa. Os lo voy a poner por partes para que la receta no parezca tan complicada, porque son muchos los ingredientes, varios los pasos, pero en una mañana tenéis preparada esta tarta si la necesidad apreta (como me pasó a mí), aunque si la planificáis con tiempo mucho mejor, ya que  es conveniente que el bizcocho se hornee el día anterior (y refrigerarlo toda la noche, así os será más fácil cortarlo en discos para el relleno), y la mermelada y el almíbar también podéis prepararlo con antelación y tenerlo en la nevera enfriando. Yo os voy a dar la receta para 1 k de cerezas para que os quede un bote de mermelada ya que está deliciosa para untar las tostadas del desayuno o para acompañar al yogur.

INGREDIENTES 

Bizcocho de chocolate

-100 g de harina de repostería

-40 g de cacao puro en polvo

-2 cucharaditas de levadura química en polvo

-1 cucharadita de azúcar avainillado

-1 pellizco de sal

-4 huevos tamaño M

-150 g de azúcar

-100 g de mantequilla a temperatura ambiente

Mermelada de cereza y almíbar

-1 kg de cerezas sin hueso

-600 g de azúcar (500 para la mermelada y 100 para el almíbar)

-2 cucharadas de zumo de limón

-100 g de agua

Montaje

-1 litro de nata de repostería (ya viene azucarada), y sino la encontráis nata 35% materia grasa, un estabilizador para que quede más espesa (yo uso Natafix) y 100 g de azúcar para montarla. Siempre bien fría.

-Fideos de chocolate

-Virutas de chocolate para adornar (opcional)

-Cerezas

PREPARACIÓN

Bizcocho

-Precalentamos el horno a 180º

-Engrasamos un molde de 20 cm desmontable

-En un bol tamizamos la harina, el cacao, la levadura, el azúcar avainillado y la sal. Reservamos.

-En la batidora con el accesorio batidor, ponemos los huevos y el azúcar y batimos hasta que la mezcla esté espumosa. A continuación añadimos la mantequilla a temperatura ambiente e integramos. Luego añadimos la mezcla anterior y mezclamos lo justo para que la masa no coja mucho aire y quede un bizcocho jugoso (este paso recomiendo hacerlo a mano con una espátula ya que comprobamos mejor cuando está todo integrado).

-Vertemos en el molde u horneamos durante unos 25-30 minutos (como digo siempre, comprobar con el truco del palillo, ya que cada horno es diferente).

-Dejamos enfriar, lo desmoldamos y dejamos enfriar del todo en una rejilla.

-Lo que os dije anteriormente, es mejor hacerlo el día anterior. Una vez frío, se filma bien para que no le entre la humedad y se deja toda la noche en la nevera. Será mejor para cortarlo y rellenarlo. Yo lo hice ese mismo día y lo dejé enfriar unas horas en la nevera, pero es más delicado a la hora de manipularlo. Si lo hacéis como yo, tened mucho cuidado al cortar el bizcocho y manipular las capas.

Mermelada y almíbar

-Preparamos una mermelada poniendo en un cazo un kilo de cerezas deshuesadas con el azúcar y el zumo de limón.

-Llevar a ebullición y a fuego medio bajo durante 30 minutos. No dejar de mover para que el azúcar no se quede adherido a las paredes del cazo. Si queda con mucho grumo pasarle la batidora.

-Mientras  llevamos a ebullición en un cazo unos 300 g de agua para empezar con el almíbar (sólo usaremos 100g pero el agua se irá evaporando y por eso es mejor poner 300 g para que luego nos queden esos 100 g que necesitamos).

-Cuando empiece a hervir ponemos todos los huesos de la cereza. Siempre queda algo de la carne de la cereza cuando las deshuesamos y eso es lo que le va a dar el sabor al almíbar. Lo dejamos cocer hasta que veamos que los huesos quedan limpios y colamos bien.

-En un cazo ponemos 100 g de esa agua y los 100 g de azúcar y mezclamos bien. Una vez que empiece a hervir más o menos lo tenemos unos 10 minutos (hasta que adquiera una consistencia almibarada pero no espesa) sin parar de remover. Lo pasamos a un recipiente para que enfríe. La mermelada que vayáis a embotar ya sabéis, un recipiente que primero habréis esterilizado, poner la mermelada hasta casi el borde, cerrarlo bien y poner boca abajo para que haga vacío. Si no la consumís en un plazo de tiempo corto, al baño María durante unos 20 minutos para que se conserve perfectamente varios meses.

-Yo luego lo meto en un biberón de repostería (es muy conveniente tener uno por que es muy cómodo, y los venden en cualquier tienda, hipermercado, en los chinos, etc…) y dejo enfriar.

Montaje

-Montamos la nata. Si es de repostería no hace falta añadir azúcar porque ya tiene (pero esta nata es difícil de conseguir). Si es nata normal, la montamos con el azúcar y con el estabilizante ( yo uso Natafix y para 1 l de nata le pongo los 3 sobres que vienen en el paquete para que quede bien espesa y mantenga el peso de los bizcochos y los adornos finales).

-Cortamos el bizcocho en tres círculos, acordándose de quitar el copete que le saldrá al bizcocho para que queden regulares a la hora de montar la tarta. Yo tengo una lira de corte pero lo podéis hacer con cuidado con un cuchillo de sierra.

-En un pie de tarta ponemos un poco de nata para que la tarta no se mueva al prepararla (yo lo hago directamente sobre el pie para luego no tener que trasladarla, dada mi torpeza manifiesta, para que en el proceso la tarta no acabe por la encimera).

-Ponemos un disco del bizcocho de chocolate, lo empapamos con el almíbar, extendemos una capa de mermelada, y una capa generosa de nata. Cubrimos bien el bizcocho y alisamos.

-Ponemos otro disco de bizcocho (yo suelo poner el de arriba del todo porque lo disimulamos luego bien y así el disco más liso queda arriba del todo y será mas sencillo para decorar y quedará mucho más bonita). Y repetimos almíbar, mermelada y nata.

-Último disco de bizcocho, almibaramos, ponemos mermelada (en esta última capa dejando mínimo 2 cm en los bordes sin cubrir, porque sino al extender la nata para decorar se mezclarán y quedará muy feo), y ponemos la nata. En esta ocasión extendemos la nata hasta los bordes para cubrir todo el lateral de la tarta (nos ayudamos con una espátula). Reservamos nata para ponerla en una manga pastelera con una boquilla rizada.

-Luego cubrimos todo con los fideos de chocolate (así también se disimulan las imperfecciones), y hacemos rosetones en todo el borde superior de la tarta con la manga pastelera. Hacemos lo mismo en el centro de la tarta. Adornamos con las cerezas y opcional, ponemos unas virutas de chocolate en el centro.

-Refrigerar la tarta unas horas y lista para disfrutarla.

Una fiesta sin pastel es sólo una reunión” 

JULIA CHILD

GALLETAS…DEL COLOR DE LA LECHE

 “éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.

en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos.       veo los árboles y veo las hojas.

    y cada hoja tiene venas que la recorren.

    y la corteza de cada árbol tiene grietas.

    no soy muy alta y mi pelo es del color de la leche.

    me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. i griega. así es como se escribe.

quiero contarte lo que ha pasado pero tengo que tener cuidado de no apresurarme como hacen las vaquillas en la entrada, porque entonces iré por delante de mi misma y puedo tropezarme y caerme y de todas maneras tu querrás que empiece por donde se debe empezar.

y eso es por el principio”

Así comienza “El color de la leche”, de Nell Leyshon, el libro  que nos ha acompañado junto a estas galletas en la reunión quincenal del club de lectura, que por suerte no descansa en esta temporada estival.

Mary tiene el pelo del color de la leche, Mary es una joven de 15 años, coja, analfabeta, que vive (o malvive) en la granja con su familia en el S.XIX. Cuatro capítulos que comprenden cuatro estaciones (Mary no entiende de calendarios ni relojes), y que nos muestra la evolución de Mary a través de unas experiencias que darán a su existencia un giro de 180 grados. Determinada, valiente, resiliente, irónica, un personaje que te engancha, te fascina, te enamora. Una vida de un ser que no tiene nada para ser feliz, que aún así se levanta con una sonrisa, que se cuestiona todo, desafiante. Pero es una novela que para nada es romántica o bella, es dura, muy dura, pero la autora consigue que no sufras con ella, con la historia, con su final. Eso para mí es el concepto de “buena escritora”, y es la primera vez que hay consenso entre todos los presentes a la reunión; una novela preciosa.

No voy a ahondar más en ella porque quiero que la leáis, y que descubráis a Mary por vuestra cuenta.

Las galletas que preparé para esta ocasión es un homenaje a la protagonista y su historia, blancas como la leche, rojas como la sangre, a ella y su circunstancia, porque “quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier como”(Nietzche dixit), y el porqué de Mary era aprender a leer y escribir.

Al final de la reunión, la sorprendida y la homenajeada fui yo. Una sorpresa en mayúscula que me emocionó, un regalo de mis compañeros por las galletas que llevo a las reuniones. Iba a dedicar parte de esta publicación a ello pero he decidido que tal detalle necesita una entrada para él solo, así que lo dejo para el siguiente, para prepararlo con toda la pompa y boato que se merece.

En definitiva, una lectura muy recomendable, como lo son estas galletas, que son como Mary, del color de la leche, sencillas pero sabrosas.

Aptas para celíacos ya que no contienen harina con gluten.

INGREDIENTES

-120 g de mantequilla a temperatura ambiente

-40 g de azúcar

-200 g de leche condensada

-1 yema de huevo

-350 g de maicena

100 g de mermelada de frutos rojos (puede ser de fresa, o frambuesa, yo usé esta porque la hago en casa y está deliciosa)

PREPARACIÓN

-Precalentamos el horno a 180º

-En un bol o en la batidora, mezclamos la mantequilla, el azúcar, la leche condensada y la yema de huevo y batimos hasta que esté todo integrado.

-A continuación añadimos la maicena tamizada poco a poco y vamos integrando con una espátula, y si usamos la batidora, con el accesorio pala.

-En unas bandejas forradas con papel hacemos bolitas del tamaño de una nuez, las aplastamos ligeramente, y las colocamos en las bandejas espaciadas porque se expanden. En la mitad de las galletas con un tenedor marcamos la superficie de las galletas y en la otra mitad con la yema del dedo algo humedecido para que no se nos pegue la masa, hacemos un hueco y lo rellenamos de mermelada.

-Las horneamos durante 15 minutos y las sacamos con cuidado, porque son delicadas en caliente y se pueden romper, para una rejilla hasta que enfríen. En un recipiente hermético aguantan varios días.

“¿qué soñaría yo si pudiera soñar algo y que se convirtiera en realidad?¿que diría yo si alguien me preguntara alguna vez? no lo sabía, sabía que tenía sueños, pero no sabía que era lo que soñaba”

MARY

MERLUZA CON SALSA MARINERA

Hoy os traigo una de mis recetas favoritas para preparar el pescado. En casa les encanta porque esta salsa marinera está  de “toma pan y moja” y como mis costilletos no son muy amantes de los frutos del mar, es una manera de disimular el pescado y que los platos queden limpios.

Cierto es que suelo poner pocas recetas de pescado, aunque confieso que es uno de mis alimentos favoritos junto a las verduras (algo que no es compartido por mis hijos), y me gusta de todas las maneras posibles, guisado, frito, cocido, al vapor, etc… Ellos lo prefieren al horno con una patatita, o rebozado; vamos, como se prepara comúnmente y que no necesita de instrucciones. Y es por ello que las recetas de pescado son más escasas por estos lares, eso y porque son mas de carne y de pasta, para que nos vamos a engañar.

Esta receta es muy sencilla, la preparación es rápida, y si tenéis invitados, es un plato ideal como segundo, sin tener que invertir mucho tiempo. Esta es la versión económica, en días de fiesta suelo cocinarlo con rape, e incluyo almejas, mejillones, langostinos, etc… pero para un día de semana, y teniendo en cuenta el precio de estos productos frescos, y como hay que mirar por la economía doméstica, sin renunciar a platos ricos, lo preparo con unos medallones de merluza y uso marisco congelado, que se puede adquirir a precios muy buenos y de una calidad bastante aceptable.

Es un plato para servir caliente, cosa que en el norte hasta agradecemos porque el frío, este año, no nos quiere abandonar.

INGREDIENTES

-8 medallones de merluza

-Marisco congelado (gambas, mejillones,almejas, a elegir)

-Guisantes

-1 vaso de vino blanco

-Harina

-Pimentón

-Ajo y perejil fresco

-Aceite de oliva

-Sal

PREPARACIÓN

-Ponemos el marisco congelado en un recipiente con medio litro de agua hirviendo. Le damos un golpe de hervido de un par de minutos y reservamos esa agua para cocinar la salsa (no la usaremos toda).

– Salamos un poco los medallones de merluza y los pasamos por harina. Ponemos en una sartén o tartera amplia aceite a calentar, y pasaremos los medallones un minuto por cada lado más o menos, hasta que comprobemos que están dorados. Los sacamos a un plato con papel de cocina para que suelten todo el aceite y reservamos.

-En el aceite de dorar el pescado sofreímos ajo y perejil bien picados, añadimos  una cucharada sopera de harina y otra de pimentón, mezclamos bien con cuidado que no se pegue (siempre fuego medio), y añadimos el vino. Dejamos reducir unos segundos, añadimos el pescado, los guisantes (si son congelados los coceremos unos 5 minutos antes de añadirlos al guiso), y cubrimos con el caldo que habremos colado previamente.

-A fuego bajo dejamos que se guise todo junto unos 10 minutos hasta que comprobemos que pescado y marisco están en su punto y la salsa queda espesa, y si espesa demasiado vamos añadiendo agua de la cocción, pero de poco en poco para no pasarnos y que nos quede una salsa líquida. Rectificamos de sal.

-Servimos caliente  y con bastante pan (os hará falta).

“Mentir y comer pescado, requieren mucho cuidado”

REFRANERO POPULAR

TIRAMISÚ “MAMI ANA”

Lo prometido es deuda, y hoy os voy a dar la receta del tiramisú “mami Ana”, que preparé el otro día para celebrar el cumpleaños de mi vecino y amigo, aunque realmente hoy es su cumpleaños, así que desde aquí aprovecho para desearle un feliz día.

 Me imagino que ahora estaréis pensando, ¿a qué viene ese nombre?

Lo primero dejar claro que esta receta no es del verdadero tiramisú, aunque pueda parecerlo en apariencia, y comparte con el original alguno de sus ingredientes principales. A partir de ahí, todo parecido con la realidad es pura coincidencia.

Vamos  al nombre. Para resumir, que no es plan de aburriros con mis historias. Mi familia y yo pertenecemos a una asociación de recreación histórica llamada Caballeros de Ulver, y en los eventos suelo ir cargada con un montón de comida para mi gente, y unido a eso varias razones en las que no voy a entrar ya que no es de índole culinaria, me empezaron a llamar “mami Ana”.

Y este postre se convirtió en el postre estrella. Y claro, una cosa llevó a otra hasta que acabó bautizado como “tiramisú mami Ana”.

Tengo que decir que no es solo el postre favorito de mi familia recreadora, sino de todas las personas que lo prueban, ya sea en mi casa o cuando llevo esta tarta como presente si voy de invitada. Creo que es el único postre que preparo que tiene “quorum”, a todos les gusta.

Además puede que sea uno de los postres más sencillos de preparar, más rápido, que te soluciona cualquier evento en menos de media hora. Aquí lo importante es saber cogerle el truco a la crema para que quede suave pero con sabor, lo demás es cuestión de colocar galletas en una fuente.

Son de esas preparaciones que haces a ojo, así que he intentado calcular cantidades para que la preparéis en vuestra casa (lo vais a hacer y os gustará tanto que los prepararéis tantas veces que terminaréis como yo, que lo preparo casi con los ojos cerrados). Luego podéis versionar esta tarta al gusto, cambiando la galleta por bizcochos de soletilla, pero yo probé un día a hacerlo así y la opinión unánime fue : con galletas.

También podéis mojar las galletas en café solo, si os gusta más fuerte, o añadirle un toque de licor si os apetece. Pero esta es la combinación que yo preparo y es la que me piden siempre.

Vamos allá.

INGREDIENTES

-1 litro de nata para montar bien fría

-500 g de mascarpone

-Galletas cuadradas

-Café soluble bien tamizado (para esta cantidad yo le añado 4 cucharadas soperas)

-Azúcar

-2 tazas de café recién hecho

-Leche

-Cacao en polvo

PREPARACIÓN

-Comenzamos preparando la crema. Podéis usar la batidora de mano con el accesorio de montar o como yo, que lo preparo en mi robot de cocina con el accesorio batidor.

-Ponemos en el cuenco donde vamos a batir la nata bien fría y comenzamos a montar, siempre a velocidad alta para que coja cuerpo, y añadimos el azúcar (no os pongo cantidad porque aquí entra el gusto de que sea más dulce o menos dulce). Empezar con unos 150 g e ir añadiendo una vez que añadimos el queso y el café soluble si os parece que necesita más dulzor.

Cuando la nata empieza a coger cuerpo añadimos el queso mascarpone y seguimos batiendo, y una vez integrado añadimos el café soluble bien tamizado para que no queden los grumos, ya que al morderlos deja un regusto desagradable, y seguimos batiendo. En esta parte también las cantidades como con el azúcar, si os gusta más fuerte y con más gusto a café, añadir algo más, si preferís que el sabor a café sea más sutil y el protagonista sea el mascarpone, quitar una cucharada. Mi recomendación es que vayáis echando las cucharadas poco a poco y comprobando el sabor.

– Aquí es, cuando esté todo integrado, comprobamos si queremos añadir más azúcar para darle un dulzor extra. Batimos hasta que la consistencia de la mezcla esté bien firme.

-En un bol mezclamos el café con la leche, aquí lo mismo, mezclar en proporción según el gusto a café que queráis darle al postre. Yo lo preparo claro porque queda más sutil y además la comen niños. Os recomiendo añadir una cucharada de azúcar y remover bien para que el sabor no sea tan amargo.

-En una bandeja cuadrada, vamos mojando las galletas en el café con leche hasta cubrir la base. Ponemos una generosa capa de crema, extendemos bien hasta dejarla lisa, y ponemos el cacao en un colador fino y espolvoreamos por encima de la crema una capa de cacao. Otra capa de galletas mojadas en el café, otra de crema, espolvoreamos con cacao, y por último colocamos otra capa de galletas, cubrimos con una capa fina de crema, y ponemos el resto de la crema en una manga pastelera con boquilla rizada y decoramos toda la tarta con rosetones de crema, y terminamos espolvoreando por encima con cacao.

-Los rosetones son optativos, para darle el toque final a la tarta y que quede mejor presentada. Si no os queréis complicar simplemente ponéis otra capa de crema generosa bien extendida y luego espolvoreáis con cacao.

-Puede que no sea la tarta más vistosa que podáis preparar, pero os digo que será un éxito seguro.

Los postres son el cuento de hadas de la cocina, un final feliz luego de la cena” 

TERRI GUILLEMETS (escritora)